Gloria Francisca, de 53 años, fue asesinada por su hijo, con el que aparece en la fotografía - ABC / Vídeo: Uno de los casos más escalofriantes: un joven de 17 años mata a su madre y después se va al instituto

«Cada vez más menores mandan a su madre al hospital»

Crecen las agresiones sexuales y los ataques a los padres entre los  menores delincuentes

MadridActualizado:

Gloria Francisca, de 53 años, fue asesinada hace dos semanas. Su cadáver apareció en el garaje de su casa de Palma de Mallorca en un arcón, envuelto en plásticos. Su hijo de 16 años, con el que vivía, había desaparecido. El martes, él y su novia de 17 fueron arrestados por la Policía en Bélgica. La víctima le había quitado la tarjeta del móvil a su hijo y este quería irse de la isla desde hace un tiempo, según algunos testigos. El año pasado menores de 18 años cometieron 52 homicidios/asesinatos, el mayor número de los últimos seis años. Es uno de los delitos que han aumentado en esta jurisdicción especial, según los datos de la Memoria de la Fiscalía General del Estado de 2018.

Pero la preocupación tiene otros focos en el día a día. Las agresiones sexuales y los abusos también han crecido de forma significativa: 1.833 infracciones entre unos y otros frente a los 1.386 casos de 2017. En varias de las llamadas «manadas» conocidas en los últimos meses aparecen menores. «Las redes sociales tienen mucho que ver. Se intercambian vídeos de sus novias desnudas y hay una relación con el sexo muy mediatizada. Tuve a una niña de 15 años que había mandado un vídeo sexual a un desconocido la primera vez que chatearon. «Lo hacemos todas, me dijo», explica a ABC el juez José Antonio Vázquez Taín.

Conexión

La Fiscalía destacó el año pasado la conexión entre la vía informática y otros delitos, entre ellos los sexuales y el acoso escolar. «Los actos de acoso tienen lugar como consecuencia de un mal uso de las TIC». Hablaba de la red Instagram y su «desviada utilización» por parte de los menores que les llevaba a alterar perfiles, subir fotos y vídeos no consentidos o enviar mensajes con contenido sexual y degradante. Y advertían los fiscales de la responsabilidad de los padres, que no tenían control alguno sobre los dispositivos electrónicos de sus hijos. Tanto que algunos deciden medidas de libertad vigilada a cambio de reglas para controlar ese uso de las tecnologías.

«Tenemos casos de niños que consumen porno a los nueve años y preadolescentes que distribuyen vídeos sexuales de alguna amiga en sus grupos de chat», cuenta una policía acostumbrada a lidiar con estos asuntos.

Uno de los factores que la Fiscalía señalaba para explicar el «espectacular» aumento de los abusos sexuales en 2017 era la reforma del Código Penal de 2015 que elevó de trece a dieciséis años la edad de consentimiento en las relaciones sexuales. Pero de eso hace ya tres años. La abogada y profesora de Derecho Penal de la Universidad de Castilla La Mancha, Pilar Marcos, asegura que a raíz del caso de «la Manada» de Pamplona la cifra negra que no se denunciaba ha salido a la luz. «Se denuncian abusos que antes se ocultaban y hay menos permisividad hacia determinadas situaciones», dice.

Una cuestión son los datos estadísticos y otra la percepción y el conocimiento de quienes trabajan con jóvenes infractores y con víctimas. «Hemos asistido a un contagio de conductas de chicos extranjeros, a una imitación de comportamientos machistas muy normalizados en los últimos 15 años; ese concepto de mujer florero que busca gustar se ha extendido entre algunos y que aguanta insultos y vejaciones», cuenta la citada policía.

«No hay indicadores que permitan aventurar, a corto plazo, una solución al problema de la violencia filio parental (...) un mal endémico de la sociedad, consecuencia de una crisis profunda de las pautas educativas y de los roles paterno filiales». La reflexión aparece en la Memoria de la Fiscalía General del Estado de 2017 y casi con seguridad se repetirá en la del año pasado.

El inspector jefe Andrés Salagre es el policía más veterano de España que trabaja con delincuentes juveniles. Lleva desde 1990 en el Grume (Grupo de Menores) de la Jefatura de Policía de Madrid, desde 2001 al frente del mismo; una vida. «En la última década es el delito que se ha disparado: la violencia de los hijos a los padres. En 2007-2008 del total de menores detenidos, los hijos maltratadores representaban el 2 o el 3 por ciento. El año pasado estuvimos por encima del 15 por ciento. Hay meses que tenemos una o dos denuncias diarias con detención, es decir, que son casos graves».

El veterano policía asegura que no hay un prototipo de hijo adolescente maltratador. «Antes casi todo eran familias desestructuradas con problemas de drogadicción o alcohol, sin figura paterna... Hoy tenemos casos en cualquier clase social, chavales que lo tienen todo pero a los que no se ha puesto límites», concluye Salagre.

Otra oportunidad

Casi siempre es la madre la que lo sufre y cuando denuncia es porque la situación es insostenible. Con frecuencia, ante el fiscal de menores el hijo llora y parece arrepentirse para ablandar a su progenitora que decide darle otra oportunidad. Salagre asegura que los chavales son más recuperables cuanto menores sean. «El porcentaje de recuperación es altísimo», dice, pero aporta datos atroces: «Detenemos a chicos que mandan a su madre al hospital y tenemos agresores con solo 11 años a los que ya sus padres no pueden controlar. Te llega la madre llorando, pidiéndote que la ayudes. La solución a esa edad es sacarlo del entorno y mandarlo a un centro de protección de primera acogida».

El juez Vázquez Taín insiste en que la mayoría de víctimas de la violencia paternofilial no denuncia. «Nos llegan casos de vecinos que son los que alertan de que el hijo pega a la madre». «Esto no ocurre de un día para otro -explica el inspector jefe Salagre-. Empiezan por desobedecer a una edad muy temprana, luego cuestionan las decisiones y discuten todo; si no se corta el siguiente paso son los insultos y romper los enseres de la casa y de ahí termina con los zarandeos o mandando a la madre al hospital. Son tiranos entre las paredes de la casa».

Su diagnóstico es descorazonador: «No se ha tocado techo en la violencia parental. Según algunos estudios, solo se conocen uno de cada seis casos». La solución a los hijos maltratadores, en aumento no se antoja fácil: excede el ámbito penal y socialmente, concluyen los expertos, no hay una perspectiva positiva. Es el infierno cuando se cierra la puerta. Y a veces acaba en muerte, cuando el «emperador» lo decide: es el caso de Gloria Francisca.