«El bolsillo te hunde las encuestas»

Aguantar el tipo con un Gobierno deslavazado, y con un partido en el que ya han emergido dudas, nervios y la eterna fractura interna que nunca cicatriza, no es sinónimo de «sumar»… y Sánchez ha dejado de sumar

Manuel Marín
MadridActualizado:

Las encuestas internas y las extrapolaciones de distintos estudios demoscópicos que maneja el PSOE con una «cocina» realista aún no resultan alarmantes en su dirección. Es cierto que no alcanzan el maquillado 30 por ciento de los votos que le atribuye en CIS en el hipotético caso de que hoy se celebraran elecciones. Si realmente fuera así, y teniendo en consideración el desgaste progresivo que genera cualquier acción de gobierno –y la de Pedro Sánchez no es ninguna excepción-, el presidente del Gobierno se vería tentado de disolver las Cortes y convocar comicios. Pero no será así de momento porque de puertas adentro nada cuadra en el PSOE.

La ideología justifica los errores

En cualquier caso, esos sondeos demuestran el fin del «efecto moción de censura» y la percepción de un Gobierno ilusionante en la izquierda. El desgaste de materiales cala de modo fehaciente en la opinión pública, pero en menor medida de lo esperado en el electorado de la izquierda. Existe en el PSOE una tendencia a la baja y un deterioro progresivo en la intención de voto, pero inferior a la que cabría deducir de un Ejecutivo inmerso en una desconcertante gestión, rehén de continuas contradicciones e incoherencias, y preso de una estética desvirtuada por la cruda realidad: ministros que dimiten y ocultan su patrimonio, Ministerios que se contraprograman, descontrol interno, o la «fake-tesis» del propio presidente… De hecho, en el PSOE está causando cierta sorpresa su capacidad para mantener el pulso tras las pésimas semanas vividas por Sánchez.

En el PSOE lo atribuyen a dos factores: el primer análisis se basa en la percepción de que, pese a que el votante de izquierdas pueda sentirse hoy defraudado por Sánchez y decepcionado por un Gobierno «más feo» que «bonito», es preferible a cualquier otro Gobierno de centro-derecha. De momento, el factor ideológico justifica los evidentes errores de gestión y actúa como colchón para el PSOE. El segundo análisis sostiene que el escoramiento de Pablo Casado hacia una derecha de perfil más conservador y contundente –para distanciarse del PP de Mariano Rajoy-, o de Ciudadanos –para seguir utilizando Cataluña como resorte para captar votos en toda España- beneficia por ahora a Sánchez, por muchas equivocaciones que cometa. No es inmune a sus errores, pero resiste. A eso se une, la estrategia puesta en marcha por el propio PSOE para que Vox adquiera visibilidad pública y actúe como vector divisor de un votante de derecha emergente, incluso juvenil, asimilable a otras derechas radicalizadas europeas en boga, que permita restar escaños al PP en los recovecos de la ley D´Hondt.

Caduca el «efecto chistera»

Sin embargo, aguantar el tipo con un Gobierno deslavazado, y con un partido en el que ya han emergido dudas, nervios y la eterna fractura interna que nunca cicatriza, no es sinónimo de «sumar»… y Sánchez ha dejado de sumar. Los sondeos marcan tendencias, y la que hasta ahora había sido ascendente para el PSOE desde el mes de junio, se ha estabilizado, iniciando el descenso de una curva electoral que no necesariamente emigra hacia Ciudadanos, sino hacia una «abstención crítica». En Ferraz ya preocupa porque el «efecto chistera» ha caducado en Sánchez, y porque dirigentes como Susana Díaz actúan por libre y cortar la cinta del maratón electoral de 2019 en Andalucía no es precisamente lo que más conviene a Pedro Sánchez. No en vano, toda su estrategia de supervivencia en el poder hasta 2020 se va a ver necesariamente desvirtuada y condicionada por lo que ocurra en Andalucía.

La propaganda ya es inocua

Pero sobre todo, y pese a los escándalos que están afectando al Gobierno, el análisis interno que más preocupación causa en sectores del PSOE es la desaceleración y ralentización de la economía, maquillada anteayer por la ministra de Economía, Nadia Calviño, como una simple «moderación paulatina» del crecimiento. El discurso oficial ha dejado de resultar convincente, y la errática política en materia de pensiones y su vinculación al IPC, las discrepancias soterradas entre su Ministerio y el de Trabajo, las condiciones impuestas por Podemos para unos presupuestos abocados encallar, la preocupante tendencia del desempleo, la desorientación de inversores por la incertidumbre política, o las advertencias del FMI, no responden a claves macroeconómicas indescifrables para el ciudadano, sino a evidencias que empiezan a afectar al bolsillo.

«Es materia sensible donde la propaganda es inocua», reconocen desde el PSOE, donde recuerdan escarmentados el demoledor fracaso en las elecciones de 2011, derivado de la incapacidad de José Luis Rodríguez Zapatero para atajar la crisis económica y la sombra de la intervención drástica de nuestra economía. «El bolsillo te hunde unas encuestas… siempre pesa más sobre el elector que cualquier escándalo político o mediático, y aunque aún estemos lejos de la tormenta perfecta, ya hay nubarrones», admiten.

La «chaqueta» de presidente

Sánchez aún se ve sólido pese a las crecientes –y divisoras- presiones internas para que convoque elecciones. Cree que a Pablo Casado le falta tiempo aún para «ponerse la chaqueta» que le permita pasar de ser «candidato» a ser «presidenciable» –el matiz es relevante-, y percibe a Albert Rivera como un aspirante «sobreactuado y con prisas». No obstante, ha optado por desoír con cierta indolencia a quienes intuyen que el desgaste del PSOE nunca tiende a ser remontable, y que la previsión de que PP y Ciudadanos sumen más que PSOE y Podemos empieza a ser un pronóstico perfectamente realista según avanzan los meses.

Manuel MarínManuel MarínAdjunto al DirectorManuel Marín