La renta per cápita disponible en China alcanzó en 2016 los 23.821 yuanes (3.247 euros)
La renta per cápita disponible en China alcanzó en 2016 los 23.821 yuanes (3.247 euros) - REUTERS

China creció un 6,7% en 2016 en pleno escándalo por maquillaje contable

El PIB estabiliza su ralentización a su ritmo más bajo desde 1989 mientras la provincia de Liaoning reconoce que falseó sus cuentas

PABLO M.DÍEZ
CORRESPONSAL EN PEKÍNActualizado:

Arrastrada por el cambio de modelo y las turbulencias globales, la economía china creció el año pasado un 6,7%, la cifra más baja de los últimos 26 años. El autoritario régimen de Pekín consigue así estabilizar la ralentización de su economía, que registró subidas de dos dígitos durante las dos últimas décadas y empezó a decaer a partir de 2011.

Con el segundo Producto Interior Bruto (PIB) del mundo, que ascendió a 74,4 billones de yuanes (10,1 billones de euros), la economía china ha evitado una caída incluso mayor con respecto al año pasado, cuando se elevó solo dos décimas más, un 6,9%. Para ello, ha resultado decisivo el sector de la construcción, que ha vuelto a remontar el vuelo gracias al auge de los créditos bancarios pero ha inflado aún más la gigantesca burbuja inmobiliaria que sufren las grandes ciudades. A tenor de los datos difundidos por el Buró Nacional de Estadísticas, la inversión en activos fijos creció un 8,1% y las ventas al por menor un 10,4%.

Pero estas cifras han sido puestas en duda después de que la provincia de Liaoning, al nordeste del país, reconociera esta semana que había maquillado sus cuentas entre 2011 y 2014. Dicha confesión siembre dudas sobre el resto de gobiernos locales de China, donde se sospecha que los funcionarios “cocinan” sus libros de contabilidad buscando promocionarse ante el poder central. De todas maneras, estas suspicacias no son nuevas. Desde hace años, se cree que las provincias chinas adaptan sus datos de crecimiento a los objetivos por el Gobierno central durante la reunión en marzo de la Asamblea Nacional Popular, el Parlamento orgánico del autoritario régimen de Pekín. Para algunos expertos, el crecimiento real de China no llegaría ni siquiera al 5%.

A pesar de estas sospechas, el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha mejorado su previsión de crecimiento para este año en China, que ha pasado del 6,2% contemplado en un primer momento al 6,5% anunciado el lunes en su último informe global.

Otra de las dudas que rodean a la economía del gigante asiático radica en el verdadero impacto de la inversión estatal. Entre enero y septiembre, el gasto público aumentó un 12,5% con respecto al mismo periodo de 2015, lo que disparó un 21,1% la inversión estatal en activos fijos, muy por encima del 2,5% que registraron las empresas privadas. Con una política monetaria más relajada, el crédito ha vuelto a fluir desde los bancos chinos y el régimen ha inyectado miles de millones en el mercado para dinamizar la economía. El problema es que ha aumentado espectacularmente tanto la deuda pública como privada, que ya suman el 260% del PIB, una de las proporciones más altas del mundo.

Oficialmente, la tasa de paro se sigue situando en torno al 5,2%, pero también podría ser superior por la precariedad que caracteriza al empleo en China, donde no existen las garantías y derechos laborales que protegen a los empleados en las avanzadas naciones de Occidente.

La economía china se encuentra en pleno proceso de cambio de su modelo de crecimiento. El objetivo es depender menos de las exportaciones, la inversión extranjera y el gasto público en infraestructuras para que el verdadero motor económico sea el consumo privado. Con un programa de reformas que no avanza con la necesaria celeridad, el plan del régimen es crecer entre un 6,5 y un 7% hasta 2020 para seguir mejorando el nivel de vida en China.