Roland GarrosAsí es Nicola Kuhn, sucampeón júnior de Roland Garros

El español, de madre rusa y padre alemán, trabaja en Torrevieja y tiene los ingredientes necesarios para ser un tenista importante en el futuro

PARÍSActualizado:

Nicola Kuhn tiene 17 años, pero habla como si llevara toda la vida atendiendo a la prensa. Es rubio, rubísimo, y de ojos azules, resultado de la mezcla de tener un padre alemán y una madre rusa. Él nació por accidente en Innsbruck, Austria, pero a los tres meses ya estaba en Torrevieja, en donde trabaja para ser alguien en el mundo del tenis. De momento, va bien, pues este sábado ha luchado por el título de Roland Garros júnior, derrotado en la final por el australiano Alexei Popyrin por 7-6 (5) y 6-3. Se consuela, eso sí con el título en dobles formando pareja con el húngaro Zsombor Piros.

Como todo es nuevo para los medios, Kuhn se presenta. «Nací en Austria y a los tres meses me vine a vivir a España. Mi padre tenía una casa en Torrevieja, donde solía ir con sus amigos. Era una zona de camping y decidieron construir casas y, como eran baratas, se compró una casa de veraneo. A los tres meses de nacer me instalé ahí». Y lo dice tan pancho, sin inmutarse ante los periodistas que quieren saber de él.

Es una mezcla peculiar. Su padre hace montajes en ferias y exposiciones y su madre trabaja en casa, almas viajeras que se encontraban en Austria cuando tuvieron a Nicola. De ese combo salió un español que parece de todo menos eso, al menos de primeras. ¿Qué tiene de ruso y de alemán? «El pelo, los ojos y poco más. Al final algo de alemán y ruso tendré, pero el "vamos" es español, eso seguro», bromea. «Pienso en muchos idiomas, pero siempre tiro más al español que al alemán o al ruso. Hablo también inglés, entiendo muchos más y estoy en proceso de aprendizaje con el francés porque mi fisioterapeuta es de Francia».

Kuhn, que ahora es el 530 del mundo, tiene fundamentos de sobra para llegar, pero queda ahora lo más importante, que es dar el salto sin saltarse las etapas. Estuvo en la academia de Juan Carlos Ferrero y hace un par o tres de meses que optó por regresar a Torrevieja para trabajar con su entrenador de toda la vida, el argentino Pedro Caprotta.

«Lo tuve de los 5 a los 12 años. Luego estuve en la academia de Ferrero y ahí me aportaron valores, trabajo, el esfuerzo del día a día, el tenis. Gracias a ellos también soy quien soy ahora, pero decidí irme porque necesitaba irme, necesitaba un cambio y veía que no podía mejorar ahí. Me fui hace dos o tres meses. Ahora tengo nuevo equipo en Torrevieja. La cosa surgió de repente».

Kuhn lo cuenta con naturalidad, ahora también en manos de un fisioterapeuta para cuidar un poco más el cuerpo en esta fase de formación. «Él trabajaba con boxeadores de Francia, y quiso tratarme. Cuando salí de la academia estaba bastante tocado de salud. Entrenaba mucho y, con una edad tan joven, uno tiende a cascarse más. Jugar con dolor y sufriendo no es el mejor plan para un chico de 17 ó 18 años. Si estás así, a los 25 vas a ser un inválido, así que te lo has de tomar más con calma, quitar más horas de entreno y meter intensidad. Fue una de las razones por las que dejé la academia. Muy poco descanso, no era bueno para nada», explica.

Con tantas banderas a las que optar, Kuhn llegó a jugar por Alemania, y él mismo analiza esa situación y el convenio que firmó, al igual que Paula Badosa (podía jugar con Estados Unidos) con la Liga de Fútbol Profesional. «La Federación nunca me llamó y no me ha ayudado con el tema del pasaporte ni nada. Conseguimos el trato con LaLiga y fue el motivo por el que empecé a jugar por España, el país en el que he vivido toda la vida. Jugar fuera es difícil. He jugado por otro país, y es experiencia que se acumula para la Davis o para lo que venga».

Sin tiempo para nada en París, Kuhn se limita a ir de las pistas al hotel, esta vez más cerca de las instalaciones que el año pasado. Está en Roland Garros, el torneo más prestigioso de la tierra, pero él es consciente de la realidad. «Yo no le doy mucha importancia a los júniors, y por eso tuve varios conflictos con mi profesor de la academia. Veíamos las cosas muy diferentes. Ganar un júnior es algo importante, pero nada decisivo. Puedes ganar Roland Garros y luego no eres nadie. Carlos Cuadrado ganó aquí, perdiendo dos o tres juegos en todo el torneo, y un año después se retiró. Yo estaba dudando de si venir o no, pero tenía la motivación de ganarlo ya que me quedé a las puertas de la final el año pasado. Así que, aprovechando que estaba haciéndolo bien en tierra, apostamos por venir y por ir luego a Wimbledon. Pero el US Open no lo jugaré. Le doy más prioridad a los Futures y a los ATP. Cuanto antes des el salto, mejor».

Nada cambia después de la final, pues triunfar en un grande de estas características no es garantía de nada. «Albert Ramos me dijo una cosa muy cierta: este torneo no te va a cambiar la vida. Ni vas a ser el mejor por ganarlo ni te vas a hundir por perder en la ronda que sea. Me dijo que llegó a octavos de pequeño y ahora está 20 ó 25 del mundo. Otros que ganaron, no ha llegado. Yo estoy de camino, espero llegar. Tenemos mucho margen de mejora».

Para los que quieran saber más de Nicola Kuhn, él mismo facilita el trabajo definiendo su estilo de juego. «Soy bastante sólido de fondo. Tengo grandes tiros en bolas importantes. Me gusta jugar un poquito más atrás porque en júnior ya se sabe que todo el mundo falla como una escopeta de feria, por lo que intento aprovechar para ganar más puntos gratis. Intento aprovechar mis golpes naturales. Hay que mejorar muchas cosas, sobre todo la derecha, que es lo que más me está fallando. Como modelo de jugador tengo a Djokovic, pero es difícil. Intento hacer mi juego y poco más». Le gusta jugar en hierba y las pistas rápidas, pero ahora le va cogiendo el punto a la tierra. En París da buena muestra de ello.

Se describe como un chico con don de gente, y es obvio que lo tiene, y desvela sus gustos personales. «De pequeño fui campeón de España en karting. Soy un fanático de los coches, aunque no me puedo sacar el carnet hasta los 18. Intento tener cuidado, pero no prometo nada», bromea. «Me gusta jugar un poquito al golf y, al ser de Torrevieja también me gusta pescar, es algo que se me da bien. Si alguien quiere, yo encantado».

Como Rafael Nadal, que también pesca. «Si me invita a dar una vuelta con su yate, tampoco le digo que no», suelta tras una carcajada. Le tiene como referencia, pero aún no ha tratado con él. «Conocí a Toni en Madrid, después de que yo ganara en la previa a Basilashvili. Pero a Rafa no le conozco, aunque sí que me gustaría conocerlo». Y así se despide Nicola Kuhn, al que habrá que tener en cuenta.