Rafael Nadal, durante su partido con Schwartzman
Rafael Nadal, durante su partido con Schwartzman - Efe

US OpenNadal se mete en semifinales con luces y sombras

Se impuso en tres sets a Schwartzman en un partido más extraño que cómodo

Final US Open: Nadal - Medvedev en directo

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Llegará un día en el que Diego ‘el Peque’ Schwartzman se haga enorme en un ‘grande’. No será en este Abierto de Nueva York, donde este miércoles su amigo Rafael Nadal volvió a cortarle el paso en cuartos de final, lo más lejos que ha llegado el argentino en los grandes escenario del tenis (6-4, 7-5 y 6-2).

Nadal se impuso en tres sets, pero el partido fue más extraño que cómodo. El español hizo cosas raras, a las que no acostumbra. La más importante de ellas, la intermitencia. Es un jugador que apabulla y desespera por estar siempre enchufado y contra el argentino pareció desconectarse en varios momentos de forma sorprendente.

Arrancó el partido como un vendaval. No tanto de juego, sino de solidez. Sacó bien y aprovechó las dudas de Schwartzman para endosarle cuatro juegos seguidos. Cuando el partido apuntaba a vapuleo, Nadal se relajó. Con saque para 5-0, acumuló errores y entregó el servicio con una derecha fácil que se fue fuera.

El regalo espoleó a la hinchada argentina -sonaron los gritos de ‘ole, ole, ole, Diego, Diego’ que en fútbol estaban reservados a Maradona- y al propio Schwartzman, que recibió a Nadal en el regreso a la pista con un derechazo contundente que prometía pelea.

La ofreció el argentino, 21 del mundo, que corría todas las bolas, restaba de maravilla y se imponía en los peloteos. Pero también tuvo la colaboración del balear, que parecía perdido y desconcertó con errores extraños: alguna caña, un resto que se le marcha a la silla del árbitro -y que el juez agarró en el aire, para deleite del público-, un smash erróneo… Así perdió Nadal toda la ventaja hasta quedarse 4-4.

El siguiente juego fue la clave. Cuando Schwartzman iba directo a romper el saque de Nadal por tercera vez consecutiva, con 15-40, le tembló el pulso. El argentino demostró que le falta experiencia y asomaron los nervios. Perdió la ventaja y en uno de los pocos juegos apasionantes dentro de un partido soso, Nadal conservó el saque. En el siguiente juego, Schwartzman, quizá pensando en la oportunidad perdida, entregó el set en un error no forzado.

El segundo set fue un calco del primero. El español se colocó 5-1 para, justo después, permitir que Schwartzman le recuperara hasta el 5-5. Parecía tener que estar en el alambre, en un partido que podría haber sido más sencillo. Permitió un puntazo del argentino por devolver una pelota que se iba fuera y la vista le mintió en el ojo de halcón: no suele fallar, y este miércoles no daba una. Pero Schwartzman volvió a las dudas y Nadal lo aprovechó con un par de latigazos: un saque directo para cerrar su saque y un error de derecha derecha -su fuerte- horrorosa de Schwartzman, en una pelota fácil a media pista.

La tercera manga ya no tuvo historia, a pesar de que el español tuvo que ser tratado en el cambio de set por calambres en su antebrazo izquierdo. Schwartzman, con muchas oportunidades perdidas en la mochila, acabó por entregar la cuchara en un final plácido para el español.

Calambres en la mano y el codo

Tras el partido, Nadal explicó esas dificultades físicas, que vinieron desde antes del partido, con problemas en el estómago. «Estaba deshidratado», reconoció el número dos del mundo en rueda de prensa. «Han empezado los calambres en la mano, el dedo no se doblaba. Y después en el codo, en el flexor». Tampoco ayudó una noche pesada en Nueva York, de humedad tropical. «Se me hacía complicado mantener los puntos largos», dijo Nadal, que también admitió errores que van más allá de lo físico: «Mi gran fallo fue el segundo set» dijo antes de añadir que perdió «ventajas que mentalmente son complicadas».

Con todo, la gran victoria para él es que se recompuso y acabó con una victoria en tres sets. «Había que ganar de la manera que fuera, y se ha ganado», celebró. «Hay días que uno se tiene que poner el mono de trabajo y aceptar las situaciones, no era un día para no aceptar todo. Tuve mentalidad positiva para lo que ocurriese, a nivel mental no he fallado».

Fue un partido en un partido de luces y sombras para Nadal, que parece que en Nueva York no encuentra la tensión competitiva para dar lo mejor de sí mismo. Si es por falta de rivales con nombre, no cambiará la dinámica en semifinales, donde se encontrará con la gran sorpresa del torneo, el italiano Matteo Berrettini, que está a las puertas de la final en su segunda participación en el ‘grande’ de Nueva York.

Nadal defendió que será un rival complicado. «Son semifinales de un ‘grande’. No puedes esperar un rival ni un partido cómodos. Tiene muy buen saque, una gran derecha, se mueve bien y está con confianza», dijo del italiano, de 23 años. Será su penúltimo escollo para un sueño que hoy está un poco más cerca: su 19º ‘grande’, a solo uno de Roger Federer, eliminado en la víspera.