Nadal conquista Río de Janeiro
Rafael Nadal, campeón en Río de Janeiro - afp
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Nadal conquista Río de Janeiro

Supera a Dolgopolov por 6-3 y 7-6 (3) y gana por primera vez en el escenario que albergará los Juegos de 2016, su gran objetivo

enrique yunta
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A los pies del imponente Cristo Redentor, Rafael Nadal se estiraba en la tierra de Río de Janeiro después de ganar a Alexandr Dolgopolov por 6-3 y 7-6 (3), otra plaza conquistadaen su glorioso camino hacia la eternidad. Se cuentan sus títulos como si nada, la inercia de cada domingo de competición porque siempre se le espera en el día decisivo, pero las estadísticas siguen engordando y no se atisba el límite de semejante locura. [Así lo hemos contado]

Con su mordisco en Brasil, netamente superior a Dolgopolov en una final desigual desde el inicio, Nadal ya ha alcanzado a Guillermo Vilas y se coloca como el séptimo tenista con más títulos en la historia de la ATP. Son 62 y 43 en arcilla, una barbaridad para el rey de la tierra, arrebatador en una superficie donde nadie es capaz de cuestionarle. Nadie es nadie, ni siquiera el mejor Novak Djokovic.

Le discutió el sábado Pablo Andújar en una semifinal volcánica, memorable la batalla en donde todo quedo expuesto a un tie break interminable. Fueron quince minutos dramáticos e incluso el balear salvó dos bolas de partido antes de alzar los brazos, el mejor en situaciones críticas.

Hizo menos puntos que Andújar, a quien le queda el consuelo del reconocimiento mientras se sigue preguntando qué le faltó después de un encuentro impecable por su parte, pero eso es Nadal, una garantía de éxito. En realidad, esa victoria suponía medio título y la festejó como tal, de ahí que se recuerde ese instante.

Triunfo limpio

A vueltas con la espalda durante toda la semana, un mal que le persigue desde la final de Australia y que, agravada por un virus estomacal, le impidió acudir a Buenos Aires, Nadal rellenó el formulario carioca sin tachones, impoluto trabajo para desactivar el talento de su enemigo.

Dolgopolov es un tenista agradecido para la vista, capaz de empeorar en un periquete el golpe más precioso e inverosímil, muy peligroso cuando el viento sopla a su favor. En cuartos despachó a Fabio Fognini con facilidad y también minimizó a David Ferrer en semifinales, victorias de nivel para advertir al personal. A Nadal, sin embargo, no le impresionó en absoluto porque nada le asusta.

De la forma más expeditiva, el líder de la ATP se apuntó la primera manga, 38 minutos de manual en donde protegió su servicio salvando tres bolas de break y aprovechó la única opción de rotura que tuvo a su favor. Le bastó un break y un golpe ganador, tenaz a la hora de mover a un oponente penalizado por sus fallos. Dolgopolov conectó trece ganadores, pero sirven de poco si lo iguala con los mismos errores no forzados. La regularidad no tiene precio en el mundo del tenis y por eso Nadal gana casi siempre.

Se consumió el duelo sin gracia, un pulso desbravado y más a partir de ese primer parcial. Dolgopolov, sentido en su homenaje al pueblo ucraniano con un crespón negro en su uniforme, mantuvo esa línea desigual en sus golpes, anárquico y sin patrón aparente ya que enlaza dejadas con ataques exagerados.

El ahora 54 del mundo (llegó a ser 13 en 2012) quiso ser agresivo en un intento a la desesperada por subirse al tren de la final y le complicó el desenlace al campeón, que se enredó con 5-4 cuando servía para el campeonato y tuvo que resolver en el tie break.

Era en Río de Janeiro, ciudad que Nadal ha conocido estos días a conciencia, un turista más haciéndose fotos en el Cristo de Corcovado, Maracaná o Copacabana. La recomienda en sus redes sociales y coge sitio pensando en el futuro, obsesionado con una fecha que marca el devenir de su carrera.

En el mismo escenario, dentro de dos años, se celebran los Juegos Olímpicos y ningún tenista ha conseguido dos oros olímpicos, uno de los pocos retos que le faltan por cumplir al balear. Ya ha descubierto la zona y promete que volverá a por más. De momento, en 2014 ya suma dos títulos.