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El Real Madrid no hace regalos

Tras los casos de Ramos y Keylor, el club blanco manda un claro mensaje a los clubes que quieran fichar en la entidad merengue

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Cuando en 1943 Santiago Bernabéu se convirtió en presidente del Real Madrid, la entidad blanca definió una serie de señas de identidad que en pleno 2019 se mantienen todas intactas. O casi todas. Una de ellas, la de ser un club que compra caro y vende barato, pasó a mejor vida a principios de esta década gracias a Florentino Pérez, el presidente que ha modernizado el modelo de negocio del Real Madrid en este siglo XXI.

El mandatario blanco ha insistido en lo que ya hizo Santiago Bernabéu, comprar los mejores jugadores del mundo. A medio y largo plazo suele ser una inversión beneficiosa en lo deportivo y económico, pero a diferencia del histórico dirigente nacido en Almansa y del resto de sucesores en el cargo, Florentino ha dejado de regalar a los futbolistas que ya no cuentan para la primera plantilla, engordando la caja del Real Madrid con una partida hasta entonces insólita a la hora de aumentar los ingresos. La medida ha generado copiosos traspasos en los últimos años. Los 80 millones de euros que pagó el Chelsea por Morata en el verano de 2017 son el mejor ejemplo de cómo el club blanco se maneja ahora tan bien en el terreno de las ventas. Quién iba a pensar hace dos telediarios que un canterano podría ser la venta más cara de la historia del Real Madrid.

Ya en su primera etapa (2000-2006) como presidente, Florentino acumuló buenos traspasos. Anelka, fichado del Arsenal por 33 millones de euros, fue vendido por 35 al PSG. Redondo, que llegó del Tenerife en 1994 por 3 millones de euros (500 millones de pesetas), lo vendió Florentino en el año 2000 por 24 al Milán. Makelele, comprado al Celta por 16 millones de euros fue traspasado al Chelsea por 24 y Owen, adquirido al Liverpool por 12 kilos en 2004, fue vendido un año después al Newcastle por 24.

Tras su regreso en 2009, Florentino le ha dado otro impulso más a las ventas. En estos diez años, son varias las estrellas -y no tan estrellas- que se han quejado por la falta de minutos o lo que ellos consideraban una baja valoración salarial. El presidente les enseñó la puerta de salida, pero siempre con la obligación de dejar un cheque de generosos ceros. Di María, comprado por 30 al Benfica, cambio el Madrid el United a cambio de 75 millones. Ozil, adquirido por 24 al Werder Bremen, salió por 50 al Arsenal. Higuaín, de coste 7 millones, se marchó al Nápoles por 40. Jesé, canterano como Morata, dejó en las arcas del Madrid 25 kilos tras ser traspasado al PSG. Incluso Cristiano, a pesar del innegable daño deportivo que produjo su adiós, fue vendido más caro de lo que se compró nueve años antes al United. 100 millones pagó la Juventus, 10 más de lo que abonó el Madrid en 2009 por él.

Todos ellos son precedentes que han marcado el camino a seguir en el Madrid de hoy. Por eso Florentino se negó el pasado año a dejar salir gratis a Modric al Inter, y este año ha actuado igual con Ramos y su deseo de irse libre a China, ahora con Keylor y su petición de salir a coste cero al PSG, y así actuará con Bale cuando el galés se de cuenta que no tiene más remedio que marcharse. El Madrid, con las altas casi finiquitadas a la espera de Pogba, tiene ya como objetivo vender a los jugadores transferibles pero eso no quiere decir que vaya a regalarlos. En un mercado donde el colista de la Premier ingreso por televisión casi lo mismo que el club blanco, el Madrid no piensa ser un mercadillo de saldos. Y el club que así lo piense se irá como vino, de vacío.