Real Madrid

Bale, del ostracismo al reconocimiento

Defenestrado durante cuatro meses, perseguido mediáticamente, el galés quiere silenciar bocas y ganarse el respeto en el campo

Tomás González-Martín
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Se siente molesto por la imagen que se ha dado de él a lo largo del tiempo. Las fotos que se emitían de Gareth Bale le mostraban con guantes de golf y un «hierro 2», como si fuera un jubilado de oro en Pozuelo de Alarcón. El galés quería jugar, pero no le ponían en el once y le señalaban con las cosas que hacía en sus horas de asueto. Le descartaban para los partidos y también le perseguían en un «green». Una vigilancia mediática que no se realizaba a otros compañeros o rivales. Se sentía en la diana, el patito feo al que todos podían vapulear. Deseaba saltar al campo y demostrar que es un futbolista válido para el Real Madrid, como lo ha sido durante seis años, pero no tenía opción.

Ha soportado cuatro meses de ostracismo, desde que Zidane le descartó en las tres últimas jornadas de la Liga anterior. Su último encuentro lo había disputado en Vallecas. El entrenador le dijo en ese duro mes de mayo que no contaba con él para la próxima temporada. Fue puesto en el mercado.

El presidente, su mejor valedor. El británico agradece el apoyo de Florentino Pérez, quien considera que puede ser un jugador clave

Bale no hizo movimientos para marcharse. Si le hubiera dicho a Barnett, su apoderado, que le buscara equipo, hoy no estaría en el Real Madrid. Lo expuso con claridad. «Quiero quedarme en el Real Madrid». Ha pasado unos meses muy duros. Zinedine manifestó en Estados Unidos que «Gareth» tenía una oferta de China y cuanto antes se fuera mejor. Sonó muy crudo. Pero Bale no cambió el paso. Se mantuvo firme. «Me quedo». Ha sido un combate de esgrima, de posturas.

Tú si que vales

El presidente del club lo tenía muy claro: si un futbolista decide quedarse, tiene contrato en vigor y se queda. No pensaba malvenderle por unos pocos millones. Solo se iría si el jugador aceptara una propuesta con un dinero de traspaso.

Florentino Pérez fue el primero en analizar con visión de futuro la situación. Bale permanecería en la plantilla y había que cambiar la política. Zizou debía darle su justo valor en el equipo, porque es un jugador «top». Y jugadores «top» hay pocos. Cuando el dirigente aterrizó en Montreal para continuar la gira por Norteamérica con la expedición, su abrazo con el galés explicaba muchas cosas.

Quiso ser líder hace un año. Bale se sintió desalentado al ver que, tras irse Cristiano, no era valorado como el nuevo referente del equipo. Tampoco supo hablar y solicitarlo para conseguirlo

El máximo responsable del club ha sido el mejor valedor del británico en el seno del Real Madrid. El primero que cambió el chip. Piensa que Bale puede ser un jugador clave esta temporada.

Zidane también cambió su chip al admitir que «Gareth» sería profesional de su plantilla. No le convocó para jugar en Salzburgo el 7 de agosto, pero sí le llevó para medirse a la Roma el día 11 en el último partido de ensayo de la pretemporada. La situación se había revolucionado. El entrenador integró al galés y a James en las sesiones tácticas de entrenamiento , con ese nuevo sistema de defensa conjunta, total. Y el número once pasó de ser el último de la fila a convertirse en titular en Vigo.

A lo largo de este tortuoso camino sufrido desde el mes de mayo, con muchas horas para la reflexión, Bale ha dejado entrever la decepción que sintió hace un año cuando, tras el adiós de Cristiano, no se le consideró el nuevo referente del equipo. Quería que se jugara para explotar sus virtudes en ataque. No fue así. Tampoco demostró liderazgo para solicitar esa asunción de responsabilidades. Ahora tiene una nueva oportunidad. Desea silenciar bocas y ganarse el respeto. Es la gran ocasión. La última.