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Hortelano: «Mi casa de Toronto era España»

El campeón de Europa de 200 metros descubre en ABC su lado menos conocido: «Quiero ser médico y ayudar a la gente»

Bruno Hortelano posa para ABC en el CAR de Madrid
Bruno Hortelano posa para ABC en el CAR de Madrid - ISABEL PERMUY

Bruno Hortelano (Australia, 1991) entiende la vida toda velocidad. El hombre más rápido de España, reciente campeón de Europa de los 200 metros, ha pasado de ser un desconocido a que la gente le pare por la calle. Un éxito repentino que no ha cambiado su discurso pausado y racional de atleta moderno capaz de brillar en la pista y fuera de ella. Políglota, licenciado y con sueños más allá del atletismo, Hortelano hace una pausa para ABC en su camino hacia los Juegos de Río.

-¡Cómo le ha cambiado la vida en dos semanas!

-Sí, y lo más curioso de todo esto es que lo veía venir. Mi entrenador me lo decía y yo también tenía esa sensación de que las buenas marcas iban a llegar. Con el trabajo que llevo haciendo todos estos años sabía que este momento tenía que llegar. Lo que no me esperaba era la respuesta de la gente ni la medalla de oro, en ese sentido sí que me llevé una sorpresa.

-¿Le reconocen por la calle?

-Sí, es alucinante. He salido a cenar un par de veces con amigos y la gente me ha dado la enhorabuena y me ha pedido fotos las dos veces. Es algo que no podía imaginar cuando acabó la carrera del Europeo.

-¿Y cómo lleva la fama?

-No estoy nada acostumbrado y me cuesta, aunque no me importa. Me encanta que alguien que no conozco me felicite porque eso significa que me han estado siguiendo y eso ayuda a mejorar el atletismo español. Aún así, sé lo que es la fama y no me voy a volver loco con ello.

-¿Y las entrevistas le cansan?

-Trato de organizarme bien para que no haya conflicto de horarios. Primero está el entrenamiento y luego, cuando tengo momentos libres, mi mánager me organiza las entrevistas. Es algo que me gusta, aunque reconozco que en las primeras estaba muy nervioso. Es bueno porque significa que a la gente le interesa el atletismo y cuanto más salga el atletismo en los medios, mejor para todos.

«En mi casa de Toronto no faltaba el jamón. Nos llevábamos los berberechos desde España»

-¿Qué significa para usted el atletismo?

-Es un deporte que saca lo mejor de la gente. Para mí, el atletismo es una manera de vivir y de hacerlo de la forma que quiero, teniendo un estilo de vida que me gusta y que me permite vivir cada día trabajando por un objetivo ilusionante.

-¿La velocidad es genética?

-En parte sí. Se requiere cierto nivel de talento, pero no es lo único. Hay atletas que tienen mucho talento y, sin apenas trabajo, les da para ganar a otros que entrenan muy duro porque apenas tienen aptitudes. Puede pensar que no es justo, pero es así. Personalmente, creo que el trabajo es lo más importante. A este nivel, el talento o la genética se presupone, así que al final, los que ganan, son los que más se lo han trabajado.

-¿Y en ese sentido, los atletas de raza negra parten con ventaja?

-Dudo que todos los atletas negros tengan ese talento o esa genética especial de la que tanto se habla. Si no, todos los atletas negros ganarían siempre a los blancos y eso es algo que no ocurre. Es cierto que hay muchos velocistas de raza negra -del caribe o de origen africano- y que puede ser por genética, pero también influye el factor cultural. Aquí en España, mucho talento se va al fútbol, que es del deporte más popular y en Jamaica se va al atletismo. Eso juega un papel importante, más allá de la genética y del trabajo.

-¿Y puede un atleta blanco bajar de 10 segundos?

-Claro que sí. Lemaitre lo ha conseguido (ha sido el único en la historia) y yo también creo que puedo lograrlo. Tengo margen de mejora aún. No es cuestión de genética, es entrenamiento.

-Nació en Australia, se crió en Canadá, ha estudiado en EEUU... ¿cuál es su primer recuerdo de España?

-Lo primero que me viene a la mente si pienso en mi infancia es España. De Australia no tengo ningún recuerdo, porque me fui de allí siendo un bebé, pero de España sí. Aunque de muy pequeño nos fuimos a vivir a Canadá, veníamos todos los veranos y todas las navidades y lo pasaba genial jugando con mis primos. Era un momento que esperaba todo el año. Cuando fui creciendo, ya no podía venir tan a menudo y solo venía en verano, pero siempre he intentado pasar alguna temporada aquí durante el año.

«Lo primero que me viene a la mente cuando pienso en mi infancia es España. Venir a jugar en verano con mis primos»

-¿Siempre ha sentido que quería competir como español?

-Sí, lo que no sabía es si lo podría llegar a conseguir. En los primeros años, sabía que era muy complicado llegar a la selección. Mi deseo era competir con España y tuve la suerte de hacer la mínima para el Mundial Junior en 2010, la federación me llamó y a partir de ahí siempre he defendido la bandera española.

-¿Dentro de esa mezcla de países, usted siempre se ha sentido español?

-Sí, porque aunque he pasado muchos años en Canadá y Estados Unidos, mis padres y mi familia son españoles. Nuestra casa en Toronto era España. Teníamos jamón, traíamos berberechos... Siempre he querido volver a los orígenes. ¡Tengo sangre española!

-¿Haber vivido en tantos sitios, permite entender mejor la barbarie en la que vive sumido el mundo estos días?

-Al final, conocer culturas nuevas te permite conocer perspectivas diferentes y gente que piensa muy distinto a ti. He conocido a americanos que no quieren soltar sus pistolas porque siempre las han tenido y forman parte de su cultura; he conocido a gente que tiene ideas racistas, y que, aunque ellos no lo vean así, causan daño a los demás. Haber podido vivir en tres países tan distintos me ha permitido conocer ideas muy diferentes y convivir con gente que ha experimentado en primera persona el daño que hacen muchas de esas ideas. He sentido el odio contra los gays y lesbianas; el odio contra los negros o contra los de otra religión y creo que eso es algo que tiene que acabar y que me gustaría ayudar a ir cambiando poco a poco en la mentalidad global de la gente.

-¿Cómo se ve a nuestro país fuera?

-La gente que no sabe nada de nada, ve a España como un paraíso para irse de vacaciones: playa, fiesta, comida... Otros, saben lo que ha pasado en la última década con la crisis, pero que ya estamos «remontando». En el deporte, como ha habido algunos casos de dopaje, eso ha empañado un poco esa imagen del atleta español, pero en general nos ven limpios de esa lacra.

-¿Entiende que la gente utilice el deporte para pitar un himno?

-Yo creo en la paz y en la libertad de ideas y veo el deporte como una forma de unir, no para dividir a la gente. Juntos podemos conseguir más que separados y me parece una falta de respeto pitar un himno, sea el que sea. Incluso aunque ese himno representara unas ideas políticas que no compartes, hay que respetarlo, porque seguro que hay gente detrás que vive por esas ideas. Siempre hay gente que piensa de forma diferente a ti y hay que respetarles.

-¿Cómo le dio por el atletismo?

-De pequeño, en la escuela, se me daba muy bien lo de correr. En el recreo hacíamos carreras y hasta el típico «pilla pilla», que se me daba muy bien (se ríe). Era un juego para mí. Luego, me apunté a un club local y empecé a disfrutar. No ganaba casi nunca, pero gracias a mis padres comprendí que lo importante era superarme a mí mismo, sin compararme con los demás.

«Una medalla en Río sería algo muy fuera de lo normal, pero no imposible. Si me meto en la final puede pasar cualquier cosa»

-¿Qué pósteres tenía Bruno Hortelano en la pared?

-Ninguno. Mis padres eran mucho de libros, así que tenía una buena biblioteca. Leía mucho de niño. Libros de ciencia, del universo, de Historia... Pero también a Mortadelo y Filemón, que me encantaba. No tenía pósteres, pero sí ídolos. Me gustaba Donovan Bailey -recordman en Atlanta 2000- y Mo Green. Eran los dos atletas que más me impresionaron de pequeño y los que me ayudaron a seguir hacia adelante.

-¿Qué libro le ha marcado más?

-Uno de los que más me ha llegado al corazón es «El Alquimista», de Paulo Coelho, que habla de perseguir un sueño que ni siquiera se sabe si existe o si se hará realidad. Es un libro precioso, que no es muy largo y es bastante asequible incluso para un niño, pero lo que yo he aprendido de este libro es que si tú confías en los que haces y vas a por un sueño, por qué no puede ocurrir. No hay nadie que me pueda decir que no.

-¿Qué sueños tiene?

-Ahora mismo, el atletismo es la prioridad número uno y tengo un sueño olímpico que está a punto de cumplirse. Intenté ir a Londres y no lo conseguí. Y ahora, con el paso de los años, me alegro de haber tenido esa experiencia, porque fue entonces cuando decidí comprometerme de verdad con un objetivo muy claro que era estar en Río 2016. Establecí un plan para conseguirlo y he trabajado muy duro para lograrlo.

-¿Y sueña también lejos de las pistas?

-Sí, claro que sueño lejos de las pistas. Siempre me ha parecido muy importante estudiar. Saber que estás preparado para el futuro es algo que ha sido primordial para mí y mi familia. Ha pasado en muchas ocasiones que un atleta de nivel se lesiona y ahí se acaba su carrera. A mí espero que no me ocurra eso, pero quiero estar preparado porque hay cosas que se escapan a nuestro control. Además, soy una persona que tiene otras pasiones lejos del deporte. Quiero llegar a ser médico para ayudar a la gente. Y seguir aprendiendo. Nunca me canso de aprender cosas nuevas.

-¿Y qué hará cuando acabe el sueño de Río?

-Me sentaré y pensaré en la próxima etapa de mi vida. En ver cómo puedo compaginar el atletismo profesional y el resto de mi vida, porque no solo me veo como un deportista, si no como estudiante perpetuo. Al final, lo único que quiero es sentirme orgulloso de lo que hago.

-¿Estará su familia en Río?

-Mi familia me ha apoyado siempre y me han dicho que si estaba en Río iban sí o sí. Ya han organizado el viaje y está previsto que me acompañen mis padres, mi hermano, mi novia, algunos tíos, primos y hasta mi abuela de 90 años, que está feliz de hacer el viaje. Se siente muy orgullosa.

-¿Hace algo especial para preparar una carrera?

-Para mí, lo importante antes de la carrera es poder centrarme y poder visualizar la prueba. Unas cuantas noches antes de competir siempre hago varias sesiones de meditación. Intento visualizar la carrera paso por paso, cada diez metros, y voy ejecutando en mi cabeza a cámara lenta lo que tengo que hacer. Todos los movimientos de las piernas, de los brazos y hasta las sensaciones que suelo tener. Lo hago tantas veces, que una o dos noches antes, sueño con la carrera. Con cómo va a ser. Cuando llego a ese nivel de meditación, sé que la carrera va a salir tal y como he planeado.

-¿Se pone nervioso?

-Sí claro. Lo que intento es que esos nervios no me afecten en la carrera. Pienso en otras cosas. Intento centrarme en esa visualización mental de la carrera y pienso en que es una carrera más. La final olímpica, si llego a estar ahí que espero que sí, para mí será una más. Cuando digan «a sus puestos», cerraré los ojos, pensaré en la pista de mi casa donde siempre he entrenado desde pequeño y diré en voz alta «solo es una carrera más», como hago en cada prueba. Nada más.

-¿Y cree que Bolt se pone nervioso?

-Todos se ponen nerviosos. Lo sé, porque hasta Bolt ha hecho salida nula en una final de un Mundial. Él lo hace muy bien, porque juega un poco con el público, sonríe y esa es su manera de soltar los nervios. Sin embargo, Gatlin, se queda todo serio, mirando a la meta, y no sé qué es lo que estará pensando, pero al final compite bien. Cada uno tiene su manera, pero todos tienen nervios antes de la salida.

- ¿Es Bolt el mejor atleta de la historia?

-Sí, sin duda. ¡Si tiene dos récords del mundo!. Eso es algo objetivo. No se lo puede quitar nadie. Objetivamente, lo es.

-¿Cree que es posible una medalla en Río?

-Lo complicado va a ser entrar en la final y lo bueno de las finales es que puede pasar cualquier cosa. Es muy difícil que estén todos en sus mejores marcas y si consigo estar en la final y hago marca personal, sí es posible. Existe una posibilidad de hacer medalla. Que sea lo normal, no. Sería algo muy fuera de lo normal, pero no es imposible.

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