Sergio Llull - EFE
COPA DEL REY

Llull y Carroll, química en la pista

El balear fue elegido mejor jugador de la final, pero Carroll lo mereció igual que él

BARCELONA Actualizado:

Sergio Llull fue elegido el jugador más valioso (MVP) de la final. Fue él el que recogió el galardón, pero su abrazo con Jaycee Carroll servía de reconocimiento para el americano, que lo mereció tanto o más que él. Ambos fueron los líderes del triunfo madridista en el Palau Sant Jordi. Los que se encargaron de cocinar y romper el encuentro. Los que encontraron las fisuras de la mejor defensa de Europa para devolver la sonrisa a un madridismo ávido de triunfos frente al Barcelona.

Sergio Llull lo ha pasado mal en los últimos tiempos. Se le ha culpado de la sequía blanca en estos cuatro años. Llegó al Real Madrid de tapadillo y se fue haciendo con un hueco en la afición blanca a base de corazón. Sobrado de calidad, Llull es un torbellino, tanto dentro como fuera de la cancha. Le gusta disfrutar y no se esconde. En la pista, es feliz cuando le dejan libertad. Fuera de ella, también. La llegada de Laso le ha hecho volver a su mejor versión. Con Messina en el banquillo, su explosividad se veía frenada. Tenía demasiadas cadenas alrededor como para expresarse en plenitud. El aterrizaje del técnico vasco le ha devuelto a una posición, la de base, que ya era conocida para él de épocas pasadas y en la que ha vuelto a demostrar que es uno de los mejores de Europa.

Condenado a un segundo plano en la selección española, Llull convive en el día a día del Madrid con una responsabilidad que le viene de herencia. Las carencias históricas de la sección de baloncesto del club blanco han cargado en su espalda un peso que no le correspondía y que le ha lastrado durante algunos partidos importantes. «Momentos complicados he vivido unos cuantos», apuntaba después del partido. «La derrota en la Final Four de la pasada temporada fue dura, pero también las dos últimas en la Copa del Rey. Las derrotas en las finales son momentos muy difíciles», reconocía.

Con la red de la canasta al cuello y su trofeo de MVP bajo el brazo, Llull rezumaba alegría. «Cuando me han aplaudido he sentido una gran felicidad. Había sido un partido muy complicado», señalaba.

En cuanto a su actuación personal, Llull reconoció que le había salido todo. De los diez puntos en el primer período a los dos triples de ocho metros al terminar el segundo y el tercero. Una actuación impecable. «Me he encontrado muy bien en la cancha, quizá el mejor partido que he jugado en el Madrid, teniendo en cuenta la importancia que tenía. Lo importante era llevarse la Copa del Rey, algo que todos ansiábamos», afirmaba.

Junto a él, Carroll era el otro hombre más buscado dentro del vestuario blanco. Si lo comparamos con Llull, el americano es todo lo contrario. El balear es un alma inquieta, mientras que Carroll encarna la tranquilidad. Dos estilos diferentes que se complementan sobre la cancha y que ayer desataron la tormenta perfecta en el Palau Sant Jordi.

El año pasado, Carroll ya estuvo a punto de dar la sorpresa en la Copa eliminando al Real Madrid. Sus 30 puntos en el partido de cuartos de final pusieron al borde del precipicio al conjunto blanco, que tomó buena nota para el futuro. Su fichaje levantó ampollas. Muchos pensaban que su físico liviano le iba a impedir triunfar en el Real Madrid. Que la fortaleza de los aleros de la Euroliga le iban a pasar factura, pero «Bam Bam» ha demostrado que le sobra calidad para lucir este escudo.

«Estoy muy feliz con esta victoria. Vine aquí para ganar títulos y ya he conseguido el primero. No puedo estar más feliz», señalaba el alero, que se ha ganado al vestuario en solo unos meses y que está convencido de que este no será el último trofeo que levante como madridista.