Pascual, la defensa como credo
El técnico del Barcelona, Xavi Pascual, que hoy se enfrenta a Ivanovic, del Caja Laboral - efe
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Pascual, la defensa como credo

El técnico del Barcelona ha llevado al límite la filosofía que aprendió de Ivanovic, con el que hoy se mide en semifinales

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Era un mes de febrero como este, pero de hace tres años. A Xavi Pascual, por entonces mano derecha de Ivanovic en el Barcelona, le tocaba coger las riendas de un equipo destrozado por dentro. El despido del montenegrino tras la eliminación del Barcelona en la Copa de 2008 dejaba el destino de la mejor plantilla de Europa en manos de un, por entonces, inexperto y desconocido entrenador, pero a Pascual no le tembló la mano.

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El catalán sí supo entender las necesidades de unos jugadores sobrados de calidad, a los que había que dar cierta libertad. Esa que Ivanovic no sabe gestionar y que le ha llevado a protagonizar agrios enfrentamientos con muchos de sus jugadores. Varios de ellos, como Mickeal o Marcelinho, han huido de Vitoria para abrazar los métodos de Pascual, cuya mano izquierda con el vestuario ha devuelto los títulos a Barcelona.

Desde aquella tarde de febrero, ambos han protagonizado muchos capítulos. Tres años de enfrenamientos en los que se ha ido forjando una rivalidad deportiva que ya se ha convertido en histórica. 26 enfrentamientos —una media de casi 9 por temporada— en los que ha habido de todo, pero de la que se extrae la indudable categoría de ambos con una misma filosofía defensiva, pero entendida de dos formas muy diferentes.

La ventaja mínima (14-12) en los enfrentamientos entre los dos es para Pascual, que además ha traducido esa pequeña diferencia en títulos. Por ahí ha salido mucho más beneficiado el catalán, verdugo del Caja Laboral en dos de las tres últimas ligas. En la Copa, tras la venganza de Ivanovic en 2009 (última eliminación del Barcelona en este torneo), Pascual solo conoce ya la victoria. Ocho victorias consecutivas hasta hoy, cuando volverá a verse las caras con el hombre que le abrió el paso del banquillo azulgrana.

Reto histórico de Pascual

El de Gavá tiene en el horizonte la posibilidad de convertirse en el primer técnico que logra tres Copas del Rey de manera consecutiva. Un reto que Lolo Sáinz (1985 y 1986) y Aíto García Reneses (1987 y 1988) se quedaron a las puertas de conseguir y que ahora está al alcance de su mano.

No se queda atrás Ivanovic, que tiene abierta ante sí otra puerta de la historia de la Copa. El montenegrino está a un título de igualar a Aíto como el entrenador más laureado del torneo. En sus once participaciones anteriores, Dusko levantó el trofeo en cuatro ocasiones, por las cinco del mítico García Reneses.

Se espera un choque duro, con dos equipos rocosos en defensa y con muy pocos espacios para las florituras. En cuartos de final, ambos dejaron a sus rivales con una anotación muy baja (54 en el caso del Barcelona y 65 en el del Caja Laboral), por lo que se espera que el partido se mueva en esos guarismos.

El mal fario de Marcelinho

El reto para el Caja Laboral es conseguir un encuentro equilibrado y evitar que el Barcelona lo lleve rápido a su terreno. En los últimos cuatro partidos que ha disputado en la Copa, el conjunto azulgrana promedia una ventaja final de 17 puntos, así que evitar que se rompa el partido debe ser una obsesión para los vitorianos.

Para Marcelinho Huertas, debutante en una Copa con la camiseta del Barcelona, la obsesión será otra. El brasileño ha participado en cinco ediciones del torneo, pero nunca ha conseguido superar la barrera de las semifinales, donde ha caído en cuatro ocasiones. Huertas ha jugado con cuatro equipos diferentes, pero con ninguno ha encontrado el éxito que ahora busca con el Barcelona, para el que el hecho de jugar en casa supone un arma de doble filo.

Hace diez años que el anfitrión no se hace con el torneo y, además, siempre que la competición se disputa en Cataluña, es el Real Madrid el que se alza con el trofeo. Dos estadísticas que el Barcelona intentará cambiar a partir de esta tarde, cuando Pascual e Ivanovic se vean las caras de nuevo, en un gesto más que familiar.