Peter Berra, leyenda de los New York Yankees
Peter Berra, leyenda de los New York Yankees - Getty Images

Historia del deporteLa apasionante vida de «Yogi» Berra: de participar en el D-Day a ser una leyenda del béisbol

Fue soldado en la Segunda Guerra Mundial con apenas 19 años y sigue siendo a día de hoy el jugador con más Series Mundiales de la historia

MadridActualizado:

Han pasado 75 años de uno de los sucesos más determinantes de la historia del siglo XX: el Desembarco de Normandía, también conocido como D-Day. En aquella fecha, ciento sesenta mil soldados aliados se unieron en la lucha contra el nazismo. Entre todos ellos estaba un joven de 19 años que se había alistado en el ejército estadounidense poco antes. Su nombre era Lawrence Peter Berra, un chaval de ascendencia italiana nacido en 1925 en Misuri.

Berra fue el cuarto en una familia de cinco hermanos, no era buen estudiante y destacaba por su talento en el béisbol. El destino quiso, en cambio, que aquel 6 de junio de 1944 no fuera un bate lo que tuviera entre manos, sino que fuera un arma lo que empuñara. Lo hizo en Omaha, la playa donde más víctimas aliadas se cobró la batalla. «Estar allí, en Omaha, puede haber cambiado un poco mi vida», reconoció tiempo después. Sus ojos fueron testigo directo del relevante episodio: «Nunca vi tantos aviones en mi vida. Era como una nube negra». Las LCSS, embarcaciones donde Berra estaba, fueron las primeras en acercarse al enemigo alemán y, por tanto, las más expuestas. Fue un superviviente entre las 2.000 bajas que se contaron sobre la arena.

Fue el patriotismo de Berra el que retrasó el comienzo de su carrera en el béisbol. En 1942 le llegó la primera oportunidad, cuando los Cardigans de San Luis quisieron ficharle. Los New York Yankees, sin embargo, no estaban dispuestos a dejar escapar al que entonces era un completo desconocido para ellos. Pusieron quinientos dólares encima de la mesa y Berra firmó por el filial neoyorquino. Allí, en plena adolescencia, dejó las primeras muestras de su calidad.

Pero su estreno se hizo esperar. No llegó a debutar en las grandes ligas hasta 1945, cuando ya había probado las mieles del conflicto bélico. Lo hizo después de que los Giants se interesaran por él, pero de nuevo los Yankees quisieron retener a su jugador. Seguían sin conocer su verdadero talento, pero al menos contaban con un héroe de guerra.

Y, por fin, su debut.

El 22 de septiembre de 1946 cumplió su sueño de convertirse en profesional. Su talento entraba en escena. No tardó en ser la figura del equipo y en 1949 ya era el receptor titular. Además, fue nombrado mejor jugador americano en 1951, 1954 y 1955. Sus diez Series Mundiales le convierten en el jugador con más finales ganadas de la historia, una más que otra leyenda de los Yankees como Joe Di Maggio.

Tras su retirada en 1963 se convirtió en entrenador, logrando varios títulos con los Yankees y los Mets. También se llegó a hacer cargo de los Houston Astros. En 1985 fue despedido de los Yankees por un enfrentamiento con el dueño y prometió no volver al estadio mientras George Steinbrenner siguiera al frente. Tuvieron que pasar catorce años para que Berra cediese y volviera a la que había sido su casa, esta vez para hacer el lanzamiento de honor.

«El béisbol es cuestión de cerebro en un 90%, la otra mitad es esfuerzo físico»

Berra, quien durante su carrera fue apodado «Yogi», nombre que cedería más tarde al famoso oso animado, también pasó a formar parte de la cultura popular. Su sentido del humor unido a su ingenio dejaron numerosas frases para la posteridad. Ocurrencias que aún hoy se repiten. «Corta la pizza en cuatro pedazos, no tengo tanta hambre como para comerme seis», llegó a decir en una ocasión. Los «yogismos», como así pasaron a conocerse, se recopilaron en un libro.

Berra, en 2008
Berra, en 2008 - EFE

Decía Hunter S. Thompson, otro ilustre nortemericano, este periodista, que «la vida no debería ser un viaje hacia la tumba con la intención de llegar a salvo con un cuerpo bonito y bien conservado, sino más bien llegar derrapando de lado, entre una nube de humo, completamente desgastado y destrozado, y proclamar en voz alta: ¡Uf! ¡Vaya viajecito!». El viaje de Berra despegó en Misuri, hizo escala en Omaha y aterrizó en el Salón de la Fama del bésibol.

«Yo no he dicho todo lo que he dicho»

Su funeral, como no podía ser de otro modo, fue multitudinario. Su muerte, por causas naturales en 2015 a los 90 años, se llevó consigo a una parte de la sociedad estadounidense. En su epitafio bien se podría haber grabado otra de sus frases célebres, aquella que decía que algo «no se acaba hasta que se acaba». O quizá esta otra: «Hay que ir a los funerales de los demás, si no, no vendrán al tuyo». Al suyo, desde luego, no faltó nadie.