Patrick Bruel, durante su visita a Madrid, antes del concierto el 24 de mayo
Patrick Bruel, durante su visita a Madrid, antes del concierto el 24 de mayo - MAYA BALANYA

Patrick Bruel: «No fue fácil escuchar ciertos ataques del Frente Nacional»

Con 17 millones de discos vendidos y 50 películas a sus espaldas, el popular artista galo de origen judío actuará el 24 de mayo en Madrid

MADRIDActualizado:

Patrick Bruel (Tremecén, Argelia, 1959) recuerda el primer concierto al que fue de Johnny Hallyday, a principios en los 80. «Solo había grabado dos canciones y nadie me conocía», asegura. Tras la actuación, alguien le llevó al «backstage» junto a un enorme grupo de seguidores. «Apareció y se puso a estrechar manos. Antes de que yo pudiera decirle hola, él se me acercó y me dijo: “Tienes mucho talento, vas a llegar muy alto”», recuerda el popular actor y cantante, desde la azotea del Club Argo de Madrid, en la Plaza Santa Ana, días antes de su actuación este jueves 24 de mayo en el Teatro Nuevo Apolo.

La recientemente fallecida leyenda de la canción francesa no se equivocó. Pocos años después, Bruel se convirtió en todo un fenómeno en su país, con 17 millones de discos vendidos y medio centenar de películas rodadas en 40 años. Entre ellas, « El Lobo» (2004), el filme español protagonizado por Eduardo Noriega donde el entrevistado dio vida al etarra José María Sagarduy Moja, alias el «Nelson Mandela vasco». «Se rodó en un momento de mucha tensión con ETA, pero el equipo fue muy valiente al contar la historia del infiltrado desde un punto de vista tan realista y honesto. Fue increíble. El verdadero Lobo, Mikel Lejarza, amenazado por la banda terrorista, vino al rodaje de incógnito varios días, pero nadie se enteró. Es bueno que la violencia se haya acabado», subraya este artista de origen judío, heredero de los Jacques Brel, Georges Brassens y Serge Gainsbourg, que nunca tuvo miedo a posicionarse públicamente contra la extrema derecha de Francia. En su última declaración, Jean-Marie Le Pen le respondió: « La próxima vez le pasaremos por el horno».

¿Este enfrentamiento con el Frente Nacional le ha afectado mucho?

—Sí, porque no fue fácil escuchar ciertos ataques. Pero no me afecta en lo personal, sino en general, porque el antisemitismo y el racismo afectan a la República. Son síntomas de una sociedad enferma. Hace un mes, un loco antisemita asesinó a una superviviente judía del Holocausto en su casa de París. Acudí a una marcha por ello y un periodista me preguntó: «¿Estás aquí como judío?». Y yo le respondí: «No, como francés». Me hubiera gustado ver allí a otros actores y cantantes franceses de todas las religiones.

Desde que alzó la voz contra Le Pen en 1991…

Y en 1995, y en 2002 y...

¿Se han cumplido sus pronósticos con respecto al Frente Nacional?

Mi instinto ya me decía que el peligro que representaba podía crecer y así fue. En 2002, fue la segunda fuerza más votada y el año pasado Marine Le Pen estuvo cerca de ganar. Por suerte, el presidente fue Emmanuel Macron. Eso es bueno para la democracia y Europa, teniendo en cuenta lo que ha pasado en países como Estados Unidos, Holanda, Bélgica, Austria, Bulgaria o Italia. Parecía que Francia podía subirse al mismo tren.

Nunca ha tenido miedo de dar su opinión en temas como este.

Ahora es más complicado con las redes sociales, donde se extrae una frase fuera de contexto y se difunde muy rápido. Por eso otros artistas tienen miedo a dar su opinión, pero yo no funciono así, yo sigo a mi corazón y mi instinto sin importar las consecuencias.

Debe estar acostumbrado, porque la fama le llegó muy pronto.

No tanto. Cuando rodé mi primera película a los 18 años, « Le Coup de Sirocco», todavía cantaba en un club y no era famoso. El éxito masivo por la música y el cine me llegó con 28… ¡boom! Pero pude asimilarlo. Si hubiera venido más rápido, mi cabeza no lo habría soportado.

¿No tuvo miedo de aquel fenómeno conocido como la «Bruelmanía»?

Antes de ser también jugador de poker, como ahora, fui ajedrecista. Eso quiere decir que fui capaz de anticiparme tres o cuatro movimientos y, al ver la proyección en el futuro de lo que me estaba pasando, sí me dio miedo. No quería que aquel fenómeno social eclipsara al artístico, que era la razón por la que yo estaba ahí.

Le ayudaría tener cerca a un referente como Johnny Hallyday, cuya muerte para usted debió ser dura...

Sí, porque fue como un hermano para mí. Hasta teníamos las casas juntas en Los Ángeles. Estuve muy presente en sus dos últimos meses de vida. Su muerte fue una gran tristeza para todo el país.

¿Recuerda la última vez que habló con él?

Sí. Estuve en su casa cenando y me puso su último álbum, aún sin publicar. Era increíble. Le recuerdo diciéndome: «¡Está muy bien y nos vamos a ir de gira con él el año que viene!».

Desde fuera parece que usted nunca haya dado un mal paso en su carrera, siempre creciendo. ¿Es así?

He tenido momentos difíciles, de confusión, pero incluso cuando he ido hacia lugares donde la gente no me esperaba, lo han recibido bien. En 2002 hice un álbum doble recuperando canciones francesas de los años 30 y todos me decían: «¡Estás loco, vas a acabar con tu carrera!». Y yo: «Por qué? Las canciones son buenas, si nadie lo compra, yo estaré igual de contento, porque me gustan». Y luego se vendieron tres millones de copias, uno de los tres discos más vendidos de la historia de Francia.

¿Le frustra llenar estadios en su país y recintos más pequeños fuera?

No. De hecho me encanta, porque es una oportunidad de darme a conocer en sitios donde no se me conoce tan bien. España es parte de mi vida, porque he pasado muchas temporadas en Alicante, Villajoyosa, Cadaqués y Madrid, pero yo aún no soy parte de la vida en España... aunque he de reconocer que anoche me reconoció mucha gente por la calle.