NIETO

Carmen Mola, la Elena Ferrante española: «Ojalá nadie descubra quién soy»

Su novela «La novia gitana», publicada con seudónimo, es una de las últimas sensaciones del género negro

MadridActualizado:

Es la eterna pregunta: ¿puede una novela conquistar a los lectores sin que se sepa su autoría? Casos como el de Elena Ferrante hacen pensar que sí, que el escritor es un mero invitado a la fiesta entre los lectores y la historia que éste quiere contar. Eso cuando un libro funciona, claro. Cuando no... Pero el caso que nos ocupa hoy es un éxito de los gordos. Y, encima, su autor/a es español/a: Carmen Mola. Es el seudónimo con el que firma «La novia gitana» (Alfaguara), novela que se ha convertido en la última sensación del género negro en nuestro país.

Llegó en silencio, sin hacer ruido, el pasado 17 de mayo, justo para la Feria del Libro de Madrid, y cinco meses después ya va por la sexta edición, con 20.000 ejemplares vendidos, según su editorial. Desde que salió, «cada semana vende más» (normalmente, suele ser a la inversa, como bien saben en la industria), sobre todo gracias al boca a boca de los lectores. Todos caen rendidos (quien la coge, no la suelta) ante la fuerza y la intensidad de una historia que no desmerece al mejor «noir» de Pierre Lemaitre, comparte elementos con Sandrone Dazieri y tiene como protagonista a una (sí, es una mujer) detective –Elena Blanco– de las que hacen época (y series). Todo con el añadido social de la cultura gitana como telón de fondo: el cuerpo de una joven gitana que estaba a punto de casarse aparece justo siete años después de que su hermana fuera asesinada en las mismas circunstancias, y también poco antes de contraer matrimonio.

Identidad

Sobre la identidad de Mola, que en la biografía «oficial» figura como «profesora universitaria que vive en Madrid, con su marido y sus tres hijos», ya hay todo tipo de especulaciones: desde que es policía (por la crudeza y el realismo) a que trabaja en algo relacionado con el mundo del cine (por lo cinematográfico del relato). ¿Y el género? Muchos tienden a dar por sentado que es una mujer, aceptando lo establecido mediante el seudónimo, pero hay quienes, como la que escribe, sostienen que es un hombre. Suposiciones, al cabo, que sólo sirven como chascarrillos del mundillo literario, al que tanto le gusta un cotilleo a tiempo.

Lo cierto es que, sea quien sea quien está detrás de Carmen Mola, «desde antes de empezar a escribir ya sabía que no quería firmar la novela» con su nombre. En conversación, vía e-mail (no hay otra forma de llegar a ella/él), con ABC, asegura que el «principal» motivo para usar seudónimo fue «tener una vida ya formada que no tiene nada que ver con la literatura». También influyó que fuera «una novela negra con pasajes un poco escabrosos», la duda de si su trabajo «tendría continuidad» y, sobre todo, pesó la «vanidad: ¿y si la novela hubiera sido un fracaso absoluto? Mejor protegerse de esa posibilidad». Pero no lo ha sido, ni remotamente. A las ventas ya mencionadas en España se suman los derechos vendidos a Alemania, Francia, Italia, Holanda y Noruega (con Grecia están a punto de firmar). Ah, y habrá adaptación televisiva, por supuesto.

«Yo me conformaba con publicar, así que todo es sorprendente y maravilloso», reconoce. El hecho de mantener el anonimato le permite verlo todo «con cierta distancia, como si le pasara a otra persona». Quizás por eso no está «arrepentida en absoluto» de ocultar su identidad. Y va más allá:«Me gustaría que nunca nadie descubriera quién soy, tal vez que un día Carmen Mola desapareciera sin más». Lo que está claro es que esa fecha, de momento, está lejos.

Apuesta

La editora que descubrió a Carmen Mola, María Fasce, directora literaria de Lumen y Alfaguara Negra y responsable de haber dado a conocer a Lucia Berlin en España, confirma que ya está en marcha la segunda novela, también protagonizada por Elena Blanco y que llevará por título «La red púrpura». «Lo que está claro es que nada de esto se puede inventar, es insólito en la novela negra española. Es una gran historia y tiene un personaje inolvidable. Me pone doblemente contenta que una novela como esta siga teniendo lectores y buena crítica», reflexiona Fasce. Aunque se leyó el libro «sin parar», tuvo dudas cuando la agente de Carmen Mola, Justyna Rzewuska, le contó que era un seudónimo. No tener autor para la promoción podía ser un hándicap... pero, finalmente, decidieron apostar por ella:«Si la novela es tan buena, va a conseguir que se hable de ella». Y resultó ser caballo ganador.

Una buena lección para un sector que, con demasiada frecuencia, peca de egolatría. «Desconozco el mundo literario y no me siento capacitada para analizarlo y mucho menos criticarlo», se escuda Mola. ¿Y la relación con los lectores, no la echa en falta? «Leo en internet lo que dicen de la novela, así que el “feedback” sigue existiendo». A cambio, vive situaciones divertidas, como cuando dos compañeras de trabajo le recomendaron «La novia gitana» y sintió «un secreto placer». «Lo que me sorprende es que el tema del seudónimo despierte tanta curiosidad», remata.