Pierre Lemaitre, autor de «Vestido de novia»
Pierre Lemaitre, autor de «Vestido de novia» - abc
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Pierre Lemaitre: «Me molestó que “The Times” me comparara con Stieg Larsson»

«Nos vemos allá arriba», la novela que le valió el Goncurt, dio a conocer a Pierre Lemaitre en España. Ahora publica «Vestido de novia», un policiaco en toda regla. «Me sitúo en la tradición de los grandes escritores de enigmas», asegura

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Pierre Lemaitre se ganó el favor del público al sur de los Pirineos el pasado verano con la novela Nos vemos allá arriba, ganadora del Premio Goncourt. Una narración centrada en la Primera Guerra Mundial, la grandeur... Un asunto tan francés como su autor o el café parisino donde quedamos para esta entrevista que nos «rescata» su vena de escritor policiaco, lo que, por otro lado, ha sido toda la vida. Aquí se publica una de sus novelas antiguas, la segunda en la trayectoria de Lemaitre. Vestido de novia es el título elegido para la traducción al español, un «bicho raro» en su producción que no forma parte de la serie protagonizada por un detective que no levanta ni metro y medio del suelo. «Mide 1,45 metros. Tiene la altura de un niño de catorce años. Y ve el mundo en contrapicado. Por tanto, observa la realidad bajo un ángulo diferente», me comenta mientras en el citado café parisino hay un ruido de mil demonios, como si nos asediara un ejército de cafés con leche que salen de la máquina a todo vapor y que nos ponen un poco de mala leche.

¿La protagonista de esta novela que ahora se edita es también un personaje peculiar?

No. Es alguien muy normal. Ella no mata a nadie. La novela cuenta la historia de un hombre que comete asesinatos y que le hace creer a ella, y a usted, que los ha cometido. Todo el interés radica en que es alguien normal para hacer que el lector entienda que lo que le ocurre a ella le puede ocurrir a cualquiera. Si le sucediese a alguien excepcional, el lector no sentiría empatía, no podría identificarse. Se parece a usted, a mí, a mi vecina.

Disculpe, yo no me veo en su papel, no me veo atrapada en esa trama.

«En Francia tengo la reputación de ser muy malo con mis personajes»

Me desconcierta un poco esto que usted me dice.

[Ahora, la cafetera, los cafés con leche y el punto de mala leche empiezan a soltar vapor a todo trapo.]

Ya imagino. Por eso, explíqueme un poco más.

Me he inspirado en el título de un ensayo psiquiátrico, L’effort pour rendre l’autre fou (El esfuerzo por enloquecer a los demás). El objetivo de algunos psicóticos es enloquecer a la gente. Me pareció que este título era una buena idea para una novela policiaca: una manipulación psicológica. La pregunta que me planteo es cómo podría hacer un libro en el que alguien normal enloquece sin quererlo. No cojo a alguien tarado, ni deficiente, ni estúpido, ni frágil. He escogido a alguien como usted.

Disculpe, pero será que yo no me imagino en esa tesitura...

Sophie, la protagonista, ve cómo su vida oscila. Al principio, como es fuerte, no se lo cree, pero las señales se acumulan cada vez más, y la manera en la que el manipulador ordena su vida hace que empiece a tener, progresivamente, dudas. No sólo a las personas frágiles les invade la duda. Yo mismo soy un hombre que duda mucho... Es la primera victoria del manipulador. Todo el interés del libro es ver cómo alguien que está en el fondo de la «piscina» consigue salir de ahí y se convence a sí mismo, a pesar de todas las pruebas que hay a su alrededor, de que a lo mejor todo eso no es verdad. Es probable que usted y yo, en su lugar, hubiéramos enloquecido. Lo cierto es que en Francia tengo la reputación de ser muy malo con mis personajes.

[El ruido de fondo se para. Nos hemos bebido de un trago el café y la (mala) leche.]

Hay quien considera que la novela policiaca es la más (hiper) realista de las que se escriben.

Estoy bastante de acuerdo. ¿Cuál es la pregunta que plantea el hiperrealismo? Lo que es ficción parece tan real como lo real. Cuando miramos una pintura hiperrealista, no sabemos si es una pintura o una foto, por lo que se difumina la frontera entre lo real y lo ficticio. En cierta manera, la novela policiaca también desempeña ese papel.

¿Cree que ese es el motivo de que sea tan popular el género policiaco?

«No tengo talento para resucitar a un clásico. Todo lo que haría sería una parodia»

Es una de las razones de su éxito. Hay otras más.

Usted es un representante de la novela policiaca francesa. Luego está la nórdica, la estadounidense... Hay tantas escuelas.

Sí, pero, por ejemplo, piense en la literatura nórdica. Hace veinte años que nos explican que es la mejor literatura policiaca. Francamente, es una reputación muy exagerada. A mí me han comparado con Stieg Larsson. Y me molestó un poco.

¿Le han comparado con Stieg Larsson?

Sí, en The Times. Hablando de mí, decían: «Encuentro con el nuevo Stieg Larsson». Me molestó un poco. ¿Por qué esta novela policiaca ha tenido tanto éxito en Europa? Mi hipótesis es que vivimos una época de crisis en la que esta novela policiaca refleja la depresión general. La novela policiaca tiene éxito, vuelvo a su pregunta de antes, por el hecho de que en nuestras sociedades la violencia queda simbolizada. Si miramos las estadísticas, al menos en Francia, la delincuencia se reduce desde hace casi un siglo. Está más mediatizada, es decir, la vemos más, pero estadísticamente está disminuyendo. Pero la violencia simbólica, por el contrario, se ha desarrollado enormemente.

¿A qué se refiere con «violencia simbólica»?

El desempleo es una violencia simbólica terrible; la crisis, también. En Francia, ocho millones de personas viven por debajo del umbral de la pobreza. Por tanto, algo se ha desplazado. En las sociedades antiguas, tanto la violencia como la muerte estaban muy presentes, eran cotidianas. Ahora no se entiende una violencia que no se ve. Es como luchar contra un fantasma. ¿Quién me ha convertido en un hombre desgraciado? ¿Mi jefe? ¿El presidente de la República? ¿El ministro de Economía? ¿Mi banquero?

Dentro de la novela policiaca, ¿en qué escuela se sitúa usted?

Sería muy pretencioso decir que no pertenezco a ninguna escuela. Estoy en el cruce de varias influencias. Soy alguien muy estructurado. Tengo unas historias muy complicadas, que a veces algunos lectores no entienden. Y ahí me sitúo en la tradición de los grandes novelistas de enigmas. Diez negritos o El asesinato de Roger Ackroyd, de Agatha Christie. Sin embargo, desde el punto de vista de lo social, estoy mucho más cerca de una escuela de la novela policiaca francesa que nació en la década de 1960 y que ha llevado a la novela policiaca a interesarse mucho más por los problemas sociales y políticos. El gran autor en Francia de esta corriente es Jean-Patrick Manchette. Hay una tercera escuela en la que también me incluyo, que es la del juego literario, porque juego mucho con el lector, con el personaje.

¿No cita a Simenon?

«La de la novela policiaca nórdica es una reputación exagerada»

No lo cito, pero debería. Es muy difícil ser sencillo. Esa es la lección de Simenon.

¿Qué le parece la moda de la resurrección de autores clásicos del género, como Agatha Christie?

Hay que distinguir claramente dos cosas, y la razón por la que se prosigue la obra de un autor. En cuanto a Stieg Larsson, creo que se va a publicar una continuación de sus sagas. Es un proyecto puramente comercial. Por el contrario, puede tratarse de hacer un trabajo literario, como lo ha hecho Patrick Rambaud, que cogió un libro que había empezado Balzac y que nunca acabó. Rambaud decidió escribir el libro que el autor original nunca logró escribir. Aquí hay algo muy interesante: ¿Quién es Balzac? ¿Cuál es su estilo? ¿Qué tiene que decirnos todavía? ¿Cuál es el interés de proseguir hoy en día una obra? Hay un verdadero proyecto literario, y no se trata sólo de ganar dinero.

Si le surgiera la ocasión o si le ofrecieran la posibilidad de hacer ese ejercicio con algún autor, ¿lo haría?

No tengo el talento necesario. Todo lo que podría hacer es una parodia. Eso sabría hacerlo. Soy un autor muy técnico, y una parodia lo es.

Tengo que preguntarle por el Premio Nobel último, un autor francés...

Estoy muy contento de que el Premio Nobel se le haya concedido a Patrick Modiano. Es un orgullo nacional y es un gran orgullo literario. El hecho de que haya premios que pongan en primer plano que una novela pueda ser un acontecimiento mediático es una buena noticia. No sólo están los jugadores de fútbol. Que un escritor pueda aparecer en la primera página de todos los periódicos del mundo es una buena noticia.