Salman Rushdie (centro), junto a Gabriel Albiac (derecha) y Juan Cruz
Salman Rushdie (centro), junto a Gabriel Albiac (derecha) y Juan Cruz - JOSÉ RAMÓN LADRA

Salman Rushdie: «Es fácil atacar a un escritor, pero difícil hacerlo contra los libros»

El escritor participó ayer en un debate, junto a Gabriel Albiac y Juan Cruz, dentro de los actos de la Noche de los Libros

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Salman Rushdie estuvo anoche en Madrid para conmemorar la Noche de los Libros charlando con el filósofo Gabriel Albiac y el periodista Juan Cruz, a priori dos perfiles muy divergentes, pero ideales para exprimir a conciencia y desde distintos flancos este jugoso limón indobritánico.

La charla iba a versar sobre el realismo mágico, cuyo dominio, y aderezo con los colores del post-colonialismo, han hecho que Rushdie sea reconocido como uno de los gigantes de la literatura contemporánea mundial, pero se habló, sobre todo, del infierno por el que ha tenido que transitar.

Precisamente, este último San Valentín se cumplieron 25 años de uno de los días más tristes de su vida. Rushdie estaba en la iglesia ortodoxa de Santa Sofía, cerca de Notting Hill, en el funeral de su amigo Bruce Chatwin cuando la fatwa del ayatolá Jomeini que lo condenaba a muerte por blasfemia contra el islam llegó por primera vez a sus oídos.

Después, quedaron años de anonimato y un rastro de librerías y bibliotecas quemadas, de traductores o editores de sus obras atacados por fanáticos. Como él mismo dijo, «lo incomprensible se volvió comprensible y lo inimaginable se volvió imaginable». La combinación de entrevistadores resultó fructífera. Albiac incidía por la vertiente filosófica y teológica y Cruz por la narrativa. «La literatura tiene esa habilidad de sobrevivir a persecuciones extremas», les dijo Rushdie, «es fácil atacar a un escritor pero difícil hacerlo contra los libros. Igual que aquí en España, Lorca murió a manos de unos falangistas pero su poesía sobrevivió, es el escritor quien está siempre en peligro».

El interior de un escritor

Rushdie reveló que la persecución a la que estuvo sometido no le provocaba tanto una desazón interior como exterior. «El interior de un escritor es un lugar convulso, su imaginación es turbulenta: hay incertidumbre, alegría, desesperación o frustración». Lo que sucedió durante esos años es que «el ruido a mi alrededor era tan alto que temía no poder escuchar esa conversación en mi interior».

Sobre el motivo por el que escribió «Joseph Anton», sus memorias autobiográficas de aquellos años de ostracismo, en tercera persona, Rushdie contestó a Cruz que «fue algo más instintivo que teórico; empecé a escribir en primera persona pero lo sentía demasiado narcisista, como novelista me siento más cómodo poniendo a todos los personajes al mismo nivel para entrar y salir de ellos».

Albiac le preguntó por el autoengaño, y si lo percibió durante aquellos tiempos difíciles. «Todos somos culpables alguna vez de esa ceguera elegida», dijo Rushdie, «pasa con cosas como el cambio climático: la gente no quiere ver lo que le sucede a la Tierra. Y he sentido al mundo cerrar los ojos muchas veces. Tras el 11S, muchos compañeros, escritores y periodistas norteamericanos, gente inteligente, me dijeron: “Ahora sé por lo que has tenido que pasar”. Y yo pensaba: “¿En serio? ¿Ha hecho falta algo tan terrible para que lo entiendas?”»

Sin embargo, Rushdie dijo comprender el miedo de mucha gente a la hora de defenderle. «Lo comprendo porque yo mismo tengo miedo y soy un cobarde. No me gusta, pero lo comprendo. Y en este libro describo un miedo mucho peor, que es el miedo a la autorrevelación, a descubrir que no eres un individuo fantástico rodeado de mediocres. De alguna forma, uno tiene que tratar de ser siempre más severo consigo mismo». El fantasma de García Márquez bajó para hacerle cosquillas a Rushdie y arrancarle un poco de humor literario: «En lugar de “Joseph Anton”, debí llamar a este libro “Doce años de Soledad”».