El cantante ruso Sergey Lazarev quedó tercero este año pese a ser el favorito de los espectadores
El cantante ruso Sergey Lazarev quedó tercero este año pese a ser el favorito de los espectadores - EUROVISION.TV

EurovisiónUcrania impone una «lista negra» para vetar a cantantes rusos en Eurovisión 2017

Unos ochenta artistas, censurados por Kiev, no podrán participar en el festival si son elegidos para representar a Rusia. La decisión del gobierno ucraniano rompe las reglas del concurso y la organización negocia para levantar la restricción

MADRIDActualizado:

La escalada de tensión entre Ucrania y Rusia ha derivado en una crisis diplomática internacional sin un final claro. Casi tres años después de desatarse un sangriento conflicto entre ambos países por el control de Crimea, la cicatriz indeleble que dejó en el corazón de los ucranianos la pérdida de esta península se ha vuelto cada vez más evidente. Con las fuerzas prorrusas agitando el este del país y el reguero de sangre aún fresco, todo aquello que la ciudadanía, herida en el orgullo, pueda percibir como ruso es rechazado. El gobierno ucraniano, mientras, no está dispuesto a hacer ninguna concesión al vecino enemigo. Ni siquiera si se trata de Eurovisión, un festival de carácter fraternal que ahonda sus raices en la unión y el entendimiento entre pueblos, ya que nació como herramienta para coser un continente devastado tras la Segunda Guerra Mundial.

El pasado verano, el Ministerio de Cultura creó una lista de cantantes y actores rusos que tienen vetada la entrada a Ucrania. El objetivo de esta acción, según las palabras del ministro Yevhen Nyshcuuk, era descartar «amenazas para la seguridad» por parte de quienes apoyan públicamente tanto la anexión de Crimea como a los separatistas prorrusos de la zona este. La «lista negra» agrupa a más de ochenta personas, incluyendo cantantes como Oleg Gazmanov, Iosif Kobzon, Valery Joseph Prigogine, Mikhail Boyarsky, Grigory Leps y Nikolay Rastorguev (líder del grupo Lyube). Esta norma impediría a todos ellos poder representar a Rusia en el festival que se celebrará en mayo en Kiev, puesto que verían denegada su entrada al país.

La UER, ente organizador del certamen musical, está maniobrando para evitar que esta restricción se mantenga durante las fechas del concurso. El diario ruso «Izvestia» informaba, citando una fuente anónima, que sus miembros negociaban con el país anfitrión la eliminación de cualquier veto recordando que la entrada de todos los artistas designados por sus respectivas televisiones para competir en el festival debe estar garantizada. Según las normas, «todos los participantes (organizadores, socios y delegaciones), fans y periodistas deben tener la opción de adquirir con suficiente antelación un visado de entrada válido durante la duración del evento» y con él «podrán desplazarse por la ciudad y el país anfitrión sin autorización ni restricciones». «Hemos estado y estaremos en un diálogo constructivo con las autoridades ucranianas para asegurar que todos los delegados y artistas puedan venir a Kiev», aseguraba en septiembre el máximo responsable del evento, Jon Ola Sand, al calor de la polémica.

Sin embargo, las autoridades ucranianas niegan ahora que la UER esté ejerciendo cualquier presión y sostienen que su famosa «lista negra» no se verá alterada por la celebración del concurso. «Probablemente, sólo sea un deseo más de Moscú. Cualquier modificación en la lista sólo podrá llegar si esos cantantes que apoyaron la ocupación de Crimea cambian públicamente su punto de vista. Además, tendrán que reconocer la ocupación parcial de las regiones de Donetsk y Luhansk por las tropas rusas, y exigir su retirada inmediata», aseguraba Vyacheslav Kyrylenko, Viceprimer ministro de Ucrania y miembros del Comité Organizador de Eurovisión 2017. Emine Dzhaparova, ministra de información política, se unía a esta misma postura y señalaba que cualquier debate sobre levantar la prohibición «está fuera de la competencia de la UER o de la televisión pública ucraniana». La amenaza de consumarse el veto es tal que Oleksander Kharebin, supervisor ejecutivo de esta edición, salió la semana pasada de la reunión en Ginebra con la UER manteniendo que si la televisión rusa elige un artista incluido en la lista, dicho representante no podrá pisar suelo ucraniano.

Jamala prendió la mecha de la crisis

El conflicto entre ambos países en Eurovisión se desató este año después del triunfo de la ucraniana Jamala en el festival celebrado en Estocolmo (Suecia). La artista interpretó en el show «1944», un tema que evocaba la brutal deportación de los tártaros de Crimea ordenada en aquella fecha del siglo pasado por el sanguinario dictador comunista Iósif Stalin. La delegación rusa protestó antes de la final al entender que el tema violaba la norma que impide cualquier referencia política en las canciones participantes, algo que finalmente la dirección del concurso rechazó.

Tras la victoria ucraniana, el estupor se adueñó de algunos diputados rusos y miembros del Gobierno. «Ha sido una victoria política, que ha derrotado al arte», señaló por entonces el senador ruso Frants Klintsévich. «El año que viene enviemos a Serguéi Shnúrov (polémico rockero ultranacionalista). Podrá ganar o perder, pero seguro que Shnúrov los envía a todos a un sitio que yo sé», dijo a su vez en las redes sociales el viceprimer ministro ruso, Dmitri Rogozin. Bajo la indignación, muchas voces pidieron salir inmediatamente del concurso. Sin embargo, la televisión rusa ha confirmado su presencia en la edición del próximo año.

Al margen del veto, preocupa también la acogida que la delegación rusa pueda tener durante su estancia en Ucrania y los previsibles abucheos que su representante recibirá cuando actúe ante un pabellón abarrotado de público ucraniano. No será la primera vez: en las ediciones de 2014 y 2015, los candidatos rusos también fueron recibidos por los eurofans con pitos debido a las políticas homófobas del gobierno de Putin.

Eurovisión 2017 se celebrará los días 9, 11 y 13 de mayo. Un total de 43 países concursarán este año, igualando el máximo registro histórico de participantes del festival alcanzado en 2008 y 2011. A la espera de conocer las canciones y los artistas que pisarán el escenario, todo el protagonismo está ahora centrado en este nuevo conflicto abierto entre dos países vecinos pero totalmente distanciados. Musicalmente, también.