Detalle del proyecto «Antología del artista secreto» (2013), de G. Martín Bermejo
Detalle del proyecto «Antología del artista secreto» (2013), de G. Martín Bermejo - g. martín bermejo
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«Antología del artista secreto»: Guillermo Martín Bermejo se retrata en ABC Cultural

Tiempo de reflexión para Guillermo Martín Bermejo. Su participación en Proyecto ABC Cultural le sirve de resorte al artista para poner en orden ideas y plasmarlar en su dibujo

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Eugenio Granell contaba que, yendo un día de visita a casa de Juan Ramón Jiménez, al llamar a su puerta, le abrió él mismo en persona y le dijo: «Juan Ramón no está». Después volvió a cerrar la puerta y desapareció tras ella.

En seguida me di cuenta de que la anécdota era algo más que una excentricidad del poeta. En ese momento no estaba en la realidad ni dispuesto a soportarla. Estaba en un mundo creado para sí mismo. Un paraíso artificial y silencioso de donde surgía «un arte íntimo, recatado y simbólico», como diría Cansinos Assens.

Replegarse hacia el silencio

Ahora, en el otoño de mi juventud, me doy cuenta de que ha llegado el momento de replegarme hacia ese silencio. Hacia paraísos artificiales de donde surgirán lenguajes secretos. Rituales que fusionan mitología pagana y cristiana, que entremezclan lo extraño y lo pasado, configurando así lo personal y lo actual. Antologías secretas. Pequeños dibujos casi estampas de santos privados. Cuadernos que se fusionan con fieltros cosidos con hilo rojo. Figuras recortadas coloreadas con leves acuarelas. Libros viejos reciclados llenos de personajes dibujados. Carátulas de viejas cintas de adolescencia. Todo ello sobre pequeños pedestales blancos, mesas de madera o vitrinas de cristal que unidos forman altares de una vida que ha renunciado a la realidad.

Como en esta nueva vida se trabaja sin prisa, surge la memoria involuntaria, y dibujar se convierte en escritura en cuanto se habla con símbolos de la intuición. Casi se es dibujo y no dibujante, como Gil de Biedma quería ser poema y no poeta.

Ya no tengo miedo de perderme, de zambullirme, de abandonar el grupo. Arrojarme al mar y no perder el tiempo remando en busca del Vellocino de Oro. Abandonar, sí, pero solo los gritos, porque en el silencio de nuestra habitación sigue surgiendo de ciertos pequeños papeles nuestra azul y sutil melancolía.

Todavía os puedo dejar entreabierta la puerta para vislumbrar mis pequeños tesoros, porque quizá, la próxima vez que llaméis, al abrir os diga: «Guillermo no está».