Matthew McConaughey y Naomi Watts sonríen en la presentación de la película de Van Sant
Matthew McConaughey y Naomi Watts sonríen en la presentación de la película de Van Sant - efe
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Moretti festeja el Día de la Madre y Gus Van Sant el del desmadre

Dos directores, con trayectorias muy singulares, en pos de la Palma de Oro

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A la competición por la Palma de Oro salían ayer dos directores que ya tienen una en su casa, el italiano Nanni Moretti, por «La habitación del hijo», y el estadounidense Gus Van Sant, por «Elephant», dos tipos muy singulares que mantienen una estable relación de amor y odio con la crítica, y así fue con las películas que han traído a esta edición de Cannes: amor para «Mia Madre», de Moretti, y odio para «Sea of trees», de Van Sant. Y en una de las secciones paralelas, en la llamada Quincena de Realizadores, le tocaba el turno a «Un día perfecto», de Fernando León de Aranoa.

Al cine de Nanni Moretti se le ve tanto el ego como a un futbolista sus tatuajes, aunque en esta ocasión explora en un sentimiento tan suyo como de cualquiera: la coreografía de emociones de un hijo ante la madre demolida por la enfermedad y la edad.

Imprescindible Turturro

El talento de Moretti encuentra en sus dos personajes, la hija que interpreta Margherita Buy y el hijo que interpreta él mismo, una de las dos miradas más llenas de adoración y ternura del individuo de nuestra especie, o tal vez de cualquier especie. El tumulto de verbos que contiene el acto de «mirar» de una madre a su bebé que se hace mayor y el de un hombre a su madre que se hace mayor. «Mia Madre» se sitúa lógicamente en un terreno muy esponjoso, y tal vez por ello, para secarlo un poco, Moretti adorna el amargor de su mirada con una situación paralela: el personaje de Margherita Buy es directora de cine y está rodando una película mientras su madre agoniza en un hospital, y procura así un contraplano casi de comedia al plano dramático. Esencial la presencia del actor John Turturro, la estrella italoamericana que llega a rodar a Roma, y que le procura al contraplano de la película enormes dosis de gracia, extravagancia y hasta lucidez.

El caso de Gus Van Sant es sumamente curioso, pues es al tiempo uno de los cineastas más adorados y despreciados por la crítica porque tiene la capacidad, o la clarividencia, de hacer dos tipos de cine, uno «riguroso» y «exigente» (conceptos difíciles de explicar sin ruborizarse pero que forman parte del top ten de adjetivos esenciales del discurso crítico) y otro más mercantil y masticado, y es probable que haya algún espectador que ya comprenda que cuanto más le guste tal película de Gus Van Sant a la crítica, más alejado ha de mantenerse él de ella. «Sea of Trees» no tiene la menor posibilidad de éxito en este festival, y por ello se le quedan abiertas de par en par las puertas a un razonable éxito de público en el mundo. Gus Van Sant cuenta una historia con las emociones excesivamente a flor de piel, y su protagonista, Matthew McConaughey, tiene la desfachatez de enternecerse hasta tal punto que se le caen las lágrimas en varias ocasiones…, a un tipo duro como él. La historia, incluso, podría calificarse de «preciosa», si no fuera porque el guión lo maltrata con tantas perrerías, le llueven tantos golpes, como si fuese el villano de una peli de Van Damme.

Los tiempos de Van Sant

El mar de árboles a que se refiere el título es un curioso bosque en Japón en el que se pierden para siempre aquellos que buscan el suicidio, y en ese espacio mágico o maléfico Gus Van Sant nos presenta a un personaje terminal que busca su salida de la vida (o del bosque) mientras que repasa los recuerdos que le han llevado allí. Dos tiempos, uno trágico, el presente, y otro melodramático, su pasado con una mujer (Naomi Watts) a bordo de una montaña rusa sentimental. Bien es cierto que la película se regodea en ciertos detalles románticos y espirituales que son como un sapo crudo para la garganta de la crítica que más lo adora y que siente como un navajazo que el riguroso Van Sant no es que se pase de frenada en las curvas de la emoción, es que estrella el vehículo contra el quitamiedos.