José Manuel Lucía
José Manuel Lucía - Maya Balanyá

José Manuel Lucía: «Rompo una lanza: Cervantes no fue un fracasado en su época»

El investigador y catedrático de Literatura concluye una biografía del autor del Quijote rompedora de clichés

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José Manuel Lucía (Ibiza, 1967) lleva toda su vida admirando la obra de Cervantes. Catedrático en la Universidad Complutense, ha escrito una novedosa biografía del español más universal, relato trepidante de una vida que necesitaba desnudarse de clichés. En un lugar de la peripecia sabida de cuyo nombre nadie puede acordarse ha encontrado las pistas para que los lectores de hoy podamos mirar con otros ojos al genio del Siglo de Oro, al inventor de la novela moderna, al autor que, por primera vez, hizo un programa literario.

«He querido contar la vida de Cervantes por primera vez sin tratar de explicar por qué escribió el Quijote», afirma Lucía en un «almuerzo cervantino» organizado por la editorial Edaf, que ha publicado los tres tomos de la biografía. Cervantino con migas y huevos, bien regados, a las 11 de la mañana para romper los duelos y quebrantos de cinco años de investigación.

Programa literario

Es la época «literaria» del autor, pasada la juventud de aventuras y batallas y la madurez de medrar en la Corte. En esas dos etapas la escritura había sido paréntesis, letra cosida a los avatares normales de cualquier español del cambio de siglo (XVI a XVII). Pero Cervantes revolucionará la escena libresca callada, irremediablemente, en un Madrid centro del mundo, política y culturalmente hablando, en el que sobrevive al fracaso del Quijote, segunda parte.

Es verdad: «En 1623 aún quedaban 300 ejemplares sin vender de la segunda parte escrita por Cervantes -recuerda Lucía-, cuando Avellaneda había vendido toda la edición y dos reimpresiones en el mismo año de su salida». El cervantista advierte que la idea romántica del Cervantes fracasado es falsa. «Él ya ha triunfado con las Novelas Ejemplares y triunfará con el Persiles».

José Manuel Lucía es vehemente: «Rompo una lanza, no fue un fracasado en su época, se movía como uno más entre cientos de escritores magníficos. No era un “outsider”, está dentro del sistema». Y qué sistema, el Siglo de Oro: las Españas y las letras tan afiladas como las espadas que escriben en el aire, a primera sangre, o balancean la capa, colgadas del cinto. Los corrales de comedias llenos. Un negocio, por primera vez, paralelo al mecenazgo de las casas nobles, en las que los mejores poetas son asalariados. Permite vivir, a unos pocos agraciados por el aplauso del público, o escribir con menos penuria. Y las academias, lugares en los que el mecenas noble y el escritor se miden y hacen alardes y tratos.

«Las Novelas Ejemplares son la mesa de trucos de Cervantes -asevera Lucía-, un catálogo de todo lo que sabe hacer, toca todos los géneros que existen y aporta en cada uno de ellos». Inauguran los últimos tres años de Cervantes, su programa literario, en el que amanece una escritura sin por qué, con el horizonte más allá del pago de 50 ducados por obra teatral o el sueldo de secretario. Escribe su carta dedicatoria al conde de Lemos, llena de pasión de autor, al día siguiente de recibir la extremaunción: «Puesto ya el pie en el estribo...»

Con el pie en el estribo siempre escribe, para escribir. Su obra está en construcción, tras las Novelas Ejemplares, el «Viaje al Parnaso», que le presenta como poeta alegórico, muy del gusto de la nobleza; las 8 comedias y 8 entremeses, como poeta dramático; el «Persiles», como novelista culto, y en medio, de pronto, tras el golpe de Avellaneda, el segundo Quijote, en el que rompe las reglas del decoro, las clases y los límites, por lo que al pasar pocos años se le reivindicará en toda Europa pese a los 300 ejemplares que quedaron sin vender.

La biografía también explica el proceso administrativo para escribir un libro en el Siglo de Oro: el expediente del Quijote. La licencia, la Fe de erratas o incluso la corrección obligada de la escena en la que Don Quijote ora con un rosario hecho del girón de sus calzones y la autoridad manda cambiarlo por semillas enlazadas... En el final de estos cinco años, está también el retrato de un hombre familiar, era cabeza de familia, escritor que funda la literatura moderna. Más allá de los corrales triunfantes, las academias y las calles atestadas, rompió todos los clichés. «He descubierto muchas cosas mientra escribía esta biografía», dice Lucía, y no se las ha guardado.