Las galeras de la Santa Liga lograron detener a los turcos hace hoy más de 400 años
Las galeras de la Santa Liga lograron detener a los turcos hace hoy más de 400 años - Museo Marítimo de Barcelona.
En directo: Recreación de la batalla

Lepanto, el hijo bastardo de España aplasta a la «imbatible» flota turca

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Hasta aquí la narración de la batalla de Lepanto que acabó con la imbatibilidad de la flota turca en el Mediterráneo después de un siglo de dominio. Una batalla donde la primera infantería de marina de la historia, los tercios embarcados, jugó un papel fundamental y las galeazas venecianas dieron una pequeña muestra de la importancia que adquirirán a partir del siglo XVII los barcos fuertemente artillados.

El herido ejército musulmán todavía atacará de forma desesperada una vez más. Casi por despecho, 16 galeras toman el flanco derecho de 8 cristianas en las que están embarcados más de 500 soldados del Tercio de Sicilia. Estos se aprestan a la defensa y, a pesar de que solo salen 50 con vida, logran detener la última carga musulmana.

Uluch Alí, el hombre que reconstruyó la flota turca en un añoEl principal comandante de la flota turca en la batalla de Lepanto fue Alí Pachá, favorito del sultán, quien acabaría la jornada decapitado por un soldado español. Sin embargo, era conocido por todos que la gran amenaza musulmana estaba encarnada en el corsario Uluch Alí (Uluj Alí). Natural de Castella, en Calabria, Uluch fue raptado de niño por los corsarios musulmanes y se convirtió con los años en uno de los marinos más famosos del Magreb. En vísperas de Lepanto, destruyó la flota maltesa en la campaña de Chipre (1570), tras lo cual se unió a la flota estacionada en el golfo cercano a la ciudad griega de Návpaktos, donde tuvo lugar la derrota otomana. Es cierto que los turcos en un año consiguieron recomponer su flota, con la inestimable ayuda de franceses y holandeses que vendieron materiales para la empresa. Uluch Ali, el único de los grandes almirantes turcos que salió con vida de Lepanto, coordinó la creación de los nuevos bajeles que, bajo su dirección, contaron con un diseño de mejorada maniobrabilidad y mayor velocidad. Uluch Ali fue el único almirante turco que logró salir con vida de Lepanto y, al frente de 40 galeras supervivientes, fue recibido en Estambul por el sultán, quien le nombró Almirante jefe y le encargó la reconstrucción de la flota. Un año después, tras arrasar los bosques de Anatolia, 220 galeras estaban listas para continuar con la guerra perpetua. Sin embargo, como ocurrió con la Armada Invencible –también recompuesta en poco más de un año– todo el brillo de sus relucientes cascos no era más que un ardid para ocultar lo obvio: lo material había sido recobrado, no así todos los capitanes, pilotos, marineros e incluso almirantes que jamás en su historia verían equivalente. A finales de su vida, Uluch Ali llegó a ser inmensamente rico (se hallaron en su palacio más de 50.000 monedas de oro) y se alzó en un importante promotor de mezquitas y otras construcciones. El 27 de junio de 1587, falleció con más de 80 años en brazos de su joven mujer.

Por un instante, pareció posible que Juan de Austria y Ali Pachá cruzaran aceros, pero viendo la oportunidad Marco Antonio Colonna acudió con su galera a descargar una ráfaga de arcabuzazos contra la maltrecha galera turca. Álvaro de Bazán también se une al combate que tiene lugar en el corazón de la contienda entre los principales almirantes cristianos y musulmanes.

Tras llegar hasta la popa de «La Sultana» hasta en dos ocasiones, y ser rechazadas en el mismo número, los españoles dirigidos por los capitanes Lope Figueroa y Moncado logran finalmente desbaratar la defensa a ultranza de los jenízaros. Lejos de lo que puede dar a entender el resultado final, la galera de Juan de Austria, que lucha tan expuesto como cualquiera de sus hombres, hubiera caído probablemente sin la ayuda que Luis de Requesens le prestó con dos galeras por la popa de la turca.

Miguel de Cervantes, un héroe heridoDestinado originalmente en la eterna guerra de Flandes, el Tercio del capitán Lope de Figueroa, en el que servía Miguel de Cervantes y mucho después lo haría Lope de Vega, fue reclamado para tomar parte en la llamada Santa Liga, que se proponía presentar duelo al Imperio Otomano. La compañía de Cervantes, dirigida por Diego de Urbina, que armaba una galera llamada «la Marquesa», soportó uno de los ataques de mayor crudeza que recibió la armada cristiana a consecuencia del fallo táctico de Gian Andrea Doria. Entre las seis galeras que se llevaron la peor parte del contraataque de Uluch Alí, estaban «la Marquesa» donde combatía Cervantes.«La Marquesa» fue víctima de una sangría de la cual solo Cervantes y unos pocos pudieron salir con vida. El joven escritor de Alcalá de Henares se encontraba con fiebre en la bodega del barco cuando fue informado de que el combate amenazaba con engullirlos. «Señores, ¿qué se diría de Miguel de Cervantes cuando hasta hoy he servido a Su Majestad en todas las ocasiones de guerra que se han ofrecido? Y así no haré menos en esta jornada, enfermo y con calentura», bramó según la leyenda el escritor de solo veintiún años, que, pese a las protestas de su capitán, fue puesto a cargo de 12 soldado y situado en la zona de proa, allí donde corría más sangre. Cervantes fue herido por dos veces en el pecho y por una en el brazo. Aunque no fue necesario amputación, el escritor perdió la movilidad de la mano izquierdo «para gloria de la diestra».

Al final, la primera en llegar ha sido una galera veneciana quien, lejos de dar tregua al corsario turco, ha decidido cortarle cabeza. Muerto el perro, se acabó la rabia. Sin un líder al que seguir, los turcos se están retirando y, debido a la cercanía con la tierra, están abandonando sus buques para huir por la costa. Los venecianos les persiguen. La venganza está servida, y el flanco ganado.

El flanco ha empezado a tambalearse para los turcos en la izquierda cristiana. El musulmán Siroco, hasta ahora claro vencedor, no sabe qué hacer ahora ante la renovada gallardía veneciana. Muerte, galeras embistiéndose unas a otras… En el flanco izquierdo la lucha se está recrudeciendo.

Error táctico de Doria en el flanco derechoEn una batalla donde en casi en todo momento hubo color cristiano, destaca el que quizás es el único error táctico de la Santa Liga. Una vez dominado el flanco izquierdo, donde los venecianos tuvieron gran protagonismo, la batalla se trasladó al centro donde la infantería de los tercios castellanos impuso su obstinado discurso. Sin embargo, los turcos consiguieron hacerse avanzada la batalla con el flanco derecho cristiano gracias a las hábiles maniobras de Uluch Ali. Así, Gian Andrea Doria y Uluch Ali evitaron la lucha y se enfrascaron en un alarde de maniobras y amagos que terminaron por alejarles a mar abierto, pero que tuvieron por ganador táctico al corsario otomano. Al frente de su flotilla retó a la batalla para aniquilar a 6 galeras, entre ellas la capitana de la Orden de Malta. De nuevo, fue la rápida reacción de Álvaro de Bazán la que alejó la amenaza al instante. Aprovechando el viento a favor, Uluch Ali emprendió su huida del golfo de Lepanto con la flota a su mando casi intacta. Tras la contienda, Gian Andrea Doria –que era sobrino nieto del mítico Andrea Doria que sirvió durante el reinado de Carlos I– fue muy criticado por los venecianos a causa de su actuación en Lepanto. Andrea Doria, cuya excesiva prudencia ya había sido causante en parte del desastre de los Gelves en 1560, fue el único de los principales almirantes que desaconsejaron en vísperas de Lepanto el enfrentamiento contra los otomanos y, durante el combate, perdió el pulso táctico con Uluch Ali. Felipe II, no en vano, mostró mucha paciencia con Andrea, que en 1601 protagonizó también una desastrosa expedición naval a Argel.

Álvaro de Bazán, viendo la brecha que existe en la formación, se apresura a cubrir el hueco dejado por Andrea Doria. Ha logrado llegar hasta esta zona después de socorrer el flanco izquierdo con su flota. Este movimiento obliga a Uluch a ser muy cauto en la zona.

Las galeras han chocado. Como era de esperar, Uluch ha aprovechado su ventaja y enfrenta a cientos de sus hombres contra la solitaria galera de Malta. El combate es encarnizado. Los caballeros se defienden hasta la muerte. Al cabo de varios minutos, poco queda ya de los aguerridos defensores. Tan solo el prior, herido con cinco flechazos, y otros dos caballeros que, de tantos golpes que atesoran, son dados por muertos.

Uluch, que estúpido no es (quizá no se podría decir lo mismo de Doria) se ha percatado de que su enemigo ha dejado un hueco que debe utilizar. Aprovechando la mayor rapidez de sus galeras, ha izado velas y sacado remos y se dirige hacia el flanco sin protección del contingente de Don Juan y, más concretamente, hacia la capitana de Malta.

Retaguardia del legendario Álvaro de BazánUno de las principales aciertos de Juan de Austria es que supo solapar, escuchando con humildad y respeto a los almirante más veteranos bajo su mando, su falta de experiencia manejando un número tan elevado de fuerzas, aunque realmente nadie había estado al mando de una flota así jamás. El bastardo real se dejó aconsejar sobre todo por Luis de Requesens, también presente en la campaña de la Alpujarras, y por Álvaro de Bazán, probablemente el más brillante marino del Mediterráneo.Desde su posición de retaguardia, Bazán reforzó las posiciones más débiles, primero en el flanco izquierdo y más tarde en los otros dos, evitando cualquier opción de contraataque turco. Tras la batalla, Álvaro de Bazán, Lope de Figueroa –que se encargó de llevar la noticia sobre la victoria a Felipe II– y Juan de Austria, entre otros, se convirtieron en las figuras más visibles de una batalla tenida por legendaria en la Europa cristiana. Su estatus de héroe hizo que Felipe II pusiera al granadino al frente de la flota que acompañó al Gran Duque de Alba durante la invasión de Portugal, y más tarde en la primera gran batalla entre galeones, la Terceira. No en vano, el más alto marino que conoció Castilla murió –agotado y enfermo– en los preparativos de la campaña contra Inglaterra de 1588. ¿Hubiera cambiado la suerte de la Armada Invencible la presencia de Bazán?

Doria ha decidido seguir a Uluch y está desplazando sus barcos al flanco derecho español para evitar ser rodeado. Desde la capitana, en plena refriega, Don Juan se ha dado cuenta de que Doria ha dejado desprotegido el centro de la fuerza. Ordena hacerle señales para que vuelva a su posición y no se aleje más. Doria ha ignorado los avisos. Considerando que no debe lealtad a Don Juan, ha decidido continuar su avance hacia la derecha para evitar ser rodeado por Uluch.

Con el flanco izquierdo desarbolado y el centro en plena refriega, todo indicaría que en el lado derecho de la contienda se estaría viviendo una batalla encarnizada... Pero nada más lejos. Doria, por miedo a perder sus naves, se mantiene a distancia de su enemigo más cercano, Uluch.

Por suerte, Juan Bautista ha observado el movimiento y se ha interpuesto entre ambas, hundiendo al enemigo. Colonna vivirá, aparentemente, un día más. Mientras, el combate sigue siendo encarnizado entre las capitanas. Los jenízaros, hábiles guerreros de élite, están poniendo en problemas a los soldados de los Tercios. En el centro, la tensión va en aumento.

Apoyado por sus 300 arcabuceros, Don Juan demuestra su destreza en batalla con la espada en primera línea. Ali prefiere disparar desde la retaguardia con su arco. Una nueva descarga de arcabucería deja momentáneamente a «La Sultana» sin defensores. Sin embargo, rápidamente llegan de las galeras cercanas más combatientes. Parece que la capitana otomana es imposible de tomar.

Como un rayo, han acudido en ayuda de «La Real» las galeras de varios capitanes cristianos como Colonna, Veniero y las de los príncipes de Parma y de Urbino. A Ali Pachá, por su parte, le socorren Pertev, Caracush Mahamut Saiderbey

Un grito resuena por la cubierta de la galera cristiana. ¡A la carga! La batalla hombre contra hombre comienza. En el desconcierto, varias galeras aliadas se han acercado para socorrer a sus respectivas capitanas. Estas se han ubicado paralelas a «La Sultana» y a «La Real» y les envían hombres constantemente para que no sean tomadas por el enemigo.

Tras el impacto inicial, ha llegado la hora de la artillería. Los cañones frontales de «La Sultana» escupen fuego sobre su enemiga, que hace lo propio. Ambas acaban con la vida de decenas de marineros. Sin embargo, el de la capitana cristiana es mucho más eficiente debido ya que carece de espolón y escultura en su frente. Mientras, el fuego de los cañones de Ali Pachá apenas ha alcanzado las jarcias.

Cómo era la tripulación de una galera y su forma de combatirComo explica Fernando Martínez Laínez en su libro «La Guerra del Turco», la galera fue la nave de batalla por excelencia en el Mediterráneo durante siglos a razón de su agilidad y facilidad para maniobrar. En los siglos del enfrentamiento hispanoturco, las galeras solían tener unos 50 metros de eslora por 6 de manga, con una sola cubierta que elevaban su peso hasta las 100 toneladas. Este barco, asimismo, disponía de unos 30 bancos con unos 150 remeros, donde la mayoría eran esclavos o condenados por graves delitos que eran obligados a remar y a malvivir en condiciones insalubres. Junto a los esclavos y condenados (gente de remo o chusma), se encontraban entre la tripulación la «gente de mar», los oficiales, artilleros, servicios y la llamada «gente de guerra». En el bando otomano, la infantería embarcada estaba integrada por leventes (combatientes mercenarios), jenízaros (los soldados de élite turcos) y los Sipahi, que procedían de levas de carácter feudal. El combate entre galeras contaba con dos fases: el combate a distancia, que suponía el intercambio artillero (las galeras estaban equipadas con cañones de un tamaño mediano, donde destacaban las piezas situadas en la proa), y la fase de abordaje. El combate cuerpo a cuerpo que se producía en esta fase daba lugar a un gran número de bajas, dado que no había forma de huir, y dividía las tropas en dos grupos: el «Batallón», que debía quedarse con el capitán a defender el barco, y el «refresco» encargado de la operación de asalto. Este segundo grupo iba armado con morriones, rodelas, espadas, picas, dagas y pistoletes para facilitar el asalto.

Entre la amalgama de buques, todos los soldados pueden ver como «La Sultana», con su proa más recia y contundente, embiste a «La Real». Ha destrozado buena parte del frontal de su enemiga (el castillo de proa) con su espolón, y ambas han quedado encalladas.

Mientras, en el centro, se desarrolla una lucha de egos. Don Juan, al distinguir a «La Sultana» al frente de la formación enemiga, ordena lanzar a «La Real» contra ella. Ali Pachá, en contra de lo que le exhortan sus consejeros, le devuelve el reto y da la orden de embestir a la capitana cristiana.

En el flanco izquierdo se mastica la desesperación. Uno de los oficiales más destacados de Barbarigo, Marino Contarini –también su sobrino-, acude en auxilio de su tío con su galera.

Hacia Barbarigo se dirigen ocho galeras enemigas. Siroco quiere terminar de un golpe con el ánimo del flanco izquierdo cristiano acabando con su hombre al mando y con su galera capitana.

Los barcos de ambas flotas casi pueden tocarse en el flanco izquierdo. Barbarigo da la orden de fuego, al igual que Siroco y, además de los cañones, cortan el aire las flechas musulmanas y los proyectiles de los arcabuces cristianos.

El musulmán ha visto que puede introducir varios barcos en ese hueco. Se ha lanzado como un loco hacia él con la intención de superar los buques de Barbarigo y atacarles por la espalda en un fuego cruzado letal.

A pesar de que Don Juan ha ordenado a Barbarigo pegar sus galeras a la costa, este ha dejado un hueco entre sus barcos y la tierra suficientemente grande como para que lo aproveche Siroco.

En el flanco izquierdo español, Siroco se ha adelantado con intención de arrollar a Barbarigo y rodear el centro de la formación española. El veneciano sale a recibirle. A estos movimientos les sigue un intenso fuego de artillería entre ambos bandos.

Aquellas galeazas, el futuro de la guerra navalLa galeaza era una variante gruesa de la galera que fue empleada por los venecianos en Lepanto como plataforma artillera flotante. Su lentitud, no en vano, hacía que fuera necesario que otras galeras la remolcaran para situarse en la línea de combate. Si bien medía más o menos lo mismo que una galera común, las galeazas podían llevar hasta 70 cañones y representaban la evolución hacia una nueva forma de combatir, lo que en el Atlántico representaban los galeones. Sin embargo en Lepanto, los nuevos tiempos estuvieron representados por la pólvora de los arcabuceros españoles, que fueron claves en el intercambio previo al abordaje. Así, al contrario de lo que la historiografía italiana ha relatado, su participación en Lepanto fue muy limitada. La lucha desembocó tan rápido en un enfrentamiento terrestre en la mar – una inmensa red de galeras enganchadas sirvió de campo de batalla para que la infantería luchara como si de tierra firme se tratara–, que las 6 galeazas que iniciaron un bombardeo sobre el flanco derecho turco rápido se vieron sobrepasadas por las ágiles galeras otomanas que no estaban dispuestas a permitir lances de pólvora.

Los enemigos de la cristiandad ponen proas hacia la flota combinada tras pasar de largo las galeazas, ubicadas a una milla de los cuerpos principales. Ahora va a comenzar realmente la batalla.

Se ha disipado el humo. Los cristianos esperan ansiosos. ¿Habrán funcionado los ingenios artillados? La respuesta es negativa. A pesar de que han causado grandes daños en dos galeras enemigas (a las que han enviado al fondo del mar) su actuación no ha sido determinante. Al menos, han desbaratado el orden inicial de los turcos.

Como estaba previsto, las seis galeazas lanzan una terrible lluvia de plomo sobre las galeras enemigas. El griterío musulmán se acalla ante el estruendo de los incontables disparos de estos ingenios adelantados a su tiempo.

Mientras las galeazas se ubican frente a los tres cuerpos de la Armada combinada, los marinos se arrodillan para lanzar una breve plegaria a los religiosos embarcados. Estos les dan su bendición. Hoy será un gran día para la cristiandad.

Don Juan de Austria ordena a Andrea Doria que no se separe de la fuerza principal y cubra su flanco derecho. Le preocupa sumamente la actitud del oficial, quien parece estar más atento de no perder sus propias naves que de vencer a los infieles.

Los cristianos se han tomado esto como una señal divina. Ahora son ellos los que tienen la capacidad de usar el viento para maniobrar, mientras que los turcos deben sacar los remos para poder mover sus buques. A su vez, el humo provocado por los disparos (tan molesto en batalla) ya no les volverá a la cara, sino que se dirigirá hacia los turcos.

En menos de 10 minutos, comienza el directo de la batalla de Lepanto

Con el frío de la mañana apremiando la llegada de la contienda, Don Juan decide dar una última arenga a sus soldados antes de comenzar la lucha. Para ello, se sube a una pequeña fragata y recorre el frente gritando el siguiente discurso a los venecianos: «Hoy es día de vengar afrentas. En las manos tenéis el remedio de vuestros males. Menead con brío y cólera las espadas». A los españoles, por su parte, les añade: «Hijos, a morir hemos venido, a vencer, si el cielo así lo dispone. No deis ocasión a que, con arrogancia impía, os pregunte el enemigo: ¿dónde está vuestro Dios? Pelead en su santo nombre que, muertos o victoriosos, gozaréis de la inmortalidad». Poco después, Don Juan vuelve a «La Real» y, sobre las 11 de la mañana, dispara un único tiro sobre «La Sultana». Signo de que comienza el combate.

El despliegue de las tropas.Las tropas cristianasDon Juan de Austria divide sus fuerzas en cuatro grupos. Curiosamente, decide incluir en ellos galeras de todas las nacionalidades para evitar problemas y futuras rencillas. No obstante, es igual de cierto que en cada uno de los contingentes hay una mayoría de tropas de una región. -El flanco izquierdo (con la costa a su siniestra) queda al mando del veneciano Agostino Barbarigo, quien dispone de –aproximadamente- 53 galeras y varios buques menores. En principio se le ordena acercarse cuanto más mejor a tierra para evitar ser flanqueado por el enemigo. La mayoría de sus tropas son venecianas. -El centro de la formación está al mando de Don Juan de Austria, quien cuenta con 65 galeras y un número similar de fragatas. Aquí destaca «La Real», la capitana en la que va embarcado el propio bastardo. -El flanco derecho queda al mando de Juan Andrea Doria, quien tiene a su mando entre 50 y 53 galeras, además de una docena de fragatas. Sus órdenes: destruir al turco y proteger el flanco derecho de Don Juan de Austria. -Frente al centro y el flanco derecho cristiano se destaca una pequeña avanzadilla de ocho galeras al mando de Cardona. -En la retaguardia, a una distancia considerable del grueso de las tropas, se destaca el contingente de Álvaro de Bazán. Formado por 35 galeras y una docena de fragatas, su objetivo es servir de refuerzo allí donde la situación lo convenga. En principio el número debía ser 38, pero Don Juan habían enviado tres a un puerto cercano. -Frente a cada uno de los tres cuerpos principales se ubican (remolcadas) dos galeazas, los ingenios armamentísticos cargados con una cincuentena de cañones y otros tantos arcabuceros. Según le han prometido a Don Juan, ayudarán a acabar con multitud de galeras turcas antes siquiera de que comience la contienda. Por último, cabe destacar que en las galeras se destacan varias compañías de arcabuceros, los cuales cuentan con un arma mucho más potente que los viejos arcos musulmanes, pero que solo pueden hacer un disparo por cada tres de sus enemigos. Las tropas turcasPor su parte, los turcos organizan su ejército también en cuatro cuerpos y se despliegan en formación de media luna con el objetivo de envolver los flancos cristianos. -A su izquierda (con Andrea Doria frente a él) se ubica Uluch Alí con sus 61 galeras y 32 galeotas. Ya se había enfrentado anteriormente a Doria y había salido victorioso, por lo que no podía ser mejor rival. -En el centro, frente a Don Juan, se sitúa Ali Pachá con sus 87 galeras y 8 galeotas. Él sienta sus reales en «La Sultana». -En el flanco derecho (con Barbarigo como enemigo) se destaca Siroco, con 51 galeras (según otras fuentes, 60) y dos galeotas. -Dragut quedará en retaguardia con un número que ronda las 30 embarcaciones entre galeras y buques menores. Su objetivo es socorrer a aquel cuerpo que sea desbordado.

Desde la capitana turca (en la que se encuentra la bandera verde del Profeta que garantiza la victoria contra los infieles) empieza a salir una música de címbalos y trompetas que es seguida por el resto de las naves musulmanas. El jolgorio es espectacular. Por su parte, el silencio reina en las galeras cristianas.

El joven Ali Pachá tiene un momento de duda al ver las cuantiosas velas de la armada combinada. Estas se acrecientan cuando dos de sus oficiales (Pertev y Uluch-Ali) le instan a retirarse y ponerse al abrigo de una serie de castillos aliados ubicados en la costa. La respuesta del emisario del sultán es tan clara como la de Juan de Austria: no le dará la satisfacción a los cristianos de ver como huye. La batalla está servida. Don Juan ordena cortar los grilletes de los prisioneros condenados a galeras y entregarles armas. De buena mañana, los dos bandos comienzan a formar sus líneas de batalla en el golfo de Patras.

Cuando la armada llega a la altura de la isla de Oxia, Juan de Austria recibe la noticia más importante de la jornada: velas en el horizonte. Son los buques de Ali pachá. Las diferentes galeras cristianas piden una reunión para determinar el siguiente paso a seguir. Todo queda a la espera de la respuesta del bastardo real. Juan de Austria es tajante: «Señores, ya no es hora de deliberación, sino de combate».

Es domingo 7 de octubre. Como día dedicado al Señor, los soldados de la armada combinada escuchan misa en los diferentes navíos. Posteriormente, continúa la marcha.

La armada combinada leva anclas y endereza proas hacia Oriente. El viento les es propicio. Su plan es descender al sur, hasta las islas de Cursolari o Equinodas, y esperar hallar al enemigo en sus cercanías.

Por su parte, Ali Pachá organiza también un consejo de guerra. En él, sus oficiales discuten acaloradamente la idea de enfrentarse a la Santa Liga. En principio, son muchos los que solicitan prudencia, especialmente Pertev, el general de infantería, quien reitera que la mayoría de los soldados son novatos y es la primera vez en su vida que se suben a una galera. No obstante, el general en jefe es tajante: el sultán les ha ordenado combatir a la cristiandad donde sea, por lo que lucharán. Esta decisión se ve reforzada por la asistencia al consejo de varios «capitanes ardorosos» ansiosos de combatir contra los enemigos de Alá. Habrá batalla.

A la reunión asisten Marco Antonio Colonna, Agostino Barbarigo (un noble veneciano encargado de dirigir una buena parte de las galeras de su país), el Comendador Mayor, el maestre de campo general Ascanio de la Corna, el marqués de Santa Cruz, Juan Andrea Doria, Cardona, los príncipes de Parma y Urbino, Paulo Jordán Ursino, el conde de Priego, don Miguel de Moncada y otros tantos.La mayoría son partidarios de enfrentarse de una vez a los turcos y expulsarles de las aguas. Todos, salvo Juan Andrea Doria quien, por miedo a que Ali Pachá cuente con una flota mayor de lo que creen, aconseja prudencia y no entrar en combate. Finalmente se decide luchar.

Los exploradores informan a Juan de Austria de que la flota enemiga ha sido avistada en el puerto de Lepanto. El bastardo real organiza un consejo de guerra para determinar la forma en que actuará la armada combinada. Parece que ha llegado el momento de combatir.

La flota combinada sale con la vista puesta en el puerto de Corfú (una isla ubicada al noroeste de Grecia). A esta región llegan el 27 de septiembre. Por delante del grueso de la armada se destacan ocho naves de Juan de Cardona con órdenes de explorar la zona. Una vez en Corfú, los buques de la Santa Liga se encuentran con un espectáculo dantesco: la zona ha sido atacada por los turcos, que han destrozado la ciudad a placer y sin apenas oposición. Los oficiales, y especialmente el hijo bastardo de España, claman venganza.

En Mesina, antes de partir, es necesario que más de 4.000 soldados españoles embarquen en las galeras venecianas, pues estas cuentan con un número muy pobre de infantes en su interior, están mal equipadas y, a su vez, no tienen con suficientes combatientes como para poder asaltar los bajeles enemigos. Esta medida es aceptada a regañanadientes por el veterano oficial de 75 años Sebastián Veniero. Tampoco puede hacer mucho más que tragarse la disposición, pues viene del propio Juan de Austria.El bastardo también ordena a sus galeras (que cuentan con 5 cañones en proa) que retiren las hermosas esculturas de la proa de sus cascos y sierren los espolones para que, llegado el momento de disparar, las balas sean más letales al seguir una trayectoria recta.

Llega a Mesina un nuevo emisario del Papa. (Monseñor Odescalco, Obispo de Pena) Su objetivo no es otro que acabar con las dudas que pueda tener Juan de Austria antes de enfrentarse a los turcos y, por descontado, repartir la gracia de Dios entre los soldados cristianos. A su vez, el religioso organiza varias penitencias piadosas como ayunos, hace una confesión general entre los combatientes y lleva a cabo una procesión. Finalmente, da su bendición a cada uno de los barcos del puerto.

Frente a la temible flota de Ai PacháAl mando de Ali Pachá, de quién decían que su juventud era tan grande como su ego, había un total de 274 naves y 35.000 hombres de guerra. A pesar de que el número de naves es mayor que el de los cristianos, sus galeras son considerablemente más pequeñas y sus soldados son bisoños o novatos (muchos no han pisado una galera en su vida). BuquesLa flota de Mehmet Sulik (alias «Siroco», corsario al servicio de Selim) -51 galeras. -2 galeotas. La flota de Ali Pacha (-General en jefe-, a bordo de «La Sultana») -87 galeras. -8 galeotas. La flota de Uluch Alí (un antiguo cristiano convertido al islam) -61 galeras. -32 galeotas.La flota de Amurat Dragut (otro temido corsario de la época) -8 galeras. -21 galeotas o fustas. Infantería-35.000 soldados. (dirigidos por Pertev). Entre ellos, 2.500 jenízaros (soldados de élite del ejército musulmán que se caracterizaban por tener que salvaguardar la vida del sultán).

Las órdenes del sultán han sido claras y directas para sus oficiales: combatir a los cristianos allí donde les encuentren.

La armada turca al mando de Ali Pachá (el general en jefe enviado por el sultán Selim) se posiciona a finales del verano en Prevesa y, desde allí, se dispone a pasar el golfo de Lepanto. Su objetivo es llegar a la zona, asentarse en la posición y aguardar en un lugar seguro por si la flota cristiana se plantea atacarles. Los turcos ya saben de su existencia, pero no tienen constancia de su verdadera magnitud debido a los datos precarios ofrecidos por los soldados cristianos capturados.

Las tropas cristianas reunidas en Mesina.Una vez reunida en el puerto de Mesina, la armada combinada pudo vanagloriarse de estar formada por una intimidante fuerza de galeras (más de 200), fragatas y barcos de menor importancia. Todo ello, aderezado por los soldados españoles más valerosos de la época. BuquesLa flota del Rey español (al mando de Juan de Austria -General en jefe-, quien se encuentra a bordo de la capitana, «La Real») -90 galeras reales (más grandes y mejor armadas que el resto): 14 de España, 30 de Nápoles, 10 de Sicilia, 11 de Juan Andrea Doria, 4 de Pedro Bautista Lomelin, 4 de Juan Ambrosio Negrón, 2 de Jorge Grimaldi, 2 de Estéfano Mari y 1 de Vendinelo Sauli. -50 fragatas y bergantines. -24 naves menores. La flota del Papa (al mando de Marco Antonio Colonna) -12 galeras. -6 fragatas. La flota veneciana (al mando del vetereno Sebastián Veniero, de 75 años) -106 galeras. -20 fragatas. -2 naos. -6 galeazas. Otras galeras -3 galeras de la Orden de Malta. -3 galeras de Génova. -3 galeras del Duque de Saboya. Entre ellas se cuenta la capitana, «La Piamontesa». Infantería29.000 hombres de guerra. Un total de 19.000 soldados son pagados por el rey de España -8.000 españoles. 14 compañías del Tercio de Granada del maestre de campo Lope de Figueroa. 10 compañías del Tercio de Nápoles de Pedro de Padilla. 6 compañías del Tercio de Miguel de Moncada. 9 compañías del Tercio de Sicilia de Diego Enríquez. -11.000 soldados y aventureros pagados por el monarca (1.000 de los cuales se quedaron enfermos en Mesina). 2.000 hombres a las órdenes del Papa y dirigidos por Honorato Gaetano 5.000 soldados de la República de Venecia

Las flotas comienzan a reunirse en Mesina (al sur de Italia). Los primeros en llegar son los malteses con tres navíos.

El comandante en jefe llega a Génova para unirse a los buques comandados por el condotiero (mercenario) al servicio de España Juan Andrea Doria.

Don Juan de Austria sale de Barcelona con 47 galeras españolas en dirección a Mesina.

Don Juan de Austria entra en Barcelona bajo salvas de artillería, sonido de campanas y la aclamación de cientos de personas que han ido a disfrutar de su presencia. Una vez en la zona, convoca a los generales hispanos para que se reúnan con él y puedan iniciar el camino a Mesina. Allí se unirían con su flota a las galeras papales y venecianas y saldrían a dar caza a la potente armada turca que había asolado Chipre.

Sale para Barcelona en coche de caballos Don Juan de Austria para ultimar los preparativos de la gran operación naval que se plantea realizar contra la flota turca. En su viaje, el bastardo se detiene en Montserrat para visitar y orar a la virgen.

Viaja a Madrid el cardenal Miguel Bonelli para presidir en la iglesia de Santa María una misa en honor a Juan de Austria, nuevo Generalísmo de la Armada aliada. El hijo bastardo es visto ya como un salvador de la cristiandad por parte no solo de los líderes y los soldados, sino también del pueblo llano. Los turcos, por su parte, se enteran de que se está armando una flota a su mando y aumentan sus ataques a buques católicos.

Don Juan de Austria, el hijo bastardo que comandó una flota con 24 años.Entre las muchas infidelidades de Carlos I de España, que tuvo al menos cinco hijos fuera del matrimonio, destaca la historia de don Juan de Austria, hijo de Bárbara Blomberg, que era una dama alemana que Carlos I conoció en Ratisbona. Y aunque el emperador del Sacro Imperio Germánico y Rey de «las Españas» no reconoció al niño como hijo suyo a su nacimiento, sí se preocupó de que recibiera una educación acorde a su condición. A su abdicación en 1555, Carlos I de España concedió la Orden del Toisón de Oro a Jeromín y dejó escrito en su testamento: «Por cuando estando yo en Alemania, después que enviudé, tuve un hijo natural de una mujer soltera, el que se llama Jerónimo». Con los años don Juan de Austria se convirtió en un fiel reflejo de lo que había sido su padre y de lo que nunca pudo ser Felipe II: un hábil jinete, un rápido espadachín, un hombre desbordante de ánimo y un amante de la guerra. Tras sofocar la Rebelión de las Alpujarras, don Juan de Austria se postuló para encabezar la coalición cristiana que pretendía hacer frente a la temida flota otomana. Felipe II no puso impedimentos a que su hermano alzara el estandarte de la Santa Liga, pero la decisión corrió directamente a cargo del Papa Pío V que tenía al joven general por un designado de Dios. Don Juan de Austria tuvo un ejercicio perfecto en la batalla de Lepanto. Empleó su afable carácter para mantener en calma las tensas relaciones con Venecia y supo compensar su poca experiencia –solo tenía 24 años– dando voz a consejeros más curtidos en la mar como el irrepetible Álvaro de Bazán que con sus acciones en la retaguardia solapó las brechas.

Como comandante en jefe de esta alianza se seleccionó a Don Juan de Austria, hijo bastardo de Carlos I y favorito del Papa. De hecho, se contaría después que Pío V supo que él iba a ser el elegido mientras ofrecía una misa en Roma. Se había percatado de ello al repetir tres veces durante la oración la frase siguiente: «Hubo un hombre enviado por Dios llamado Juan».

Las condiciones del acuerdo para crear la Santa Liga.Las condiciones del acuerdo de la Santa Liga firmado en mayo de 1571 entre Venecia, España y el Papa: ·La duración de la Liga sería ilimitada. ·La Liga debía ser empleada para atacar a Turquía y sus plazas corsarias en el Norte de África. ·La armada resultante debía estar preparada para entrar en combate en abril de cada año, que es cuando comenzaba la temporada de combates navales. ·España debía sufragar la mitad de los gastos, Venecia una tercera parte y el Papado el resto. ·El generalísimo de la Liga sería Juan de Austria, y cada nación participante (Venecia, la Santa Sede y España) tendrían un capitán general propio. ·Ninguna de las partes podría ajustar la paz con el enemigo por separado, sin participación y acuerdo de las otras do

Pío V fuerza una reunión con los representantes de Venecia y España y, finalmente, se firman los acuerdos de la Santa Liga. La decisión es tomada ante el pavor que genera la potente flota que han logrado reunir los turcos y la conquista de Chipre. Así pues, quedan unidas bajo la misma bandera las regiones de España (que debía sostener el peso de la mitad del total de las naves y los hombres), Venecia, Génova, Malta, el ducado de Saboya, Toscana y los Estados Pontificios. Todos, dispuestos a expulsar a la flota infiel de las aguas del Mediterráneo.

Como reprimenda por la estoica defensa de Famagusta, los asaltantes someten a una severa tortura a Marco Antonio Bragadino, al mando de las defensas cristianas. Le cortan la nariz, las dos orejas, le arrancan la piel a tiras y, finalmente, rellenan esta con paja como si fuera un muñeco.

Tras meses de asedio y de heroica resistencia veneciana (la cual comenzó en mayo), la ciudad de Famagusta cae ante el asedio de más de 150.000 turcos.

La última resistencia cristiana se traslada a Famagusta, una ciudad amuralla ubicada en un puerto al sur oeste de la isla. Son la última resistencia ante el enemigo. Mientras, Venecia intenta negociar con los turcos una paz separada.

La ciudad de Chipre, Nicosia, no puede resistir el asedio de los turcos y cae ante el poderío otomano después de dos meses de asedio. Mueren más de 30.000 personas y son hechas presas otras 20.000.

Los turcos desembarcan en Chipre.

Los representantes de las diferentes armadas se reúnen en Roma para decidir sus objetivos. Sin embargo, no se ponen de acuerdo sobre el futuro de la alianza. Y es que, Venecia únicamente quiere defender Chipre, mientras que Felipe II aspira a vencer a los otomanos. No se llega a ningún acuerdo y Chipre, amenazada por los turcos, queda sin más protección que aquellos soldados que se encuentran en su interior.

Tras tragarse su orgullo y aceptar la alianza con la República de Venecia (con la que tenía una rivalidad de forma tradicional) Felipe II se compromete a aportar a esta alianza 50 galeras comandadas por Juan Andrea Doria. Por su parte, los venecianos afirman que enviarán 136 galeras, 11 galeazas y 14 naves para proteger Chipre cuando se firme la alianza.

Pio V se plantéa movilizar 12 galeras armadas costeadas por su riqueza personal para defender Chipre. A su vez, se propone actuar como mediador con Felipe II para que este acepte formar una Liga Santa que se enfrente a los infieles junto a Venecia. El monarca español acepta, pero solo por defender la iglesia, pues las tiranteces con algunos de sus aliados siguen siendo demasiado consistentes y los conflictos de Flandes, África y Granada tienen su cabeza ocupada.

Los turcos envían un ultimátum a Venecia: o les ceden por las buenas Chipre, o la tomarán por las armas. Por su parte, la región -cansada de los musulmanes- solicita ayuda al Papa y a Felipe II. La respuesta de estos, por el contrario, es lenta e ineficaz.

En 10 minutos comenzamos a narrar «en directo» los hechos que provocaron la batalla de Lepanto #HistoriaenVivoABC #444aniversario Puedes seguirmos en @ABC_Historia y vivir este momento con nosotros en las redes sociales.

Sigue a partir de las 11 de la mañana –la hora en la que tuvo lugar los primeros combates el 7 de octubre de 1571– el directo histórico sobre la batalla de Lepanto en su 444º aniversario. El hijo bastardo de España, Don Juan de Austria, aplasta a la «imbatible» flota turca. Desde las 9:30 empezamos con los movimientos previos.