Recreación del tiranosaurio Timurlengia euotica en su entorno de hace 90 millones de años - Todd Marshall

Los tiranosaurios fueron listos antes de ser grandes

Una nueva especie del tamaño de un caballo, rápida e inteligente, ayuda a explicar cómo surgió el gigantesco T. rex

MADRIDActualizado:

El Tyrannosaurus rex es el dinosaurio carnívoro por excelencia. Un temible depredador, gigante e inteligente, que aterrorizó a buena parte de las criaturas del Cretácico y que ahora es un miembro notable de nuestro imaginario de monstruos cinematográficos. Desde hace tiempo, los paleontólogos conocen, gracias al registro fósil, cómo especies de cuerpo pequeño de la misma familia se convirtieron en el rey de los dinosaurios en el transcurso de 70 millones de años. Pero ahora, los restos de un ejemplar del tamaño de un caballo recién descubierto en el desierto Kyzylkum de Uzbekistán ayudan a entender cómo se produjo esa evolución y sugieren que gran parte ocurrió de repente, hacia el final de ese período.

Los primeros tiranosaurios vivieron durante el período Jurásico, hace unos 170 millones de años, y eran sólo ligeramente más grandes que un ser humano. Sin embargo, durante el cretáceo, unos 100 millones de años más tarde, los tiranosaurios habían evolucionado hasta convertirse en animales como el T. rex, que podía llegar a pesar hasta 7 toneladas.

La nueva especie, llamada Timurlengia euotica, vivió hace unos 90 millones de años y llena un vacío de 20 millones de años en el registro fósil del tiranosaurio. Es un tiranosaurio, sí, pero no es el antepasado directo del T. rex. «Timurlengia era un ágil cazador con dientes como cuchillas adecuadas para cortar la carne», explica Hans Sues, director del Departamento de Paleobiología del Museo Nacional de Historia Natural del Smithsonian.

Del tamaño de un caballo, este animal podía pesar hasta casi 300 kilos, tenía las piernas largas y era un corredor rápido. «Probablemente se alimentaba de los diferentes grandes herbívoros, especialmente de los primeros dinosaurios con pico de pato, que compartían su mundo», apunta el investigador.

Un oído agudo

El cráneo de Timurlengia era mucho más pequeño que el del T. rex, pero el cerebro y los sentidos ya estaban muy desarrollados, según revelan las tomografías computerizadas realizadas a los fósiles. «Timurlengia tenía un gran cerebro y un oído agudo que nos pondría en vergüenza», dice Steve Brusatte, investigador que forma parte del equipo de la Universidad de Edimburgo que describió la especie. «Sólo después de que estos ancestrales tiranosaurios evolucionaran sus cerebros inteligentes y sus agudos sentidos fue posible que adquirieran los tamaños colosales del T. rex. Los tiranosaurios tenían que ser más listos antes de llegar a ser grandes».

En efecto, la investigación, publicada en la revista Proceedings de la Academia Nacional de Ciencias (PNAS), muestra que antes de la evolución de su enorme tamaño, los tiranosaurios habían desarrollado agudos sentidos y habilidades cognitivas, incluyendo la capacidad para oír los sonidos de baja frecuencia. Esto les daba ventaja para llegar a la cima de la cadena alimentaria en el período cretáceo después de que otros grupos de grandes dinosaurios carnívoros se hubieran extinguido hace unos 80 ó 90 millones de años.