La batalla del invierno y el verano, primer premio 2018
La batalla del invierno y el verano, primer premio 2018 - Agricultural University of Georgia, Tbilisi, Georgia

Nunca imaginarías con qué están hechas estas impresionantes obras de arte

La investigación científica no está reñida con el arte, tal y como ha demuestra cada año la Sociedad Estadounidense de Microbiología

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El agar es un ingrediente que forma parte de multitud de recetas por su propiedad gelificante, es decir, para formar gelatinas, debido a que absorbe agua hasta trescientas veces su peso. Se obtiene a partir de algas rojas y tiene la propiedad de solidificarse a 40ºC y licuarse a 100ºC.

Además de esta faceta culinaria, el agar juega un papel muy importante en la microbiología, al tratarse de un componente muy empleado por los científicos como medio de cultivo. El agar permite el crecimiento y el desarrollo de microorganismos permitiendo analizar su comportamiento ante diferentes sustancias y poder trabajar con ellos en el laboratorio.

En el año 2015 la Sociedad Estadounidense de Microbiología decidió combinar ciencia y arte utilizando el agar como soporte artístico, para lo cual crearon un concurso denominado Agar Art (puedes ver los ganadores de 2018 aquí).

Segundo premio 2018
Segundo premio 2018- National Institute of Biomedical Genomics, Kalyani, India

El espíritu de este proyecto es edificar un puente invisible que conecte entre dos mundos, aparentemente tan diferentes, como son la ciencia y el arte. Las reglas son muy sencillas, todas las creaciones artísticas tienen que usar bacterias como elemento pictórico y placas de Petri como lienzo. Los microbiólogos, enfundados en una capa creativa, crean verdaderos collages biológicos utilizando diferentes técnicas para conseguir sus creaciones. Los cultivos de bacilos patógenos se convierten en obras de arte.

El objetivo de este certamen es proporcionar un escenario para la creatividad de los microbiólogos utilizando como herramienta fundamental la diversidad del mundo microbiano. De este modo, los bioartistas pusieron a sus bacterias y levaduras a trabajar generando patrones artísticos.

El arte microbiano utiliza las placas de agar como lienzo y los seres microscópicos realizan las funciones de pintura. Este hecho no debe sorprendernos, especialmente si tenemos en cuenta que algunas especies microbianas llevan unos “apellidos” muy pictóricos: aureus, niger, fluorescens o rubrum, en alusión a los metabolitos que producen o a los pigmentos que contienen.

El resultado final es una obra minimalista, otras veces abstracta, en ocasiones impresionista… que pone de manifiesto la existencia de la proporción y la armonía, en un estallido de color y profundidad.

El jurado que evalúa a los candidatos es muy exigente, no sólo valora la creatividad y el diseño, sino también la precisión científica en la descripción y la accesibilidad para el público general. Es posible que el Agar Art no llegue nunca a los museos, pero lo que no podemos negar es que nos ha enseñado, una vez más, que no podemos poner candados a la creatividad.

Las pinturas de Fleming

El arte de Fleming
El arte de Fleming- Smithsonian

A pesar de lo novedoso que nos pueda parecer esta técnica, el descubridor de las penicilinas –Alexander Fleming (1881-1955) - ya realizaba obras de este tipo. El científico inglés era miembro del Chelsea Arts Club –fundado en 1891- un selecto club integrado por artistas de todos los géneros.

Fleming pintó bailarinas, soldados, casas, madres alimentando a niños, luchando con figuras de palitos y muchas otras escenas en placas de Petri, empleando a los microbios como artistas.

Al principio su paleta de colores era muy básica (marrón, violeta, rosa y rojo) pero con el tiempo se fue enriqueciendo a medida que encontró bacterias capaces de generar los colores que necesitaba.

Son especialmente atractivas unas representaciones en las que aparecen dos fagos peleando en un ring de boxeo. Al parecer durante su vida tan sólo realizó una exhibición artística, a la que acudió la reina de Inglaterra, pero al no encontrar un público favorable, fue tan efímera como la vida de las bacterias que participaban.