Dos portadas de cuentos de Calleja
Dos portadas de cuentos de Calleja - ABC
Refranes

Más cuento que Calleja

El éxito de los pequeños relatos que editó Saturnino Calleja dio origen a este homenaje en forma de dicho popular

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Ha pasado casi un siglo de la muerte de Saturnino Calleja y aún el nombre de la editorial que fundó resuena en el dicho popular «tener más cuento que Calleja». Porque mucho cuento tiene que tener alguien para superar a la famosa Editorial Calleja que llenó tres cuartos de siglo de la vida española de cuentos, expandiendo el gusto por la lectura entre los niños de varias generaciones.

«Los niños pobres de España no habían leído cuentos hasta que los publicó este editor», señalaba el popular cronista Dionisio Pérez que en 1918 llegó a decir: «Yo no conozco en la Historia de nuestro pasado siglo (XIX) una revolución más intensa, más fecunda, que haya roturado más hondamente la conciencia nacional».

Aquellos diminutos primeros cuentos en serie -los más pequeños eran de 5 x 7 centímetros- que comenzó a publicar Calleja a partir de 1884, fueron acogidos con entusiasmo por los niños españoles de finales del siglo XIX por sus portadas en color y sus profusas y cuidadas ilustraciones. Para Saturnino Calleja, el libro había de «entrar por los ojos» y «hacerse simpático antes de conocerlo a fondo». Fue todo un acierto ya que hasta entonces los cuentos infantiles apenas tenían dibujos y éstos solían ser de mala calidad.

Para Calleja los cuentos eran «juguetes instructivos». Además del relato, contenían un pequeño acertijo, un crucigrama o un pequeño fragmento histórico. «Eran cuentos divertidos para que los niños aprendieran pasándoselo bien», señalaba a ABC en 2012 su nieto Enrique Fernández de Córdoba, autor del libro «Saturnino Calleja y su editorial: los cuentos de Calleja y mucho más» (2006), que ha recopilado además las láminas de los mejores ilustradores de la época que trabajaron para la editorial de su abuelo, como Manuel Ángel, Corona, Méndez Bringa, Picolo, Penagos, Tono o Bartolozzi.

Estos libritos ilustrados tenían además un precio ínfimo. Empezaron costando solo 2,5 céntimos, por lo que estaban al alcance de cualquiera.

«Los niños, a la salida de la escuela, lo primero que hacían eran ir con su "perrilla" a comprar los cuentos de Calleja a la tienda de ultramarinos que hubiese más cerca. Aquellos ultramarinos que olían tan ricamente a cosas de ultramar, cacao y canela, y allí vendían junto al chocolate de la merienda, las lindas historias de "Barba Azul" y de "El Gato con Botas"», recordaba en 1945 Saturnino Calleja Gutiérrez, tercer director de la editorial e hijo del fundador.

Saturnino Calleja quiso favorecer la lectura abaratándola al máximo y lo consiguió sacando enormes tiradas de cada ejemplar. El éxito fue rotundo desde el primer momento, todo un logro en una época en la que había un porcentaje de analfabetismo del 75%.

Los veinte cuentos que componían cada colección -Joyas para Niños, Juguetes Instructivos, Cuentos Bonitos...-, cabían en los estuches metálicos con estampaciones en color que vendía también la editorial.

«Don Saturnino fue el primero que tuvo la visión exacta de que los niños acogerían con ilusión y con gran cariño el libro como juguete barato, que ellos mismo pudieran comprar junto al palo de regalina, la trompa o las fototipias o calcamonías que llenaban de rosas y pajaritos los libros de las escuelas, escribió el periodista Emilio F. Asensi en 1945.

La Editorial Calleja publicó unos 1.100 cuentos, así como un gran número de libros de Historia, Literatura, Sociología, Leyes, Medicina, Novela, Diccionarios... Según Enrique Fernández de Córdoba llegó a ser la más importante en lengua española a uno y otro lado del Atlántico. Desapareció por completo a finales de los años cincuenta, pero aún se pueden encontrar sus cuentos a la venta en Internet aunque ahora ya no valen menos que una perra chica.

Saturnino Calleja cuenta con calles con su nombre en diversas localidades, entre ellas Madrid, y desde 2001 con un lugar en el Diccionario de la Real Academia Española por la expresión «tener más cuento que Calleja».