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Los cristianos de Alepo se arman por miedo a los yihadistas radicales

El régimen reparte centenares de rifles de asalto. Aunque recelan de los extremistas, también hay cristianos en la oposición moderada

Día 04/08/2012 - 18.43h

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Ante una situación de guerra que no deja de empeorar, y cuyo final no se vislumbra por ninguna parte, el régimen sirio ha comenzado a armar a grupos cristianos y drusos en Damasco y Alepo, las dos principales ciudades del país. Unas armas que han sido bien recibidas por ambas comunidades, que temen la llegada cada vez más masiva de combatientes islamistas y yihadistas radicales al frente sirio.

«Hemos visto lo que les pasó a los cristianos en Irak. Lo que está sucediendo en Alepo no es una revolución popular por la democracia y la libertad. Los combatientes del denominado Ejército Sirio Libre son radicales suníes que quieren establecer un estado islámico», asegura Abu George, un residente del barrio de Aziza de Alepo, en una entrevista en el diario estadounidense GlobalPost. Un testimonio que da idea de los miedos de esta comunidad, cuya peor pesadilla es que se reproduzcan las matanzas sectarias y las expulsiones forzosas que, en el curso de una década, han drenado casi totalmente a la población cristiana de Irak.

Según Abu George, miembros del partido Baaz de Bashar Al Assad ofrecieron a importantes figuras de la comunidad cristiana en Aziza y otros barrios de Alepo «rifles kalashnikov y pistolas» a finales del año pasado. «Los combatientes armados tomaron la comisaría de policía de Midan, muy cercana a los barrios cristianos. Allí ya no hay policía, así que ¿qué podemos hacer? Vemos en la televisión a hombres jóvenes barbudos gritando “¡Alá es grande!» y llamando al yihad. Tenemos derecho a defendernos nosotros mismos», afirma este hombre.

Pero la oferta del Baaz –que Abu George no precisa si fue aceptada o no en aquel momento- parece haberse transformado en hechos en los últimos días. El pasado 19 de julio, el ejército comenzó a distribuir centenares de ametralladoras AK-47 entre los habitantes cristianos del Viejo Damasco, de acuerdo con residentes de esta comunidad citados por el diario estadounidense «Wall Street Journal».

Desde entonces, más de doscientos rifles han sido entregados a jóvenes cristianos y drusos en los barrios de la capital en los que estos grupos religiosos son mayoritarios, tal y como confirman también algunos activistas de la oposición. La decisión podría estar relacionada con el atentado que un día antes acabó con la vida de los cuatro principales responsables de las fuerzas de seguridad, cuya ejecución –que contó con la complicidad de colaboradores internos- habría incrementado enormemente la sensación de vulnerabilidad de los altos cargos del régimen.

En Siria, los cristianos suponen más de dos millones de personas, aproximadamente un diez por ciento de la población del país. Los drusos, el tres por ciento. Cientos de los aproximadamente cien mil armenios que viven en Alepo han volado en los últimos días a Ereván, la capital de Armenia, para ponerse a salvo.

Ciertamente, estas comunidades podrían tener motivos para preocuparse. Hace dos semanas, el general de brigada Nabil Zugeib, un experto en misiles de confesión cristiana, sobrevivió a un atentado a manos de la milicia «Brigada del Islam», de afiliación salafista. Y en los últimos meses, varios miembros del clan Kasouha, una importante familia cristiana, han sido ejecutados por milicianos en Qusayr, donde la mayoría de los diez mil miembros de esta comunidad han abandonado la localidad, de sesenta mil habitantes. Docenas de ellos siguen desaparecidos, y se teme que hayan sido asesinados por radicales suníes. Y numerosos episodios similares han tenido lugar en la provincia de Homs.

Por sucesos de este tipo, la minoría drusa se ha mantenido leal al régimen desde el principio. No ocurre lo mismo con los cristianos, que en algunos casos han mostrado su apoyo a la oposición moderada. Así ocurre, por ejemplo, con el Bloque Democrático Asirio, que mantiene tres miembros en la asamblea del Consejo Nacional Sirio, la principal plataforma opositora.

Pero en un conflicto como el sirio, también otras comunidades están amenazadas. Ayer, más de una veintena de refugiados palestinos murieron durante un bombardeo con morteros en el campo de Yarmuk, en Damasco, en el transcurso de un combate entre el ejército y los insurgentes.

«La gente se había reunido en un mercado para comprar comida para la cena de ruptura del ayuno de Ramadán. Hubo un primer mortero que mató a seis o siete personas, así que mucha gente corrió a ayudar a los heridos. Entonces, el segundo mortero mató al resto. Fue una masacre», explica a ABC Jacob Al Shami, portavoz del Comité de Coordinación opositor del barrio de Tadamon, situado junto al campo de Yarmuk. «La mayoría de nuestras familias de Tadamon se ha refugiado en Yarmuk, aquí solo quedan los combatientes del Ejército Sirio Libre, por eso lo han atacado», indica en conversación telefónica.

«No podemos confirmar de dónde vinieron los morteros, de las filas del ejército o no», indicó ayer el Observatorio Sirio de Derechos Humanos.

Pero Jacob asegura que fueron disparadas a propósito por las fuerzas de seguridad del régimen. «Los medios del gobierno dicen que ha sido el ESL, pero ellos no tienen morteros», afirma.

Las de Yarmuk no fueron las únicas víctimas de la jornada. «Once manifestantes murieron en el bombardeo de Tadamon, y en la redada posterior. El ESL pudo defender la mayor parte del barrio, pero los miembros del ejército son demasiados. Hay montones de «shabbiha», hay montones de tanques. Muchas casas han sido bombardeadas, incluyendo la mía. Hoy he perdido mi apartamento», explica el opositor con voz trémula. «Pero ya sabíamos que la libertad no llega sin pagar un precio», nos dice, tratando de recuperarse.

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