BIOGRAFÍAS: Wilhelm Keitel, Jefe del Alto Mando Alemán

El mariscal lacayo y cómplice de Hitler

Era la máxima autoridad en la cúpula de los generales alemanes pero en la práctica una marioneta del Führer. Fue ejecutado en Núremberg por crímenes de guerra

Actualizado:

Wilhelm/Keitel/Jefe del Alto Mando Alemán/Helmscherode, 22 de septiembre de 1882-Núremberg, 16 de octubre de 1946/

Destacado oficial de artillería durante la Primera Guerra Mundial y miembro de los Freikorps al término de ésta, Wilhem Keitel fue el responsable del Alto Mando del Ejército alemán, el Oberkommando der Wehrmacht u OKW, durante toda la contienda, un puesto que, aunque meramente administrativo, constituía una suerte de ministerio de la Guerra y quedaba, en cuanto a jerarquía militar, por debajo únicamente del mando de Hitler, que a la sazón era el jefe supremo de las fuerzas armadas alemanas.

Como jefe del OKW, la huella dejada por el mariscal de campo Wilhem Keitel abarca a todas las decisiones y campañas de la Segunda Guerra Mundial. Desde la de Polonia hasta la rendición final en Berlín, que él mismo firmó ante los comisionados soviéticos, pasando por el Armisticio de Francia, la Operación Barbarroja o Kursk. Sus decisiones, sin embargo, no se circunscribieron únicamente a cuestiones militares, sino que fue responsable, o como mínimo aquiescente, con directrices relacionadas con la guerra de exterminio que los nazis llevaban a cabo en los territorios de la URSS y en otras partes de Europa, y con la Solución Final, el genocidio del pueblo judío y las poblaciones racialmente inferiores según los puntos de vista nazis.

Convertido en una marioneta de Hitler, y más a medida que la guerra avanzaba, era conocido despectivamente por otros oficiales del ejército como El Lacayo o El General Sí Señor por su actitud condescendiente y servil ante Hitler. Muy cercano al Führer y miembro de su más íntima camarilla de aduladores, nunca fue capaz de mantener la supuesta independencia del ejército alemán frente al poder político y, a medida que las derrotas se sucedían, fue incapaz de enfrentarse a un cada vez más paranoico Hitler. Tampoco pudo, o no quiso, impedir los irreales planes militares que éste, en su delirio final, imponía a una Wehrmacht cada vez más castigada y debilitada.

Juzgado por crímenes de guerra en los Juicios de Núremberg, fue condenado a muerte y ahorcado el 16 de octubre de 1946.

Archivo Fernández-Xesta.