Poniatowska durante la presentación de «La noche de Tlatelolco»
Poniatowska durante la presentación de «La noche de Tlatelolco» - abc
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Elena Poniatowska: «Tengo diez nietos y tengo que escribir diez libros antes de morir»

El 23 de abril, Elena Poniatowska recogerá el Premio Cervantes. Periodista y escritora; escritora y periodista. En los próximos días se publicará su nueva novela, «El universo o nada»

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Son las cuatro en de la tarde en México y Elena Poniatowska está cansada cuando coge el teléfono. Se le nota: son ochenta y dos años. Me dice con esa naturalidad y dulzura que le caracterizan –una de sus principales armas de trabajo– que «como no he comido todavía, estoy un poco idiota». En absoluto, una delicia escucharla en una conversación de frases más que cortas, quintaesencias. Les juro que como si fuera mi abuela cargada de historias. El próximo mes vendrá a España a recoger el Premio Cervantes, en pocos días saldrá su última novela aquí, El universo o nada, a la par que se reeditan otros títulos. Para colmo, en un avión esta misma semana, coincido en el asiento de al lado con un señor que lee otra obra suya, Paseo de la Reforma. Un cruce de caminos en el aire. Poniatowska es chiquita –«como un perro sentado», dice ella–, pero por dentro, inmensa. «Hay que tomarse las cosas como van viniendo, sin alborotarse demasiado.»

Su familia, vinculada a la nobleza europea, y su infancia tienen una narrativa muy novelesca. ¿Qué recuerda?

Es un tiempo de mucha felicidad. Nací en París en 1932, el 19 de mayo, y vine a México diez años después, en 1942. En París, a pesar de la guerra, fui una niña muy privilegiada. Vivía en una casa con un enorme jardín. La casa estaba llena de obras de arte. Me acuerdo de que mi abuelo era amigo de Debussy, el músico; de Mallarmé, de los franceses más distinguidos. De un actor que se llamaba Sacha Guitry. A cada rato tenía muchas mujeres, pero sólo a la última le dijo: «Tú serás mi viuda». Era una niñez llena de acontecimientos.

«Tengo tendencia a hacerme para atrás. A la flagelación. Mi hijo Felipe me dice “doña flageles”»

Es curioso que con estos mimbres no haya escrito nada.

No tanto eso, pero sí he pensado en escribir una novela sobre los Poniatowski. Sólo que yo no sé lo suficiente. No sé nada de Historia de Polonia, ni de Francia. No sé hablar polaco. Necesitaría dedicarme a ello.

En su llegada a México, ¿cuál fue la primera impresión?

Sí, es un país inmenso. Recuerdo que me asustaron los magueyes (planta de cuyo zumo sale el pulque). Me parecía que marchaban por el desierto. Eran verdes y tenían muchas espinas. Eran picudos y muy altos. Y recuerdo que fue una maravilla ver cantidad de naranjas. En Francia, no había esas pirámides de naranjas.

¿Cuándo llega su decisión de hacerse periodista?

Eso fue mucho después. Antes de ello, estuve estudiando en un convento de monjas, el Sagrado Corazón, en Estados Unidos. Y al regresar tuve la oportunidad, de un día para otro –en México decimos «una chiripa»–, de entrar en el periodismo, y nunca he salido. Esto fue en 1953.

¿Qué le agrada más, que la consideren escritora o periodista?

Me gusta las dos cosas muchísimo, pero siempre dicen que es mucho mejor ser escritora que periodista. Siempre se ningunea mucho a los periodistas.

¿Está de acuerdo?

En absoluto, porque creo que lo que no consignan los periodistas, no existe.

Sus biografías han sido lo que más fama literaria le ha dado. ¿Cómo seleccionó esos personajes cuyas vidas ha recreado?

También he hecho otras muchas cosas: cuentos, novelas que son ficción. Lo que sucede es que las que han tenido más respuesta han sido las biografías. Pero no son biografías estrictamente, porque estas tienen que ser muy exactas. Y cuando no alcanzo o no tengo la exactitud del dato, se pudiera decir que en el aire las compongo… Los personajes a veces los han seleccionado para mí, como Tina Modotti, la fotógrafa italiana que vivió en México. Las otras, han sido personas que me resultaban muy interesantes.

«Se me conoce bien por mi abnegación: primero al trabajo; luego, a mis hijos»

En su mayoría, mujeres.

Claro, en su mayoría, porque en México se las olvida siempre. Pero la única biografía-biografía, en forma y fondo, que he hecho, ha sido sobre un hombre, Guillermo Haro.

Que fue su marido, y al que le ha dedicado dos libros, «La piel del cielo» y «El universo o nada», que sale en España.

Sí, dos libros, pero el primero fue una novela. En este último no hay ninguna invención literaria. Y lo elijo porque aquí en México no le hacen ningún caso a los científicos.

¿Y qué tiene de fascinante Guillermo Haro?

Creo que en América Latina, en general, se piensa –sobre todo nosotros, que tenemos la frontera más grande con Estados Unidos– que todo lo debemos de importar, y que no tenemos que hacer nuestra propia ciencia. Y eso es muy grave porque rezaga a un país, lo retrasa. Y un visionario como Guillermo Haro lo entendió muy pronto; por eso empezó a enviar a las mejores universidades norteamericanas a estudiantes mexicanos, para que demostraran que eran igual de inteligentes y de competentes.

De «El universo o nada», usted ha comentado que no es un libro que se lea de una sentada. ¿Por qué?

Es un libro que habla mucho de ciencia. Es más difícil, por ejemplo, que el dedicado a Leonora Carrington.

Y se lo ha dedicado a una de sus nietas.

Sí, porque tengo que hacer diez libros antes de morir y tengo diez nietos. Este último se lo he dedicado a mi nieta mayor, Inés, y el siguiente, a Tomás.

Hablaba antes de «Leonora», que se centra en la vida de la pintora Leonora Carrington. Muchas de sus obras están dedicadas a mujeres artistas. ¿Eso viene de la relación de su familia con el coleccionismo?

«La única biografía, en forma y fondo, que he hecho, ha sido sobre un hombre: Guillermo Haro»

Yo creo que a lo mejor. Pero, en general, fueron mujeres muy fuertes que me han impactado.

A las puertas de recibir el Premio Cervantes, el próximo mes de abril, ¿cuál cree que es su mejor novela?

Yo no puedo juzgar. Creo que la que voy a escribir. Claro, porque, si no, no creería en ella.

Cuando recibió la noticia, usted comentó que ya estaba en sus últimos años y que pensaba aprovecharlos. ¿Cómo?

Bueno, espero que me dejen aprovecharlos porque es un premio muy absorbente. Aprovecharlos estando en mi casa. Trabajando en esa gran aventura que es la hoja en blanco.

¿Pero que sintió con tal reconocimiento?

No me lo creí. Me siento muy honrada y muy agradecida de compartir este premio con otros autores mexicanos que también lo han recibido, y de estar en la misma lista que María Zambrano y Ana María Matute.

¿Escribe todos los días?

Sí. Soy una mujer disciplinada en ese sentido. Me levanto, salgo con el perro a caminar para que no se haga pipí en la casa. Es un perro labrador negro, grande. Y, luego, ya, me baño, desayuno y me siento a escribir.

¿Sobre qué esta escribiendo «ahorita» mismo, como dice?

Sobre la segunda mujer de Rivera, que se llama Lupe Marín.

¿Y cuáles son los ocho libros que le quedan por acometer? ¿Tiene pensado el tema?

El que ya le he dicho y el que haré sobre los Poniatowski.

Dicen de usted quienes la conocen bien que se caracteriza por su abnegación.

Sí, a mi trabajo. Claro. Luego, a mis hijos.

También por un cierto sentimiento de culpa por lo que sucede en México, su país.

«Cuando no alcanzo o no tengo la exactitud del dato, en el aire compongo mis biografías»

Siempre me ha interesado muchísimo, desde la masacre de octubre de 1968. Me preocupa mucho lo que puede sucederles a los jóvenes.

De aquel tiempo a ahora, ¿no cree que México no ha cambiando demasiado?

Creo que estamos peor que entonces, porque la guerra contra el narcotráfico que desató el presidente Calderón ha causado muchas muertes y cosas que nunca habíamos visto antes, como hombres sin cabeza, colgados de los puentes peatonales. En México, el valor a la vida es letra muerta.

Se dice de usted que ama más a México que algunos mexicanos. ¿Ha tenido la tentación de abandonar el país?

No, nunca. Claro, aunque yo viviría muy bien en París, allí nací, pero ya es tarde.

¿Le habría gustado que su familia hubiera venido a España?

Mi padre estuvo preso en Jaca cuando atravesó los Pirineos para ir a alcanzar a De Gaulle. En España me han consentido mucho.

¿Crée que México cambiará su trayectoria?

Lo espero y deseo con vehemencia.

Una curiosidad femenina: ¿se considera coqueta?

Pues espero que sí. Ahorita, estoy superpreocupada con el vestido para la ceremonia del premio. Ahorita me probé uno y todos me decían que parecía una tienda de campaña, que estaba espantosa, que no me fuera a poner eso. En general, no estoy tan pendiente, pero ahora sí.

Aún le queda un poco de tiempo para dar con el vestido.

¡Ay, gracias por animarme!

Estoy convencida de que estará estupenda. Ha sido una mujer muy atractiva.

¡Ay, si soy del tamaño de un perro sentado, cómo voy a ser guapa!

Tiene un gran poder de seducción: no he escuchado ni leído una mala palabra sobre usted.

Se lo agradezco mucho. Ahorita me siento muy nerviosa con lo que va a suceder y espero que todo salga bien.

Confiéseme algún defecto.

«Creo en verdad que lo que no consignan los periodistas, no existe»

Bueno, tengo a veces tendencia, pues como dicen, a hacerme para atrás. A la flagelación. Mi hijo Felipe me dice «doña flageles». No soy nada condescendiente conmigo misma.

Siempre tiene una sonrisa en la boca y también sonríe con los ojos. ¿Qué le entristece?

Me entristece mucho el pasado. Cuando pienso en los que se fueron. José Emilio Pacheco, hace apenas unos meses. Pienso mucho en los muertos. Este es un país donde se rinde culto a los muertos. Somos calavera.

Regresemos al periodismo: siempre ha defendido la crónica periodística.

Sí, porque mezcla la realidad con literatura, las voces. Intervienen las propias impresiones, las emociones. Por eso me gusta este género. En México no se necesitan novelistas porque tenemos cronistas estupendos.

He encontrado una entrevista que le hizo a Diego Rivera siendo muy joven, y me gustaría repetirle una serie de preguntas del cuestionario. La primera: ¿por qué personaje histórico siente mayor admiración?

Me parece mágica y muy sorprendente Juana de Arco.

Una mujer de nuevo.

Sí, y admiro muchísimo a Jesusa Palancares, la protagonista de Hasta no verte, Jesús mío. Es totalmente irrepetible.

Segunda pregunta: ¿por qué defectos siente mayor indulgencia?

Por la gente que se distrae. Mi madre era muy distraída. A veces me llamaba como a su perro: Pipo.

Tercera cuestión: ¿podría darme una definición de su carácter?

Soy muy constante y muy obstinada. Además, soy Tauro.

Aquí meto una coda mía: ¿guarda algún secreto?

Todos tenemos secretos. Yo los tengo, pero guardo más secretos de los demás. Y el secreto que me contaron algunos también se fue a la tumba con ellos. Yo lo debo guardar para siempre.

«Pienso mucho en los muertos. Este es un país donde se les rinde culto. Somos calavera»

¿Cuál es el escritor que más le ha impresionado?

Muchísimos. Pero siempre hablo de Mercè Rodoreda, la autora de La plaza del Diamente. Me llamó la atención por su visión de la Guerra Civil de España. También me gustó la brasileña Clarice Lispector.

¿Y que sea hombre?

Admiro mucho a Juan Rulfo.

¿Cómo ve las nuevas generaciones?

Yuri Herrera, que ahora est á escribiendo sobre el narcotráfico, es muy interesante, un escritor muy notable.