Hayedo de Irati
Hayedo de Irati - Archivo de Turismo «Reyno de Navarra»
OTOÑO

Quince soberbios hayedos de España

Rutas inolvidables para descubrir los reinos más bellos del otoño

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  1. Irati. Navarra

    Archivo de Turismo «Reyno de Navarra»

    La imposibilidad de hacerle justicia a este hayedo-abetal situado en el Pirineo navarro es palpable, pues hablamos de un lugar real, no de una creación literaria, aunque su ubicación natural sería precisamente el reino de las hadas. Hay estudios que alaban el carácter terapéutico de los bosques caducifolios para alejar el estrés. Que el visitante se sienta, pues, dichoso de vagar por Irati, aunque luego le cueste describir su experiencia de forma cabal. Aquí los árboles mueren de pie, viejos y rodeados de vástagos, y proponen silencio: para escuchar el viento que baja del monte de la Cuestión, el toc-toc insistente del pájaro carpintero en busca de larvas enquistadas en la corteza, el rumor de los riachuelos donde las hojas caídas prosiguen su viaje... Y también el lamento del fantasma de doña Juana de Labrit, madre de Enrique IV, rey de Francia, envenenada en París en vísperas de la trágica noche de San Bartolomé, que en los días de tormenta se pasea por Irati de la mano de brujas y lamias. A este lugar mágico se accede por Orbaizeta en su costado occidental y por Ochagavía en el oriental. Existen numerosas posibilidades de paseos y travesías a pie o en bicicleta. Más información: www.irati.org

  2. Urbasa. Navarra

    Archivo de Turismo «Reyno de Navarra»

    En el borde del balcón de Pilatos se detiene el tiempo. La naturaleza cogió el cincel y esculpió allí un impresionante anfiteatro rocoso, la joya de la Sierra de Urbasa. Ese circo que se cierra en escarpados farallones y se abre en un valle fresco y arbolado esconde un secreto. El suelo kárstico se queda gran parte de las humedades que llegan del Cantábrico; apenas hay ríos de superficie, porque el agua se filtra por grietas y simas formando una red subterránea. Pero en la pared del Capellán hay un rebosadero; el agua se despeña en cascadas y, tras una caída de cien metros, da vida al río Urederra. La excursión a este nacedero transcurre entre una frondosa vegetación donde dominan las hayas. El hombre ha habitado estos lugares desde hace 100.000 años. Durante siglos, el bosque fue explotado para la obtención de leña, carbón vegetal y pastos, usos tradicionales que hoy conviven con la conservación del paisaje y su biodiversidad. Las huellas de la presencia humana son apreciables en los itinerarios de la meseta. Restos de calzadas y puentes, carboneras y chabolas, caños donde brota el agua cristalina. Los bloques de rocas calizas desprendidos del acantilado han permitido que entre sus fisuras crezcan hayas centenarias. El haya sobre la piedra, una imagen que se grapa en la mente del visitante de Urbasa. Más información: www.parquedeurbasa.es

  3. Saja-Besaya. Cantabria

    Un grupo de senderistas hace un alto en el embalse de la Cohílla del Camino del Potro, en el Parque Natural Saja-Besaya
    Un grupo de senderistas hace un alto en el embalse de la Cohílla del Camino del Potro, en el Parque Natural Saja-Besaya

    El norte que se asoma al Cantábrico tiene las espaldas cubiertas por algunas de las masas forestales mejor conservadas de la península Ibérica. El Parque Natural Saja-Besaya, flanqueado por las cuencas de los ríos a los que debe su nombre, presume de un bosque caducifolio de ensueño, especialmente representado por el haya y su socio favorito, el roble. Para recorrerlo existen diferentes rutas: valle del arroyo del Diablo, o la pista de Ozcaba a Bárcena Mayor (pueblo declarado conjunto histórico-artístico). Conviene visitar el Centro de Interpretación situado en la aldea de Saja. La riqueza faunística del parque es notable, con especies como jabalí, nutria, lobo, águila real, corzo y ciervo, cuya berrea otoñal atrae a miles de curiosos. En la zona sur del parque es posible observar al oso pardo. Más información: www.sajabesaya.tk

    [Uno de nuestros lectores nos hizo esta recomendación el pasado otoño: El Saja, Liébana, Caso, Ponga... Esos lugares y la luz en contraste con la Cordillera Cantábrica, de la que participan en su parte nuclear de Los Picos de Europa, ofrecen el festival cromático más asombroso de dorados en cualquier hora, desde la amanecida hasta el ocaso. Pues, debido a la flora también otoñal, musgos y líquenes, y, sobre todo al murallón de calizas que se visten de añil y naranja con los horizontes del Cantábrico bañados de bermellones por las tardes, agotan una paleta bien provista. Prueben y disfruten y verán que la lista de diez reta a la aritmética crítica].

    [Nuestra colaboradora Mar Ramírez nos recomienda además los hayedos situados alrededor del túnel de la Engaña].

  4. Aizkorri-Aratz. Guipúzcoa y Álava

    Mirador junto al sendero en el parque natural de Aizkorri-Aratz
    Mirador junto al sendero en el parque natural de Aizkorri-Aratz

    Este espacio protegido alberga uno de los tesoros naturales más significativos de la cornisa cantábrica y posee, además, un marcado carácter etnológico y religioso. Por sus trochas pasaron a lo largo de los siglos desde reyes a pastores, desde peregrinos a montañeros. En este entorno privilegiado, el santuario de Arantzazu se ha convertido en un faro de fe y cultura en Euskadi. El hayedo de la sierra de Altzania es, probablemente, el más hermoso de los rincones del parque, aunque los monumentales árboles trasmochos de Iturrigorri, en Oñati, merecen una visita como símbolo de la actividad forestal realizada en estos montes desde tiempo inmemorial. aquí

    Más información aquí.

  5. Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido

    Últimos rayos del sol otoñal sobrela Muralla de la Fracuata en el Valle de Ordesa
    Últimos rayos del sol otoñal sobrela Muralla de la Fracuata en el Valle de Ordesa - EFE/PABLO OTÍN

    Este monumento calizo que asombra en todas las estaciones muestra en otoño su cara más espectacular. Para gran parte de sus visitantes, el parque se circunscribe a la hoz de Ordesa, con sus praderas, paredones, fajas, cascadas y bosques. La belleza de este rincón pirenaico es homologable al de los grandes espacios naturales del mundo. La pista que atraviesa sus atracciones se adentra en un hayedo mágico, arrullado por el murmullo del río Arazas. Pero Ordesa es mucho más. Basta con coger altura para alcanzar la perspectiva del quebrantahuesos, en la sierra de las Cutas, y convertir a los senderistas en una procesión de hormigas y el hayedo en un brochazo ocre casi impresionista. Más arboledas de cuento pueden encontrarse en las otras tres rasgaduras del parque: Añisclo, Escuaín y Pineta. Añisclo, el cañón más largo y angosto, se recorre en coche durante su primer tramo por una de las carreteras más vertiginosas de los Pirineos. Desde Escalona la pista discurre pegada al acantilado y asomada al río Bellós, y es de dirección única por razones obvias, ofreciendo la escapatoria por Buerba o Fanlo, excelentes muestras de arquitectura montañesa. Subiendo a Buerba hay un mirador para contemplar los majestuosos contrafuertes del cañón y su avance zigzagueante hacia el corazón de la espesura multicolor, y más allá. Aquí se da el fenómeno de la inversión térmica: los pisos de vegetación se intercambian, de modo que las formaciones más secas y que soportan menos el frío (carrascales) se instalan en las zonas más altas, mientras que hayedos y bosques mixtos prosperan en el fondo del barranco. Más información: www.ordesa.net

  6. Los Cameros. La Rioja

    Hayas en Villoslada de Cameros
    Hayas en Villoslada de Cameros

    «Ya se van los pastores, ya se van marchando, ya se queda la sierra triste y callando. Ya se van los pastores para Extremadura, ya se queda la sierra triste y oscura. Más de cuatro zagalas quedan llorando». Es probable que, si usted lleva un número razonable de años en este mundo, alguna vez haya escuchado esta tonadilla popular. Su origen está en Los Cameros, tierra de trashumancia. Y de contrastes. Camero Viejo es de una belleza dura, áspera. Camero Nuevo es pura exuberancia de hayedos y robledales. Allí se encuentra el Parque Natural de la Sierra Cebollera, que junto a las sierras de la Demanda y Urbión forma el meollo del Sistema Ibérico. En Villoslada está el Centro de Interpretación del parque. Un buen comienzo para poder adentrarse en los senderos de la cuenca alta del río Iregua en busca de colores otoñales. Por ejemplo, el que nos lleva al paraje del Achichuelo, donde se juntan las aguas del barranco de «La Chihuelo» (su nombre original) con las del Iregua. Más información: www.lariojaturismo.com

    El periodista riojano Pablo G. Mancha nos sugiere además el hayedo de El Rajao, una imponente masa arbórea de hayas, robles y pinos, muy característica de las umbrías de la Sierra de la Demanda y que configura uno de los enclaves naturales más íntimos y hermosos de La Rioja].

  7. Montseny. Barcelona

    Los colores del otoño en Montseny
    Los colores del otoño en Montseny - Turisme Montseny

    El macizo del Montseny se riega con los vientos húmedos procedentes del Mediterráneo, que disparan los niveles de pluviosidad en algunas zonas del parque. Las diferencias de humedad y temperatura disponen la vegetación en forma de pisos: en las partes bajas prospera el bosque mediterráneo (encinares, alcornocales y pinares); más arriba, el robledal, y por encima de los mil metros, los hayedos y abetales. En las cumbres encontramos ambientes subalpinos (matorrales y prados). A tal variedad de paisajes le corresponde una extraordinaria diversidad faunística: 270 especies de vertebrados. La parte etnológica posee un gran interés. La brujería arraigó al abrigo de los bosques, y se dice que aún perviven los grimorios, libros de fórmulas mágicas que pasan de generación en generación. Su accidentada orografía también sirvió de refugio a bandoleros y trabucaires (combatientes irregulares de la guerra contra la Francia napoleónica que, con el paso de las décadas, devinieron en partidas carlistas). Entre las múltiples rutas la más otoñal es la del hayedo de Santa Fe, tomando como referencia la villa de Fogars de Montclús. Más información aquí.

  8. La Pedrosa. Segovia

    Hayedo de La Pedrosa, cerca de Riaza (Segovia)
    Hayedo de La Pedrosa, cerca de Riaza (Segovia) - PABLO SÁNCHEZ

    También nombrado como hayedo de Riofrío de Riaza formaría, junto con el de Montejo y el de Tejera Negra, una legendaria tríada de rarezas en el centro de la península. De los tres, este es el menos conocido, al que se llega por carreteras más secundarias. Desde Riofrío se asciende al puerto de la Quesera hasta que nos topamos con el hayedo. Lo más práctico es subir hasta el puerto y deshacer el camino a pie. El pequeño hayedo trepa por fuertes pendientes acompañado por robles, serbales, acebos, abedules y tejos. En los alrededores se encuentra el santuario de la Virgen de Hontanares, rodeado de un extenso bosque de roble melojo de ejemplares centenarios y praderas donde disfrutar de un picnic. Para los espíritus más montaraces, la ascensión al Pico del Lobo (2.273), el más alto del macizo de Ayllón (y de la provincia de Guadalajara), es una posible tentación. Reserve parte de su tiempo para visitar Riaza, Ayllón... o los pueblos de arquitectura roja y negra, como Villacorta, Madriguera, El Muyo o Majaelrayo. Más información aquí.

  9. Montejo de la Sierra. Madrid

    Hayedo de Montejo, en pleno otoño
    Hayedo de Montejo, en pleno otoño

    Las tierras de la Sierra del Rincón (conocida también como Sierra Pobre), situada entre las estribaciones de Somosierra y el macizo de Ayllón, fueron utilizadas por los nobles para el ocio y la caza. Después evolucionaron hacia los aprovechamientos tradicionales, con dominio de la ganadería. Desde hace unos años el potencial turístico de la comarca aconsejó regular el acceso al hayedo de Montejo, una reliquia de los tiempos fríos que trepa por la parte umbría de El Chaparral, monte de 250 hectáreas llamado así por la presencia de chaparros (pequeños robles). Corzos y jabalíes encuentran un refugio impagable donde no falta alimento en los meses de aprovisionamiento previos al invierno. Ayucos, bellotas y bayas se prodigan en árboles y arbustos. Pero son las hayas de troncos retorcidos las que seducen y asombran.

    Las visitas al hayedo estén restringidas y hay que obtener un permiso, que puede conseguirse en el Centro de Recursos en el mismo momento de llegar (Centro de Recursos e Información Reserva de la Biosfera Sierra del Rincón. C/ Real, 64 – Montejo de la Sierra). Los pases presenciales suponen un 50% de las autorizaciones totales. Otra forma de reservar es a traves de Internet, en esta pagina, aunque durante el mes de noviembre es casi imposible encontrar una plaza por esta vía. Información: 91 869 70 58.

  10. Tejera Negra. Guadalajara

    Hayedo de Tejera Negra
    Hayedo de Tejera Negra - José Luis Muñoz Criado

    Hace un par de décadas los amantes de los bosques caducifolios se podían dejar caer por el hayedo de Tejera Negra sin previo aviso, e incluso acampar en sus puertas, pasear sin aglomeraciones por sus senderos, aliarse con el silencio para sorprender a algún corzo, refugiarse de la lluvia bajo un tejo y comer los frutos del madroño. La notoriedad de este bosque relíctico aconsejó poner númerus clausus para el acceso en coche, aunque con tiempo y ánimo se puede ir caminando desde Cantalojas siguiendo el curso del río Lillas. El premio merece la pena: un hayedo de postal con rutas circulares señalizadas y cresterías rocosas en el horizonte, donde bate sus alas el águila real. Más información aquí, donde se pueden gestionar las reservas para el aparcamiento.

  11. Bosque de Hormas. León

    Las hayas y los robles albares reinan en el bosque de Hormas
    Las hayas y los robles albares reinan en el bosque de Hormas - ANA M. DÍEZ

    Los hayedos que rodean Riaño, con excelentes vistas hacia Picos de Europa y las montañas del Carrión, es nuestro siguiente destino. Entre Horcadas, Carande y Riaño, alrededor del Pico Gilbo, encontraremos los bosques de robles, hayas, avellanos... Una de las rutas posibles es la LE 21 Mirva-Rabanal, con principio y fin en Burón, de trece kilómetros en total.

    Uno paraje digino de conocerse es el de Tierras de Vadinia. Allí, entre los términos municipales de Riaño y Boca de Huérgano, encontraremos el Bosque de Hormas, con una superficie de más de 2.500 Ha. Veremos hayas y robles albares, y también acebales, avellanos, arándanos y genistas, siempre con un alto nivel de conservación.

    El bosque en la actualidad es una zona de acceso restringido por lo que para su visita tiene que solicitarse en la Sección de Espacios Naturales y Especies Protegidas de la Junta de Castilla y León, en León, o bien en las Casas del Parque de Valdeburón (en Lario) o Valle del Porma-Torreón (en Puebla de Lillo). No obstante puede realizarse una vista del bosque siguiendo la carretera de Riaño a Boca de Huérgano y por las rutas de libre acceso habilitadas por la zona.

  12. Hayedo de Somiedo. Asturias

    Un paisaje de Somiedo
    Un paisaje de Somiedo - TURISMO DE ASTURIAS/JUANJO ARROYO

    El Parque Natural de Somiedo tiene 29.122 hectáreas. Se trata de uno de los espacios protegidos mejor conservados de Asturias. Los hayedos son los bosques más frecuentes en esta zona, con 4.554 hectáreas, sobre todo en las zonas más altas, entre los 600 y los 1.000 metros. Una de las zonas de hayas más espectaculares en el Bosque de la Enraimada, en Coto de Buenamadre, pueblo situado a unos 80 kilómetros al sur de Oviedo. El bosque es una zona de uso restringido: está prohibido abandonar el sendero y hay que mantener un relativo silencio para zambullirse en la belleza del entorno.

    [Nuestra colaboradora Mar Ramírez añade Muniellos y Monasterio Hermo. Hayedos con el sabor de otoño asturiano]

  13. Selva de Oza. Pirineo Aragonés

    Una de las sendas de la selva de Oza
    Una de las sendas de la selva de Oza - TUROL JONES

    Hay hayedos en Huesca y en Zaragoza, pero en los valles más occidentales del Pirineo están los más extensos. Por ejemplo, la Selva de Oza en el valle de Hecho, el de Zuriza en el valle de Ansó, los hayedos de la cabecera del río Aragón, las selvas de Sallent y Lanuza o la selva del Betato en Piedrafita de Jaca (Valle de Tena).

    Un recorrido clásico es el Selva de Oza - Aguas Tuertas, de unos 20 kilómetros. Se puede hacer completo, en unas cinco o seis horas, pero no faltan los excursionistas que se quedan en la primera parte del recorrido, llena de hayas. La senda comienza en Selva de Oza, a donde se llega en coche desde Hecho o Siresa. En ese primer tramo, el recorrido está asfaltado, rodeado de hayas y abetos, junto al río Aragón Subordán. Muchas de las excursiones por la zona comparten este tramo, aunque luego cada uno, según sus fuerzas y disposición, continúa hacia otras metas.

  14. Señorío de Bértiz, Navarra

    Foto del Facebook del Parque Natural Señorio de Bertiz/JOSÉ RAMÓN CARMONA

    Ponemos rumbo a Oieregi, a unos 40 kilómetros al norte de Pamplona. Allí se halla el Parque Natural Señorío de Bértiz. En sus 2.052 hectáreas, las hayas son mayoría, aunque también hay importantes manchas de robledal. Sus orígenes se remontan a finales del siglo XIV, pero el actual esplendor del recinto se debe al último señor de Bértiz, don Pedro Ciga, quien donó la finca en 1949 al Gobierno de Navarra.

    En la entrada del hoy Parque Natural se encuentra el jardín botánico, un pequeño tesoro en el que admirar más de 120 especies de árboles y arbustos diferentes. Fue diseñado por un jardinero francés en 1847, aunque también fue don Pedro Ciga quien lo amplió a principios del siglo XX.

    Dentro del parque natural, hay varios senderos para «zambullirse» en el otoño. El de Aizkolegi, una pista de 11 kilómetros que nos llevará hasta el punto más alto de Bértiz, el palacio de Aizkolegi; el de Plazazelai, recorrido lineal de 8 kilómetros, y la senda Irretarazu, de 7 kilómetros.

  15. Hayedo de Otzarreta. Gorbea. Vizcaya

    Vista del Hayedo de Otzarreta, Gorbea
    Vista del Hayedo de Otzarreta, Gorbea - JOSÉ ANTONIO BARRENETXEA

    Cerca de Bilbao. Por la carretera N-240 (Bilbao- Vitoria) hay que llegar al puerto de Barazar. Allí tomaremos la pista que conduce al cruce donde se inicia la ruta por uno de los hayedos más fotogénicos de la península y al humedal de Saldropo. Las ramas de las hayas no crecen horizontalmente, como es común, sino verticalmente.