Fotografias cedidas por el Archivo de Turismo Reyno de Navarra

IRATIAsí es el gran hayedo del sur de Europa

El gran espectáculo natural del otoño abre el telón en el Pirineo de Navarra

Mar de Alvear
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Es uno de los destinos otoñales por antonomasia. Quienes aman la naturaleza saben que, al menos una vez en su vida, no deberían perderse el espectáculo cromático que supone visitar este tesoro enmarcado entre Navarra y Francia. Si usted pertenece a dicha nómina y todavía no ha visitado este rincón, ahora pintado en tonos rojos, naranjas y ocres, es el momento de programar su viaje. No tarde porque el color de las hojas, del mismo modo que llegó, pasará.

Está considerado como uno de los mayores hayedos de Europa. También se encuentran abetos, pinos, robles, alerces y pastizales. Ocupa más de 17.000 hectáreas de una cuenca rodeada por montañas que pertenece a cuatro valles, dos en cada vertiente del Pirineo. Son los de Aezkoa, Salazar, Cize y Soule.

Para llegar hasta allí existen dos accesos. El de Ochagavía, que es el pueblo de mayor tamaño del Valle de Salazar, trascurre por 24 kilómetros de carretera de montaña que se traducen en 40 minutos de coche. O desde Orbaizeta, tomando la carretera hasta las ruinas de la Real Fábrica de Armas, antes de llegar hasta ella, un desvío conduce hasta el embalse de Irabia, muy próximo a la frontera con Francia. Precisamente este embalse parece un pequeño lago en medio de la inmensidad del bosque. Rodearlo supone un agradable recorrido de 9,5 kilómetros y, no lejos de allí, se encuentra la Ermita Nuestra Señora de las Nieves.

Sea cual sea la ruta de acceso, es preciso pagar la tasa de mantenimiento de la selva (moto o coche, entre 1 y 5 euros) y aparcar en el aparcamiento indicado. Junto con el «ticket», entregan un mapa y, a partir de ahí, solo se permite circular a pie o en bicicleta.

Las posibilidades son múltiples. Por ello, se aconseja preparar la visita y decidir qué ruta tomar y cuántos kilómetros es posible recorrer. Existen paseos y travesías a pie, más o menos cortos, así como en bicicleta de montaña. La red de senderosseñalizados en verde y blanco, y de hasta 10 kilómetros, son una buena opción para personas poco curtidas en la montaña así como para niños o mayores. Entre los recorridos más suaves y cómodos, se encuentra el de la cascada del Cubo, con apenas dos kilómetros y medio, ida y vuelta. Cabe destacar que durante el otoño, cada sábado, el Centro de la Naturaleza de Selva de Irati promueve visitas guiadas. Por ejemplo, al Mirador de Pikatua, que ofrece unas impresionantes vistas de la selva, de la Sierra de Abodi y del pico Ori.

Archivo de Turismo 'Reyno de Navarra'
Archivo de Turismo 'Reyno de Navarra'

Además, quienes vinculan el otoño a la micología, también disfrutarán aquí. Si bien la recogida de hongos y de setas está regulada, y se exige un permiso diario o de temporada de carácter personal. (A partir de 8 euros).

La Selva de Irati es uno de esos lugares que hay que conocer. Su atractivo siempre es incuestionable, pero quizá entre octubre y los primeros días de noviembre, la impresión que causa es mayor, si cabe. En primavera, se produce esa maravillosa explosión de la hoja verde; en verano, los pastos del ganado cobran protagonismo; ahora, en otoño, es la policromía, esa amplia paleta de rojos, naranjas, amarillos y ocres, la que cautiva y, en invierno, la desnudez, el aire gélido y el blanco de la nieve, dan forma a otro fantástico espectáculo.

Sea cual sea el momento, la Selva de Irati regala una experiencia sensorial inusual. Caminar entre árboles, detenerse para escuchar el sonido de algún pájaro carpintero o de una paloma, y disfrutar, al fin y al cabo, de una reparadora ruptura con la rutina.