Antonio Izquierdo en la fachada norte del Alcázar de Toledo
Antonio Izquierdo en la fachada norte del Alcázar de Toledo - ana pérez herrera
entrevista

«El Museo del Ejército es una institución abierta a España y a todo el mundo»

A falta de unos días para su jubilación, el director del Museo del Ejército, Antonio Izquierdo cuenta a ABC su vivencia al frente de la institución

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El próximo viernes dejará definitivamente, por jubilación, su amplio y luminoso despacho del Alcázar de Toledo, desde el que ha desarrollado en los casi últimos cuatro años la importante labor de poner en marcha el Museo del Ejército. Una labor que continuará el general Juan Bosco Valentín-Gamazo, que ya lleva días en las instalaciones empapándose del museo. Poco tiempo antes de que sus compañeros en la Academia de Infantería le ofrezcan una comida de homenaje, Antonio Izquierdo atiende a ABC para contar su vivencia al frente de esta institución.

-Todos los días se jubila mucha gente, pero no siempre lo hace un general y director del Museo del Ejército. ¿Personalmente cómo asume esta nueva situación?

-De una forma muy serena, tranquila, quizás algo expectante. En el año 71, cuando me vestí por primera vez el uniforme, no sabía dónde podía terminar, pero sí sabía mi fecha de caducidad. Así que cuando llegué destinado al museo sabía que venía por un tiempo limitado. Uno llega a esta situación con con tranquilidad y normalidad, y como el término que se puede utilizar es el de que me voy a jubilar, pues voy a entrar en edad de júbilo y alegría y a dedicarme a otros menesteres. Mis coroneles, que son muy puntillosos, me han dedicado un tocho enorme de cocina para que me dedique a las labores propias de mi sexo y condición, con lo cual me vaticinan que terminaré de cocinilla.

-En su amplio periplo profesional ¿ha habido una etapa o empleo que a usted le ha dejado más marcado o mejor recuerdo?

-Estar sentado ahora mismo en este despacho (en el Museo del Ejército) ha sido mi primer ciclo y el último. Yo marcaría mi trayectoria profesional en tres bloques. El primero fue en unidades operativas. Estuve en la Legión y de allí me fue a unidades de operaciones especiales, en concreto en la compañía de operaciones especiales de Las Palmas. Luego hubo una segunda parte bastante duradera de planeamiento en el Estado Mayor del Ejército, y la tercera parte importante ha sido la dedicada a la enseñanza. He sido profesor en la Academia de Infantería, director del departamento de Táctica, subdirector jefe de estudios de la Academia de Infantería y mi destino anterior fue subdirector de enseñanza del Ejército de Tierra. Lo que no esperaba de ninguna forma es que en un momento determinado descuelguen el teléfono y me dijesen que venía para Toledo. Así que termino mi ciclo militar con el premio que supone poder dirigir una institución de este nivel cultural y museístico, y que además me ha permitido desarrollar áreas en las que no había tenido antecedentes y que me ha permitido, lo que para mi ha sido muy importante, el contacto con las personas. Siempre he tenido contactos con señores vestidos de caqui y con poco civil, pero este puesto me ha dado la oportunidad de haber tenido un contacto muy directo con otros compañeros de instituciones culturales y museística y sobre todo con el público y también con los medios de comunicación.

-¿El Ejército imprime carácter o dentro de él cada uno puede mantener el suyo propio?

-En el Ejército te permiten hacer lo que tú quieras hasta un determinado momento. En la primera parte de mi periodo profesional me marqué mi propio itinerario y hacía lo que me gustaba. Pedí ir al Tercio y fui, pedí ir a una compañía de guerrilleros y allí fui. Por tanto, en esa parte tú puedes imprimir carácter a tu vida profesional y disfrutar, pero llega un momento, en mi caso particular de teniente coronel, en el que ya no he ido a ningún sitio distinto al que me han llevado o llamado. A mí me han dejado disfrutar mucho con la elección de mi primera parte profesional, y en la segunda he disfrutado donde me han mandado. También es cierto que los órganos de personal del Ejército de Tierra están muy especializados y saben qué capacidades y deficiencias tenemos cada uno. Van procurando localizar los huecos donde mejor servicio podamos dar, y si además cuadra bien con tus expectativas, pues encantado. Alguna vez te preguntan.

-En otras épocas la imagen del Ejército español era muy distinta a la de hoy, en que sin duda es una de las instituciones mejor valoradas por los españoles. ¿a qué cree que es debido este cambio de opinión?

-Entre los españoles se dice que es de las instituciones mejor valoradas, pero habría que preguntar también a los españoles: ¿quiere usted que se aumente el presupuesto a las Fuerzas Armadas? Creo que ninguno votaría por que se aumentase el presupuesto. Es cierto lo de la nueva la imagen del Ejército, pero yo me considero parte de él y llevó dentro desde el año 1971. En ese año no éramos de las instituciones mejor valoradas y ahora sí, y buena parte del contingente de ahora seguimos siendo de hace muchos años. Parece ser que la opinión pública en general ha tenido una especial consideración con las nuevas misiones que estamos realizando. En las misiones en el año 90 al Kurdistán y en el 92 con la proyección a Bosnia-Herzegovina ciertamente hemos tenido éxito y esas misiones internacionales son muy bien valoradas. De eso se quejan muchas veces también los artistas: que somos más valorados en el exterior que en la propia España, y parece ser que el buen nombre que los ejércitos han tenido han dado pie a que aquí tengamos mejor consideración y prestigio.

-Cuando se suprimió el servicio militar obligatorio ¿usted qué pensó?

-Creía que íbamos a pasar por una etapa muy dura, pero también es cierto que igual que uno llega a la etapa final de su vida acostumbrándose porque sabe que se acaba, a la finalización del servicio militar nos fueron acostumbrando poco a poco las medidas que se tomaban con los objetores de conciencia. Vimos que se iba deteriorando la incorporación de soldados con el sistema de objeción y entendimos que esto tenía que tener una solución y que nos veíamos abocados a la constitución de un ejército profesional. Lo que pasa es que a un ejército así hay que dotarle y cuesta dinero. Me gustaría oír que al Ministerio de Defensa se le dan los presupuestos de acuerdo con las necesidades reales. Y si me pregunta qué opina del ejército profesional le diré que sin lugar a dudas hemos ganado. Desde el año 71 he tenido soldados de reemplazo que cada nueve meses se iban y en ese tiempo apenas si te daba tiempo para completar el ciclo de instrucción. Hoy día con el ejército profesional ya sí se puede y su eficacia es tremendamente superior a la que teníamos antes.

-Por cierto, el himno nacional que tantas veces ha escuchado ¿va a tener letra alguna vez?

-Hace muy poco anda corriendo por internet una nueva letra. Creo además que es el único himno que se tararea… No lo sé. Las letras que he oído creo que son francamente mejorables. Pero al margen de la letra lo importante es lo que transmite. Cuando lo oigo siempre lo relaciono con la entrada o salida de bandera o con la subida o arriada de bandera y se me ponen los pelos de punta, no por la música en sí o por la letra, sino porque lo relaciono con lo que representa y transmite, que eso es lo importante.

-Aunque se dice que los militares están en lo suyo, es obvio que observan y analizan lo que pasa en el país. ¿qué es lo que opina usted de los movimientos separatistas que arrecian en Cataluña y en el País Vasco?

-No voy a opinar de política, pero lo que sí tengo claro es que España es una nación indivisible, tal y como figura en nuestra Constitución, que es el ordenamiento legal vigente hoy en día. Yo soy un fiel cumplidor de las leyes y un servidor público, y en ese sentido pienso y opino que España es y debe seguir siendo un ente indivisible.

-Pasamos a hablar del museo. Usted ha reconocido que los principios no fueron momentos cómodos ni fáciles ¿puede concretarnos dónde estuvieron esas mayores dificultades?

-Tengo que citar antes que nada al general de división Noailles y al general de brigada Luis Fernando Núñez que fueron los que acometieron un trabajo ímprobo y con un esfuerzo tremendo que supuso el traslado del Museo del Ejército. Pero el traslado del museo se ha prolongado durante muchísimo tiempo en el que hubo una corriente que es pública y notoria, e incluso con recursos legales, de personas que se oponían al traslado del museo de Madrid a Toledo. Afortunadamente a mi no me tocó vivir esa época. Cuando vine aún el museo no se había inaugurado y había un desconocimiento de cuál iba a ser el guión museológico; si iba a ser una sala de exposiciones o un auténtico museo. En esa incertidumbre se crearon algún momento comentarios en la prensa en los que se hacían suposiciones en absoluto agradables para mí. Por eso, una de las primeras medidas que tomamos antes de la inauguración fue hacer una convocatoria de prensa a nivel nacional en la que expliqué y enseñé el museo de arriba abajo. A partir de ahí no he vuelto a oír comentarios peyorativos y nadie debate ya si es necesario o no trasladar el museo.

«El Ejército está bien valorado, pero habría que preguntar si quieren que aumente el presupuesto»

-¿Cree que ya no hay duda de que el Alcázar era la mejor opción?

-Hay datos y cifras objetivas incuestionables: el museo ha multiplicado su número de visitantes al menos por diez. Estamos entre los museos más visitados de España y entre los estatales el que más. Este año pasado hemos superado los 318.000 visitantes. Pero no todo son números, porque este museo está planteado como una institución museística y cultural importante en España. La impresión del público en general y de los medios de comunicación creo que es que el traslado ha sido positivo. Pero hay una parte para mí que es tan importante como las anteriores, y es lo que ha ganado de potencialidad y de condiciones técnicas. El museo, ahora sí, tiene las mejores condiciones posibles de conservación preventiva de los bienes de interés cultural. No nos podemos permitir el lujo de perder uno de esos bienes simplemente porque no tengamos las condiciones adecuadas. El museo no es una mera sala de exposiciones, sino mucho más: es aula, música, exposiciones, educación, investigación… Este edificio está pensado para museo, y no como hasta ahora que la mayoría de sus ubicaciones habían sido antiguos cuarteles o conventos con pocas condiciones.

-¿Cuál fue el aspecto más laborioso a la hora de ponerlo en marcha?

-Seguro que el montaje museográfico del discurso del museo. No lo hizo el propio museo, sino un equipo de expertos. Ese guión museológico había que plasmarlo con vitrinas, gráficas, cartelas… Desde entonces la exposición permanente ahí está. Nosotros la mantenemos y la limpiamos, pero no se ha variado. Lo que ahora nos da trabajo es la vida del museo, que son sus exposiciones temporales, cuatro al año más dos itinerantes que hay por España, una cifra importante. También los ciclos de conferencias, los conciertos en el patio imperial, las visitas teatralizadas, cuentacuentos para jóvenes, las prácticas para los alumnos de Humanidades… eso es lo nos lleva el trabajo del día a día.

-Y de todo eso ¿Qué es lo que le resulta más satisfactorio desde el punto de vista personal?

-Posiblemente las exposiciones temporales. Llevamos un ciclo de dos años en los que hay que pensar la exposición y cómo se plasma, encontrar un comisario adecuado, prepararla, encontrar financiación… Porque nuestro presupuesto desde 2010 a 2013 en algunos apartados sufrió minoraciones del orden del 80 por ciento; a lo mejor tenemos una importante aportación de la Fundación del Museo del Ejército, de la que no me quiero olvidar, y al final eso se materializa cuatro veces al año.

«La importancia del himno nacional no es la letra sino lo que representa y transmite»

-Pero esto es algo que no para. Desde su punto de vista ¿qué futuro le espera al museo, por dónde pueden ir las posibilidades de mejora?

-La potencialidad es tremenda. Creo que la forma de exponer el guión museológico es mejorable, y de hecho hay presentado un proyecto que necesita financiación, tiempo y personal. Además, una institución tan grande como esta en apenas en tres años está empezando a andar. Acabamos de poner en marcha hace menos de un año una exposición itinerante, algo que jamás se había conseguido desde el Museo del Ejército. También estamos cediendo fondos para exposiciones tan importantes como la de Boabdil en Granada, el Louvre nos ha pedido alguna pieza, ahora tenemos 30 fondos en el Museo Interoceánico del Canal de Panamá celebrando el V Centenario del descubrimiento del Pacífico por Vasco Núñez de Balboa.. Por tanto, somos un museo estatal; su nivel no es el Alcázar, sino que es un museo abierto para todo el mundo, allende de nuestras fronteras. Y así estamos empezando a dar nuestros primeros pasos.

-¿Cuál es el aspecto del museo que más le comentan o llama la atención a los miles de visitantes que recibe?

-Voy a empezar por lo malo. Hay un déficit que tenemos y es que es una exposición permanente muy grande y cansa si se quiere ver completamente. Creo que una fórmula para mejorar esto es mejorando la señalética. Pero lo primero que el visitante ve al pasar es el hall con el yacimiento arqueológico, hasta tal punto que ha habido visitantes que no han pasado del yacimiento. Impresionan las dimensiones y capacidades del museo, así como su heterogeneidad. No es una pinacoteca, no es un museo de etnografía, tiene 26 colecciones distintas.

Farcama, un acierto

-El año pasado se dio un paso novedosos como fue acoger la Feria de Artesanía de Castilla-La Mancha ¿cree que el Alcázar debe seguir albergando esta feria?

-Me encontré con que la crisis nacional e internacional estaba afectando al número de visitantes a Toledo y por tanto al museo. En los propios presupuestos del museo se obligaba a cambiar el horario, con una importante reducción, lo que se tradujo de inmediato en un descenso del número de visitantes. Entonces tuvimos que implementar algunas medidas de fuerza para poder mantener el número de visitas en torno a las 300.000. El museo tiene dos normas que rigen su vida: un real decreto y una orden ministerial; y en esta última existe la posibilidad de utilización de los espacios públicos del acuartelamiento del Alcázar de Toledo, cobrando para ello una tasa pública que va a los presupuestos. Cuando se planteó la posibilidad de poner aquí la Feria de Artesanía, como así solicitó la Junta de Comunidades, al equipo humano del museo y a mi nos pareció muy interesante no solo alquilar los espacios, sino también invitar a todo aquel que viniese a entrar al museo. El acuerdo que hicimos fue crear un único ente con una entrada única a la feria y al museo. Eso provocó que el museo en el mes de octubre tuviera un índice de subida de en torno a los 90.000 visitantes en un mes, lo cual se tradujo automáticamente en un mayor ingreso de dinero por la venta de entradas. Por tanto, si entran más personas a ver el museo y se tiene aun mayor aportación económica, sin interferir la normal actividad del museo, este director iba a estar de acuerdo, lo propuso y lo apoyó.

-¿Cuál es su primer deseo para su sucesor en el cargo, el general de Brigada Juan Bosco Valentín-Gamazo de Cárdenas?

-Que disfrute y que sea tan feliz como yo, y que ayude a esta nueva criatura a seguir dando empujones, porque tiene un equipo magnífico que lo único que necesita en algunas ocasiones es coordinar un poquito para que esta magnifica institución, que tiene grandes potencialidades, vaya creciendo al ritmo que va.

-Y ahora ¿a qué se va a dedicar?

-Voy a escribir libros electrónicos sobre mis hijos. Tengo una multifunción para escanear fotografías, me han regalado para el photoshop una tableta con lápiz, voy a escribir un poquito, me gusta y he practicado el bricolaje, tengo que salir a andar una hora y media diaria, tengo que disfrutar de mi mujer, nietos todavía no tengo, y de los amigos... Y me han retado para formar parte de una partida de mus los miércoles por la tarde, a la que me voy a apuntar inmediatamente.