ANÁLISIS

Gris es un videojuego tan bonito que es el mejor «made in Spain» del año

Evocador y con una historia sin palabras, esta propuesta española es un verdadero cuadro en movimiento

MADRIDActualizado:

La recta final de año es muy competida en la industria del ocio electrónico. Muchas compañías desarrolladoras, habida cuenta de la coyuntura, lanzan algunos de sus videojuegos en esta época en un intento de aprovechar el gong final del periodo más consumista de todos. Aprovechando el momento, un título bautizado simplemente como «Gris» podría sufrir la sobreabundancia de contenido; pero no.

Por su capacidad para evocar emociones, por su originalidad y su puesta en escena, aprovechando retazos pictóricos, esta propuesta «made in Spain» está tan bien resuelta que asombra. Es un cuadro en movimiento, una acuarela jugable en la que el jugador se sumerge en su diseño artístico de manera irrepetible. Todo un espectáculo visual de marcada índole creativa que desliza un verdadero poema interactivo. Si el videojuego es capaz de introducir elementos distintos para fundir al espectador en un agente activo, títulos así exhibe esa cualidad.

Los escenarios están, incluso, pintados a mano, a la antigua usanza, lo que traslada un mensaje: se pueden hacer las cosas de distinta forma en esta industria. Y más al tratarse de una compañía española porque demuestra que, en efecto, hay buenas ideas. No hay diálogos, apenas existen pistas. Trata al usuario de manera responsable y adulta. Dirige pero no fuerza. Las mecánicas son sencillas, pero se disfrazan de manera algo ambigua, esperando a ser descubiertas. Siendo un título de plataformas de scroll horizontal parecería que está todo inventado. Pero su desafiante estilo lleva a experimentar con el entorno y explorar el siguiente paso. Los puzles no revierten demasiada complicación, aunque conforme se avanza hay que pensar un poco más.

En una fusión entre el arte y la interacción, la trama, silenciosa y ausente, implosiona por todo el entorno inspirado en creaciones artísticas pero introduciendo una reflexión sobre la depresión, y por supuesto cómo superarla. No hay que encontrarle explicación alguna. Da pie a la interpretación, a sentir la nada alrededor para desear regresar a lo mundano. Deudor de pinceles y trazos largos de anteriores propuestas enigmáticas como «Journey» o «Limbo», este apartado gráfico es su mayor aliado.

Difícilmente encontrar una propuesta de tal calibre en la que su respetuoso encanto hacia la sencillez lleva a reflexionar las motivaciones del personaje, una joven conocida como Gris cuya misión es, simplemente, recuperar los colores perdidos del mundo. Ella deambula perdida en su propio mundo, lidiando con una experiencia dolorosa representada en el estado y el color de ese mundo interior.

Una historia cromática sin pretensiones, pero contada de manera curiosa en donde la música juega un papel fundamental. Es pasar del blanco y negro al rojo. Y luego el verde. Así sucesivamente hasta llenar este pequeño mundo de la escala cromática más amplia posible, recuperando así el esplendor y viveza de una realidad que aguanta la tensión muy bien durante escasamente cinco horas.