Un hombre camina por Hong Kong durante el paso del tifón Mangkhut - EFE

El tifón Mangkhut se ensaña con Hong Kong tras dejar un rastro de destrucción y muerte en Filipinas

Con vientos de 200 kilómetros, ha provocado cuantiosos destrozos y se ha cobrado dos vidas más en la costa china

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Más de medio centenar de muertos, miles de casas destrozadas, tierras de cultivo inundadas, olas de hasta cuatro metros, personas arrastradas por el viento, grúas y andamios desplomándose desde las alturas, rascacielos balanceándose o con sus ventanales destrozados y cientos de vuelos cancelados. Tras pasar el sábado por Filipinas, donde dejó un rastro de destrucción y muerte, el tifón Mangkhut golpeó ayer la costa china, sobre todo Hong Kong y Macao, con rachas de viento de casi 200 kilómetros por hora.

Mientras en Filipinas seguían contando los fallecidos, que aumentaban a medida que los equipos de rescate iban llegando a las zonas afectadas más remotas, Hong Kong elevaba su alerta al máximo nivel ante la llegada del Mangkhut, el más potente de este año. Bautizado Ompong en Filipinas, sus vientos huracanados y lluvias torrenciales han dejado en el norte de la isla de Luzón al menos 65 víctimas mortales, 16 desaparecidos y 45 heridos, según informa la agencia France Presse. Sepultados por corrimientos de tierra en áreas montañosas, la mayoría de los fallecidos perecieron en la región de Cordillera, con 49 muertos y 13 desaparecidos, y en Cagayán, donde siete personas perdieron la vida. Dicha cifra podría aumentar porque un deslizamiento de tierra en el pueblo de Itogón aplastó cuatro barracones de mineros, donde murieron 33 y se teme que más de medio centenar haya quedado enterrado.

«Comparto mis condolencias con quienes han perdido a sus seres queridos», lamentó en televisión el presidente filipino, Rodrigo Duterte, tras inspeccionar desde el aire las afectadas provincias de Cagayán e Ilocos. Con la promesa presidencial de «volver a la normalidad lo antes posible», los equipos de emergencias esperan finalizar hoy el recuento de fallecidos y empezar la asistencia a los damnificados.

De momento, más de 130.000 personas permanecen en los centros de evacuación habilitados y otros 15.000 se han refugiado en casas de sus familiares, a tenor de las cifras difundidas por el Centro Nacional de Reducción de Desastres. Pero los damnificados son muchos más porque cinco millones de personas viven a lo largo del trayecto dibujado por el Mangkhut. Este tifón ha sido el más potente en golpear Filipinas desde el Haiyan (o Yolanda) en noviembre de 2013, que dejó más de 7.000 fallecidos en el centro del archipiélago. Afortunadamente, el Mangkhut no ha sido tan devastador.

Para atender a los damnificados, ya ha empezado a llegar la ayuda humanitaria, pero se prevé que su reparto sea muy lento por las dificultades para llegar a las zonas afectadas, a las que ya cuesta acceder en condiciones normales. Aunque el Programa Mundial de Alimentos ha enviado 20.000 sacos de arroz y Australia ha donado medio millón de euros en artículos de primera necesidad para unas 25.000 personas, se trata solo de una pequeña gota en el mar de solidaridad que necesita Filipinas.

Llegada a Hong Kong

Con muchos más medios, Hong Kong resistió ayer el envite del tifón, que golpeó con vientos de 118 kilómetros por hora. Bajo alerta, sus siete millones de habitantes se encerraron en casa mientras el viento zarandeaba los rascacielos y levantaba olas de hasta cuatro metros en su bahía. Tal y como muestran los vídeos que inundaron las redes sociales, el viento arrastraba a los valientes – o más bien inconscientes – que se atrevían a desafiar al Mangkhut y arrancaba los tejados de chapa de las infraviviendas y almacenes. Bajo una cortina de agua, la fuerza del aire derribaba los tradicionales andamios de bambú con que se construyen los edificios en esta ciudad y hasta la grúa de una obra, que se precipitaba al vacío en medio de un chirriante estruendo metálico. Con las ventanas destrozadas, de un rascacielos de oficinas escapaban sus papeles, que volaban entre los carteles y ramas que agitaba el viento.

A tenor del diario local «South China Morning Post», cayeron unos 200 árboles y el aeropuerto tuvo que cancelar casi 900 vuelos, dejando a cientos de pasajeros varados. De igual modo, el metro redujo su servicio porque sus líneas sobre la superficie resultaron seriamente dañadas en 50 puntos. Inundados, los túneles que conectan la isla con el territorio continental de Kowloon quedaron inutilizados. Batida por un fortísimo oleaje que obligó a evacuar los pueblos pesqueros de las islas de alrededor, la flota quedó amarrada a puerto. Y unos 40.000 clientes de la eléctrica CLP se quedaron sin luz. Igual que en Macao, donde 20.000 casas perdieron la corriente y sus casinos tuvieron que cerrar sus puertas mientras muchas calles se anegaban.

«La gente aquí sabe recomponerse»

«Miedo no he pasado, ya que estábamos seguros en el hotel. Pero sí surgen sentimientos encontrados, como estar muy lejos y perder de momento una inversión muy alta… Eso es lo que más duele», se lamenta en un mensaje de Twitter el empresario español Javier Romero, que había viajado a Hong Kong para participar en una feria de joyería. Superviviente del huracán Katrina, que se cobró más de 1.200 vidas en la ciudad estadounidense de Nueva Orleáns en 2005, Romero cree que «la gente de aquí sabe recomponerse muy rápido ante las adversidades y pronto todo estará como si no hubiera pasado nada».

Con los colegios cerrados por un día y permisos especiales para los empleados en sus lugares de trabajo, Hong Kong empieza desde hoy la ardua tarea de limpiar los cuantiosos destrozos que ha dejado el Mangkhut, el más potente en golpear esta ciudad desde el tifón Hope en 1979.

En la vecina Shenzhen, al otro lado de la frontera china, el empresario cordobés Iván Aguilera tampoco podía acudir a una feria de arte y se quedaba atrapado en su hotel. «He salido a buscar una lavandería en el mismo edificio y, en la entrada, he tenido que coger en volandas a una chica a la que se llevaba el viento mientras me agarraba con la otra mano a una puerta y se caían los falsos techos de la planta baja» cuenta Aguilera. Para su socia, Laura Rettschlag, lo peor era «el desasosiego, las nubes moviéndose rápidamente y, dentro del estruendo del viento, un silencio tenebroso». Tras sembrar Filipinas de cadáveres, así se ensañó ayer el Mangkhut con la costa china.