La ministra de Educación, Isabel Celaá
La ministra de Educación, Isabel Celaá

¿Por qué la nueva ley de educación omite cualquier referencia a la asignatura de Religión?

El texto del Gobierno para la reforma de la Lomce provocó el rechazo de las organizaciones educativas, sobre todo de las que agrupan a centros educativos católicos y concertados, pero también de sindicatos que ven en la ley el camino allanado para la promoción automática, a través de la obtención de títulos con materias suspensas

MADRIDActualizado:

El día que compareció en el Congreso para esbozar las «líneas maestras» que guiarían su legislatura, Isabel Celaá, anunciaba el huracán. El objetivo del nuevo Gobierno ya estaba claro: acabar con la Lomce y atacar el castellano, la educación concertada y la asignatura de Religión. La modificación de lo que Celaá llamó los «aspectos más lesivos» de la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (Lomce), aprobada por los populares en 2013, se hizo sin aquello que los socialistas tanto reclamaron: el consenso.

El anteproyecto de la Ley Orgánica por la que se Modifica la Ley Orgánica de Educación (Lomloe), se conoció este martes después de que el Gobierno elaborara una serie de propuestas (la gran mayoría están en el articulado) sometidas a la consulta de distintas organizaciones educativas que apenas tuvieron tiempo para hacer sus sugerencias ya que, a los pocos días, salía el anteproyecto.

El texto provocó el rechazo de las organizaciones educativas, sobre todo de las que agrupan a centros educativos católicos y concertados, pero también de sindicatos que ven en la ley el camino allanado para la promoción automática, a través de la obtención de títulos con materias suspensas. «Estamos en contra de la posibilidad de aprobar el Bachillerato con una asignatura suspensa», critica Mario Gutiérrez, presidente del CSIF Educación.

El artículo 37 se modifica y queda redactado de la siguiente manera: «Para obtener el título será necesaria la evaluación positiva en todas las materias de los dos cursos de bachillerato. El Gobierno, oídas las comunidades autónomas, establecerá las condiciones y procedimientos para que, excepcionalmente, el equipo docente pueda decidir la obtención del título de Bachiller por el alumno o alumna que haya superado todas las materias salvo una, siempre que se considere que ha alcanzado los objetivos vinculados a ese título».

La ley retoma de la Logse y de la Loe (ambos textos aprobados durante gobiernos socialistas) la distribución de competencias entre el Estado y las comunidades para determinar el currículo de las materias y asignan un 55 por ciento al estado en caso de comunidades con lengua cooficial y un 65 en las demás. Además, da alas a comunidades como Cataluña para determinar las asignaturas que se imparten en castellano.

Respecto a la educación concertada, desaparece la expresión «demanda social», es decir, la oferta de plazas de escolares se regía, entre otros criterios, por las solicitudes que hacían las familias y ahora este criterio desaparece por considerarlo Celaá «un eufemismo para propiciar que la escuela pública pueda ser considerada subsidiaria de la concertada».

En cuanto a la Religión, el articulado hace dos cosas. En primer lugar, la deja fuera de las asignaturas de Primaria, ESO y Bachillerato (la Lomce la incluía como específica en los dos primeros niveles y a escoger entre un grupo en el tercero). Además, se elimina el apartado que dejaba la determinación y decisión sobre el currículo y los libros de texto a las autoridades religiosas. Ignorar a la Religión en la legislación puede deberse a la intento del Gobierno por eitar una respuesta de la Conferencia Episcopal con la que se reúne próximamente. «Además, es un forma de devaluarla, dejando su regulación a través de un Real Decreto», opina Centeno, secretario general adjunto de EC.

«¿Religión o a casa?»

En el texto de propuestas para la modificación de la ley orgánica de educación que el Gobierno envió a las organizaciones representativas del sector para su «consulta y debate» pero a las que no les dejó tiempo para la devolución establecía cuestiones relativas a la Religión que no están contempladas en el texto, pero que no se descarta sean incluidas a través de otra regulación. El texto señalaba que la enseñanza de la Religión se organizará de manera que «no exista la obligación de cursar una materia alternativa por quienes no soliciten dicha enseñanza». «Esto es evidentemente para eliminar la Religión. Los alumnos que la escojan tendrán más horas de clase que los otros. Si te dicen, ¿Religión o a casa? ¿Qué haces? Te vas a casa», opina Centeno.

Además, apunta el texto, se evitará que la calificación que pudiera obtenerse en esta materia se tenga en cuenta en el cálculo de la media en los procesos de acceso a la Universidad. No será evaluable ni para becas ni para acceder a la enseñanza superior.