Nicholas Stern
Nicholas Stern - Efe

«Las medidas medioambientales permitirán un mayor crecimiento económico»

El exasesor del Gobierno británico lamenta que siempre haya «distracciones» a la hora de abordar el cambio climático

San Sebastián Actualizado: Guardar
Enviar noticia por correo electrónico

El Informe Stern, publicado en 2006 por encargo del Gobierno británico, incidió por primera vez en las devastadoras repercusiones del calentamiento global no solo en el plano medioambiental, sino también en el económico. Su autor, el laborista Nicholas Stern (Hammersmith, Reino Unido, 1946) fue uno de los protagonistas de la conferencia «Change the Change» celebrada esta semana en San Sebastián.

¿Es hoy más optimista que en 2006?

Me siento optimista en lo que respecta a lo que podemos hacer, pero me preocupa mucho el hecho de si seremos capaces de actuar con la rapidez suficiente y la contundencia necesaria. Y, sobre todo, si vamos a querer hacerlo.

¿A qué se refiere?

Hablo de voluntad política y de responsabilidad social. Debemos tener una visión muy clara de aquello que podemos hacer y avanzar todos juntos, porque con el cambio radical que se necesita en materia de medio ambiente va a transformar la vida de muchas personas.

Hace usted alusión a la voluntad política. ¿Detecta falta de ambición en los políticos en el ámbito medioambiental?

Yo veo, y me resulta un hecho impactante, que todo el espectro político lleva en su agenda el cambio climático. El problema es que siempre hay distracciones. En mi país, por ejemplo, el brexit es una distracción importantísima, como también lo fue la crisis económica a nivel global. Son hechos que no detuvieron el proceso sobre el cambio climático, pero sí lo expulsaron del centro del debate político. Es importante que exista una presión pública para que no deje de ser un tema candente.

¿Quiénes deben ejercer esa presión?

Sin duda, los jóvenes. Es esencial que la gente joven sea la que ejerza esa presión para conseguir el cambio en el medio ambiente. Cuando era estudiante yo era muy activo a nivel político. Estoy hablando de la guerra de Vietnam, de la lucha por los derechos civiles. Lo que espero es que ahora el cambio climático sea la primera de las reivindicaciones de las nuevas generaciones.

¿Existen otras razones, además de las distracciones que mencionó, que impidan a las instituciones llevar a cabo estrategias efectivas contra el cambio climático?

En realidad, yo creo que no debemos exagerar las dificultades. Una sociedad cohesionada y decente encontrará la forma de ofrecer alternativas para los problemas que surjan. Es cierto que en el pasado, algunos países fracasaron en la gestión del cambio climático por cuestiones que no tenían nada que ver propiamente con el medioambiente, como las derivadas de los avances tecnológicos, la deslocalización o la manufacturación. Tenemos que aprender de lo mal que gestionamos en el pasado ese cambio para alcanzar las cero emisiones.

¿Cuál sería el coste económico de alcanzar esas cero emisiones?

Requeriría una inversión muy importante, pero no se trata tanto de eso, sino de invertir de forma diferente. La reforma medioambiental nos proporcionaría un crecimiento económico más fuerte e inclusivo, pero también favorecería una sociedad más sana y cohesionada. En ese sentido, los costes serían negativos, aunque sería simplificarlo mucho. Tampoco quiero dar la idea de que todo eso es fácil, porque como ya he dicho implica cambios contundentes y una buena gestión. La cuestión es, ¿queremos tener una vida mejor? La respuesta es que sí, y además es posible.

¿Cree que la sociedad avanza por el buen camino?

Hemos empezado a transitar por el buen camino, pero no con la velocidad suficiente. Desde el aspecto científico, el problema sigue siendo muy preocupante. Las emisiones han seguido creciendo y muchos efectos que nos tenían preocupados en el pasado han aparecido más rápido y de forma más severa. El informe IPCC nos mostró la gran diferencia que había entre la subida de 1,5 y 2 grados en la temperatura global. Las sequías durarán el doble de tiempo, la intensidad de eventos o acontecimientos extremos podría ser mucho mayor. Los arrecifes de coral dejarán de existir. Eso destruiría los entornos de cientos de millones de vidas. Afortunadamente, en los últimos 12 años hemos visto cambios extraordinarios a nivel técnico.

¿Qué oportunidades económicas se abren con este proceso de transformación medioambiental?

La digitalización, la gestión de las ciudades, el transporte… Muchos aspectos cotidianos ofrecen oportunidades muy atractivas, también a nivel laboral. Con el impulso de la robótica y la Inteligencia Artificial, tenemos que hallar la manera de que los trabajadores se aprovechen de ellas.

En los últimos meses se ha intensificado el debate sobre la contaminación que emiten los vehículos de combustión tradicional, en especial los diesel. ¿Cuál es su postura?

La utilización del motor de combustión interna llega a su fin, es algo que han reconocido la mayoría de las empresas automovilísticas de primera línea. El mero almacenamiento de energías renovables es mucho más barato que el de la energía fósil, procedente del combustible. Desde luego, yo estoy a favor de limitar este tipo de coches en las ciudades.

¿Empiezan las empresas y las entidades bancarias a tener en cuenta el cambio climático?

Sí, el sistema financiero comienza a cambiar. Muchos bancos se han dado cuenta de que deben empezar a observar los riesgos que incluyen en sus activos bajo el punto de vista del cambio climático. Por otro lado, aquellas empresas que actúan de forma más responsable son normalmente las que más beneficios generar, porque analizan el riesgo de una forma más cuidadosa y además tienen mejores empleados.

¿Por qué sucede eso?

Unilever, por ejemplo, es una de las compañías que más esfuerzos han destinado al ámbito medioambiental, y tiene una lista de 1,8 millones de personas que solicitan trabajar allí. Porque las personas con talento quieren trabajar en empresas responsables, y también los clientes quieren comprar en empresas responsables. Evidentemente no quieren comprar productos que han sido fabricados por trabajadores explotados o por empresas que no aplican políticas medioambientales. Es una evidencia.

¿Percibe ese tipo de empresas en España?

No conozco al tejido empresarial español en toda su extensión para dar una respuesta autorizada, pero sí algunos ejemplos concretos, como Iberdrola. Ignacio Sánchez-Galán ha demostrado lo que se pueden conseguir simplemente con una manera diferente de hacer las cosas.