La furgoneta que trasladó el cadáver del perro resultó apedreada
La furgoneta que trasladó el cadáver del perro resultó apedreada - eduardo san bernardo

Tres horas sin saber dónde incinerar a «Excalibur»

El jefe del operativo que sacrificó al perro de Teresa Romero y Javier Limón dimite tras el caos provocado por los cambios de criterio del rector de la Universidad Complutense, José Carrillo

Actualizado:

El «egoísmo, la ignorancia y el miedo» de las autoridades, entre ellas las académicas y en particular, del rector de la Universidad Complutense de Madrid, José Carrillo, llevaron a Lucas Domínguez, director del Centro de Vigilancia Sanitaria Veterinaria (Visavet) dependiente de esa institución y asesor de las Consejerías de Salud y Medio Ambiente de Madrid, a presentar su dimisión sólo horas después de liderar el pasado 8 de octubre en Alcorcón el operativo de retirada de la mascota de Teresa, la auxiliar de enfermería infectada por Ébola. Un operativo complejo –incide– que se desarrolló en un marco de confidencialidad, a petición de la Subdirección General de Sanidad Ambientaly en condiciones de absoluta seguridad biológica.

Domínguez adoptó su decisión «irrevocable» después de que el rector, a través de un intermediario, le comunicara la prohibición de trasladar el animal una vez que ya había sido sacrificado hasta el Visavet, ubicado en el sótano de la Facultad de Veterinaria, donde los restos iban a ser destruidos con todas las garantías, a lo que previamente el mismo Carrillo había dado su permiso. «A mí se me cayó el mundo encima... me sentí desautorizado por la falta de confianza en mí», explica. Esa prohibición provocó que el equipo encargado de la operación tuviera que esperar tres horas extra dentro del edificio de Alcorcón junto con el perro eutanasiado a que una incineradora de Madrid aceptara «por presiones» –dice– el cadáver «del que nadie quiso ocuparse..., tampoco centros oficiales ni instituciones». De haberse hecho «en el laboratorio se habría ganado en seguridad», asegura.

Junto a ello, Lucas Domínguez, catedrático de Sanidad Animal, añade que el rector de la Complutense también prohibió sobre la marcha conducir la furgoneta ya vacía que se había utilizado para transportar los restos de «Excalibur» a ningún espacio físico de la Universidad, lo que obligó a tardar más de ocho horas en proceder a su desinfección, que finalmente tuvieron que hacer los mismos veterinarios del Visavet en instalaciones del Suma. Antes, tampoco «nadie de la Comunidad de Madrid» quiso recibir el vehículo, «ni sitios oficiales ni sitios que se dedican profesionalmente a esas tareas» en una «postura egoísta»

«Si en vez de un caso de contagio hubiera doscientos, la gente se iría muriendo por la calle», sentencia Domínguez para poner en evidencia «el desconocimiento absoluto de la enfermedad» del que –a su juicio– adolecen personas que están tomando decisiones en esta crisis.

Responsable durante diez años de uno de los laboratorios de seguridad biológica más importantes de España –y que ha abordado con éxito, entre otros, la crisis bioterrorista con Anthrax de 2001–, lamenta de forma especial que en la Universidad de Veterinaria «donde debería haber gente suficientemente preparada como para saber que el riesgo es muy bajo», se esté sometiendo a los miembros del Visavet a lo que tilda de «un apartheid». «A uno le han sacado la taquilla con la ropa a la calle y a otro le dijeron que si entraba en un despacho se iban todos...», relata Domínguez, para quien tampoco ha ayudado el correo electrónico remitido por el departamento de Higiene de la Universidad advirtiendo de que el periodo de incubación del virus es de 21 días.

Por no informar a ese departamento ni al decano de Veterinaria de los planes relacionados con el traslado de los restos del perro a la Facultad se disculpa Domínguez, que recuerda que el operativo era confidencial y que «lo conocía el señor rector», del que depende directamente el Visavet.

Lucas Domínguez constata que él y el resto de personal que participó estuvieron «14 horas en tensión continua sin comer ni beber», que pasaron «mucho miedo» y que sufrieron insultos y pedradas en la ambulancia en Alcorcón, elementos que en parte configuran lo que él retrata como «una de las experiencias más lamentables de mi vida y no por el trabajo realizado». Por ello, hace extensivo su pesar a la conducta de una sociedad que entiende es «farisea, insolidaria, ignorante y miedosa».