Hospital Carlos III de Madrid donde está ingresada la auxiliar de enfermería, Teresa Romero
Hospital Carlos III de Madrid donde está ingresada la auxiliar de enfermería, Teresa Romero - reuters
ébola en españa

Teresa pudo estar sin vigilancia en el momento de quitarse el traje de protección

Si bien el protocolo marca que una persona observe al sanitario mientras se quita el traje protector, fuentes sanitarias aseguran que puede que no haya habido nadie supervisando a la enfermera Teresa Romero cuando la hacía

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La enfermera contagiada por ébola después de haber tratado al religioso español Manuel García Viejo, Teresa Romero, pudo haberse contagiado por un fallo en el momento de quitarse el EPI (equipo de protección individual). Según ha podido saber ABC, la enfermera no notificó ningún tipo de accidente: ni rotura de guantes, ni de mascarillas, etc.

Además de las precauciones que es necesario tomar en el momento de quitarse el traje, el protocolo marca que debe haber una persona observando a través de una esclusa de cristal al sanitario que salió de la habitación del paciente con ébola.

Es posible que no haya habido ninguna persona observando en el momento en que Romero se quitaba el traje.

La hipótesis que algunas fuentes sanitarias barajan es que Teresa se tocó la cara en el momento de quitarse el traje. «Una cantidad mínima de virus es suficiente para el contagio», aseguran fuentes sanitarias. «Independientemente de que hubiera alguien observándola, se hubiera contagiado de todas formas», aseguran las mismas fuentes.

En la rueda de prensa urgente conovocada el martes, Antonio Alemany, director general de Atención Primaria de la Comunidad de Madrid, indicó que la enfermera entró dos veces a la habitación donde estaba ingresado el religioso español, Manuel García Viejo, una para controlarlo y una segunda vez, cuando ya había fallecido.

En cualquier caso, las medidas tomadas posteriormente tampoco fueron acertadas, aún siguiendo un protocolo, para muchos, cuestionable. Teresa estaba de vacaciones cuando empezó a tener síntomas: fiebre y astenia.

Llamó a Seguridad Laboral, que a su vez se puso en contacto con Sanidad Pública que decidió finalmente que la paciente debía ser examinada en su casa. Llegó el SUMMA y finalmente la trasladaron al hospital de zona, en este caso, Alcorcón y no al Carlos III adonde llegan solo casos confirmados o sintomáticos graves.

A esto hay que añadir que dado el proceso de fusión del Hospital La Paz y el Carlos III este último carece de servicio de Urgencias.

Este último aspecto es en el que se apoyaban ayer los sindicatos de la mesa sectorial de sanidad para tratar de buscar una explicación a que Teresa no hubiese acudido directamente al Carlos III sino a su hospital de referencia, el de Alcorcón. «Nos consta que se puso en contacto con quien debía ponerse y que en tres ocasiones llamó a prevención laboral. No cabe en cabeza sensata que prevención laboral no tenga identificado a todo el personal que ha trabajado con ébola para que, independientemente de si la persona se identifica como tal salte automáticamente una alarma».

Aislamiento poco estricto

Y en este punto de la posible cadena de errores hay otra laguna inquietante. Los sindicatos aseguran que aunque la fiebre que Teresa dijo tener no superaba los 38,6 -lo que marcan los protocolos sanitarios internacionales- insistió en que presentaba manchas en la piel, pero no se consideró importante. Es evidente que en este punto fallaron los protocolos».

También habrá que revisar los procedimientos en otro punto importante. El propio coordinador del centro de Alertas y Emergencias del Ministerio de Sanidad, Fernando Simón, aseguró ayer a la cadena SER que «quizá habría que haber aplicado un protocolo de aislamiento en lugar de descartarlo porque la fiebre no era desorbitante, era baja y el cuadro no era obvio».

Pero todavía hay otro punto que genera más inquietud: los seis días que María Teresa estuvo haciendo «vida normal» estando contagiada.

Se sabe que el 26 de septiembre tuvo su último contacto profesional con García Viejo y que al día siguiente se tomó unas vacaciones que aprovechó para presentarse a unas oposiciones de empleo público. En teoría, durante los tres primeros días del contagio, ni siquiera hay carga viral suficiente para que el ébola se detecte en la sangre. Pero es imposible saber a ciencia cierta en qué momento exacto se pudo haber contagiado. Todo apunta a que la contagiada acudió sin manifestar los síntomas de la enfermedad a esas oposiciones y que, al no haber ni vómitos, ni diarreas, ni hemorragias, no pudo haber contagiado a las personas cerca de ella. Pero como todo el mundo sabe, la medicina aún está lejos de err una ciencia exacta, y lo que para un paciente cursa de una manera, para otro no tiene por qué ser exactamente igual.