El Vaticano aprovechará los relevos en la iglesia catalana para conjurar el nacionalismo
El cardenal arzobispo de Barcelona, Lluís Martínez Sistach conversa con el presidente de la Generalitat, Artus Mas tras la bendición de las rosas de San Jordi, el pasado 23 de abril - efe

El Vaticano aprovechará los relevos en la iglesia catalana para conjurar el nacionalismo

La sucesión de Sistach, la jubilación en 2014 de Piris y la delicada salud de otros dos obispos de Cataluña, propician un golpe de timón para evitar adhesiones a la deriva soberanista

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En el horizonte no muy lejano de Cataluña, se empieza a vislumbrar una imaginaria chimenea como la que el pasado mes de marzo se instaló en el tejado de la Capilla Sixtina para anunciar el nombramiento del Papa Francisco. La iglesia catalana se asoma a tiempos de fumatas blancas porque hasta cuatro de los diez obispos que allí tienen sede podrían ser relavados en no mucho tiempo, ya sea porque sus titulares alcanzan la jubilación o por problemas de salud. Un panorama que obliga a mover pieza al Vaticano para hacer cambios y, todo ello, en pleno clima de fervor soberanista que reina en Cataluña desde que a raíz de la Diada del pasado septiembre el gobierno de Artur Mas abrazó el independentismo y puso año límite para convocar un referéndum secesionista: el año 2014.

Según ha podido saber ABC de fuentes eclesiásticas, la Santa Sede observa con cierta inquietud la deriva nacionalista que impregna la política y la sociedad catalana y, sabedora de que a menudo el soberanismo catalán ha hallado cómplices entre el clero, quiere aprovechar el relevo obligado y próximo de varios obispos catalanes para conjurar el riesgo de un nacionalismo vestido de sotana.

Además, la Santa Sede tiene muy en cuenta que hay que poner coto al alarmante proceso de secularización que asola Cataluña, donde cada vez hay más iglesias y seminarios vacíos; carestía de vocaciones y fieles que se refleja en cifras. Según datos del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) de 2011, un 62,3% de los catalanes admitía ser católico, diez puntos por debajo de la media española. Y 22 seminaristas se formaban el curso pasado en el seminario de Barcelona, contra los 136 que lo hacían en el de Madrid. «Se busca una solución de cortafuego hacia el nacionalismo. Pero no se van a atrever a un proyecto tan valiente como el del País Vasco», señalan dichas fuentes. De entre las sucesiones en el obispado catalán, hay una que ya acumula retraso, la del cardenal arzobispo de Barcelona, Lluís Martínez Sistach, que alcanzó la edad de jubilación, 75 años, en abril del año pasado, pero que aún no tiene relevo. Su proceso va «conjuntamente» con el del cardenal de Madrid, Antonio María Rouco Varela, indicaron fuentes vaticanas.

Dos obispos enfermos

Otro cambio en ciernes por igual motivo se deberá producir el año que viene, cuando el obispo de Lérida, Joan Piris, alcance los 75 años. A estas dos sedes vacantes en Cataluña se le podrían sumar dos más, la de dos obispos que arrastran graves problemas de salud y que presumiblemente abandonarán su cargo a corto o medio plazo. Uno de ellos, podría incluso haber presentado ya su renuncia al Vaticano. Los dos prelados, cabe decir, no se han significado por tener un carácter catalanista.

El del cardenal Sistach es el primer relevo a considerar. Y su sucesión, claro está, será interpretada como declaración de intenciones del Vaticano. Que se lo digan sino al gobierno de Artur Mas, que ya empezado a mover hilos para que tenga un sucesor de perfil catalanista. El presidente de la Generalitat encargó meses atrás a su vicepresidenta, Joana Ortega (UDC), que estableciera contactos con responsables de órdenes religiosas en Roma para tratar de influir en la Santa Sede.

Barcelonés de cuna, algunos pintan al arzobispo metropolitano de Barcelona de nacionalista, aunque otros le atribuyen simplemente un afán por estar bien con quién gobierne en Cataluña, sea quién sea. Sea como fuere, a Sistach se le etiqueta como una de los cuatro abstenciones que se registraron en el seno de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española (CEE) -tantas como obispos catalanes la integran- cuando el pasado 4 de octubre acordó un documento que abogaba por preservar la unidad de España. Y Sistach formó parte de la reunión de la Conferencia Episcopal Tarraconense que se celebró un día después de la decisión de la CEE y en la que todos los prelados votaron a favor de defender la legimitimidad de cualquier opción política de cara a las elecciones a la Generalitat que Artur Mas había convocado, una semana antes, para el 25 de noviembre; al calor de la manifestación independentista de la Diada.

Como candidatos a suceder a Sistach suenan varios nombres. De entre los actuales obispos con sede en Cataluña, la opción más conservadora, acorde con la voluntad del Vaticano de evitar tentaciones soberanistas, son la del obispo de Terrassa (Barcelona), José Ángel Saiz Meneses (Cuenca, 1956) o de Tarragona, Jaume Pujol Balcells (Lleida, 1944). «Es la solución que menos va a gustar al nacionalismo pero es la menos agresiva», señalan las fuentes. Saiz Meneses junto a los prelados de Tortosa, Sant Feliu y Vic, se han mantenido al margen de las posturas nacionalistas. A Saiz le avala el cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, que aunque también está pendiente de relevo tras cumplir los 75 años en agosto de 2011, aún ejerce influencia en Roma.

En el otro extremo, la opción que más agradaría a los nacionalistas sería el arzobispo de Vic y Copríncipe de Andorra, Joan-Enric Vives. Con todo, de entre los actuales prelados catalanes, los que sí tienen un indubitado perfil nacionalista no están en las quinielas. Son el Abad de Montserrat, Josep Maria Soler, que además debería ser nombrado primero obispo, y el obispo auxiliar de Barcelona, monseñor Sebastià Taltavull. Soler, al frente de un Monasterio muy vinculado al nacionalismo -en Montserrat se fundó la Convergència de Jordi Pujol-, declaró el año pasado que la doctrina social de la Iglesia reconoce a Cataluña como nación y, por tanto, el derecho a reinvindicarse como tal. «También a nivel de decidir cuál debe ser el futuro de Cataluña». Taltavull fue si cabe más lejos y afirmó que la Iglesia respetaría el resultado de una consulta sobre la independencia en Cataluña.

Candidatos de fuera

No obstante, el relevo de Sistach también puede llegar desde fuera de las diócesis catalanas. Se ha llegado a rumorear el nombre del cardenal Antonio Cañizares, una posibilidad que ya ha puesto en guardia a los sectores más nacionalistas. Con todo, no parece que sea ésta la idea que baraja el Vaticano. «El Vaticano no busca un cambio de rumbo muy radical contra el nacionalismo, porque con ello podría provocar una reacción en contra de los sectores nacionalistas del clero que ahora están más o menos aletargados», señalan fuentes eclesiásticas.

Si de más allá de España debe llegar el sucesor de Sistach, una opción que podría cuadrar el círculo -reafirmar la conjura del nacionalismo, pero sin levantar ampollas y movilizar a sus abanderados- podría estar en la Santa Sede. Se habla del arzobispo español Luis Francisco Ladaria Ferrer, actual Secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Jesuita como el Papa, Ladaria nació en Manacor (Mallorca) por lo que sabe y conoce la lengua catalana. «En Cataluña difícilmente puede venir un obispo que no hable catalán», apunta Josep Miró Ardèvol, exdiputado de CDC , exconsejero de la Generalitat en la etapa de Jordi Pujol y fundador de E-Cristians. Quizás baste un guiño lingüístico para evitar que la cruzada independentista también intente reclutar a la iglesia para su causa.