Cuando cualquier católico podía ser Papa
Jovenes católicos rodean al Papa en la JMJ de Madrid - jaime garcia

Cuando cualquier católico podía ser Papa

Hoy en día es casi imposible que llegue a convertirse en Santo Padre alguien que no sea cardenal

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Aunque «cualquier varón bautizado puede ser elegido Papa» y en el pasado algunos laicos lo fueron, hoy en día es casi imposible que una persona que no forme parte del Colegio cardenalicio llegue a convertirse en el Sumo Pontífice de la Iglesia católica. Si ya no son 600 millones los papables, ¿quién puede realmente ser Papa? Juan María Laboa, historiador eclesiástico responde: «Como en otros aspectos de la vida y de la Historia, depende de los tiempos y de la situación política y religiosa concreta de cada momento».

«En algunos casos fueron casi niños, dos tenían alrededor de 17 años»

Durante muchos siglos, la elección del Obispo de Roma fue la habitual en las otras diócesis de la Iglesia: el Santo Padre era escogido por los presbíteros de la diócesis romana de entre sus diáconos y clérigos. «En algunas ocasiones también intervenían en la decisión los laicos, y en algún momento excepcional fue elegido Papa un laico que inmediatamente era ordenado sacerdote y obispo antes de actuar como Sumo Pontífice. Conocemos el caso de San Ambrosio, que era prefecto imperial de Milán cuando el pueblo, por aclamación, pidió que fuera ordenado obispo de la ciudad», explica el historiador pasaitarra.

En la Edad Media, algunos papas fueron impuestos por quienes detentaban el poder político en Roma. «En algunos casos fueron casi niños, dos tenían alrededor de 17 años. Ciertamente, estos episodios no constituyen un ejemplo edificante en la historia pontificia», afirma Laboa. Benedicto VIII y Benedicto IX fueron dos disolutos laicos que alcanzaron el Ministerio Petrino gracias a la coacción que ejercieron sus promotores. «Y otros papas fueron impuestos por los emperadores sajones de entre los sacerdotes o laicos de su séquito, con desiguales resultados», recuerda el experto. En cualquier caso, todos fueron ordenados obispos tras ser escogidos para ocupar el Trono de Pedro.

Sólo purpurados

Con Nicolás II (1059-1061) nació la tradición de que sólo los cardenales puedan elegir al Papa. Y en 1338 fue elegido el último Sumo Pontífice no purpurado. «Claro que entonces no todos los cardenales eran obispos, de forma que en alguna ocasión el escogido tuvo que ser ordenado obispo», explica Laboa.

A mediados del siglo pasado, con el Papa Juan XXIII, se impuso la norma de que todos los cardenales fueran obispos, de modo que en los últimos tiempos todos los escogidos para ocupar el Trono de Pedro eran obispos y purpurados en el momento de la elección. «Al morir Pío XII [que precedió a Juan XXIII] hubo algunos votos para Giovanni Battista Montini, arzobispo de Milán pero no cardenal, pero ya entonces era impensable que fuera elegido Papa alguien que no formara parte del Colegio cardenalicio», asegura el historiador eclesiástico.

Laicos bautizados, diáconos, presbíteros y obispos han sido sucesores de San Pedro al frente de la Iglesia, «pero en circunstancias normales, los papas han sido elegidos de entre los sacerdotes durante los diez primeros siglos de la Iglesia y, a partir del siglo XI, la norma ha sido que fuera un obispo experto en teología», aclara Laboa. Cuando Roma alcanzó la primacía sobre las restantes diócesis, se pasó a elegir al Sumo Pontífice no sólo de entre los obispos residentes en la ciudad, sino también entre los del resto de la cristiandad.