Benedicto XVI: «Permaneceré escondido para el mundo»
Benedicto XVI, junto al cardenal y vicario de Roma Agostino Vallini - afp
recta final del papado

Benedicto XVI: «Permaneceré escondido para el mundo»

El Papa expresa ante los sacerdotes de la diócesis de Roma su intención de no intervenir en público en la vida de la Iglesia

juan vicente boo
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En el encuentro de despedida de sus sacerdotes de la diócesis de Roma, Benedicto XVI les dijo, emocionado que «aunque me retiro a rezar, estaré siempre cerca de vosotros, aunque permaneceré escondido para el mundo».

El Papa se refería a una cercanía espiritual, y la expresión «permaneceré escondido para el mundo» es la primera referencia a sus planes de no intervenir en público en la vida de la Iglesia, limitándose a un papel de consejo de su sucesor, si el nuevo Papa se lo pide.

Era un momento muy emotivo, pues Joseph Ratzinger ha vivido con intensidad su papel de obispo de su diócesis, e incluso introdujo una llamativa reforma en el escudo papal. En lugar de utilizar la triple corona, símbolo de los Papas durante siglos, puso en su escudo la mitra y el palio de los arzobispos, símbolo de su ministerio.

Benedicto XVI escogió como tema para su discurso ante los sacerdotes, una intervención sin texto escrito, sus propios recuerdos del Concilio Vaticano II, del que ha sido el último gran testigo. Los sacerdotes le habían pedido ese tema. Ha sido la ultima lección del «Papa profesor».

La serenidad del Papa

Aunque el ambiente desbordaba nostalgia y el cardenal vicario de la diócesis de Roma, Agostino Vallini, comparó el momento a la emotiva despedida de san Pablo en Mileto, cuando los «presbíteros» y los fieles sabían que no volverían a verle más, el Papa estaba muy sereno.

Su marcha se está realizando en un clima de gran tranquilidad, sin que Benedicto XVI considere necesario lanzar ni alertas ni mensajes de despedida. En los tres últimos días, varias de sus intervenciones han sido exageradas en una línea u otra, ignorando que repite ideas como la unidad, la humildad, el servicio, etc., presentes en sus discursos y homilías desde que comenzó el Pontificado.

En realidad, quizá el Papa es el que está más tranquilo. La inmensa mayoría de los altos responsables de la Curia comprenden y respetan su decisión pero, de repente, han descubierto que le tenían más cariño del que pensaban. Lo mismo ha sucedido a millones de fieles en todo el mundo. Es una «despedida» muy distinta de la de Juan Pablo II, pero más emotiva de lo que nadie hubiese imaginado.