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«Entre dos aguas», de Isaki Lacuesta, Concha de Oro del Festival de San Sebastián

«Rojo», de Benjamín Naishtat, se hace con la Concha de plata a mejor dirección, fotografía y actor

Isaki Lacuesta, director de «Entre dos aguas», en el escenario tras ganar la Concha de Oro de San Sebastián
Isaki Lacuesta, director de «Entre dos aguas», en el escenario tras ganar la Concha de Oro de San Sebastián - AFP
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Isaki Lacuesta ganó la Concha de Oro del Festival en 2011 con «Los pasos dobles» y la ha vuelto a ganar este año con «Entre dos aguas»…, dobles y doses, dos Conchas, o sea que podría decirse que Isaki Lacuesta es un director bivalvo, lamelibranquio, y además hay una cierta simetría bilateral en la película ganadora, pues recoge una docena de años después, y ya adultos, a los adolescentes de «La leyenda del tiempo». Presidía el Jurado que le otorgó el gran premio a esta película un cineasta mayúsculo, Alexander Payne, cuyo cine podría situarse al otro extremo del que busca y practica Isaki Lacuesta, y tal vez sea por eso que ha sabido apreciar la dificultad de ensamblar lo real y lo ficticio de la historia de esos personajes marginales de «Entre dos aguas», y captar todo el caudal trágico que arrastran delante de la cámara de Lacuesta y, probablemente, al margen de ella.

Se puede entender y valorar los porqués del Jurado para otorgar esta Concha de Oro, pero resulta mucho más complicado encontrar argumentos para dar por bueno su Premio especial del Jurado a «ALPHA (The Right To Kill)», de Brillante Mendoza, un policíaco con nervio (o nervios) pero sin alma y sin apenas singularidad, con personajes y situaciones de manual del género. La fragilidad de este galardón sirve, si acaso, para valorar un poco más el tercer premio en importancia, el de Mejor Director, que ha caído en el argentino Benjamín Naishtat por su película «Rojo», que tenía un arranque poderoso, un desarrollo inquietante y una caída en barrena final. Incluso podría considerarse a «Rojo» como la gran triunfadora de esta edición, pues su protagonista, Darío Grandinetti, fue premiado como Mejor Actor: su personaje de hombre apurado y que soluciona sus problemas del peor modo posible tiene madera premiable y él le da forma y modela con brillantez.

Cine de extremos

El premio de interpretación femenina a la actriz de «Blind Spot», Pia Tjelta, tiene de justo la gran cantidad de esfuerzo, histeria y entrega que ha de poner en él sin tener el descanso o tiempo muerto del corte del plano, pues su directora, Tuva Novotny, decide rodar su historia en un kilométrico y en muchos momentos tedioso plano secuencia. No hay composición del personaje de esa madre, lo que hay es una imparable cantidad de lágrimas, mocos, gritos y depresión ante el acto suicida de su hija. De nuevo cine al otro extremo del que practica y borda Payne, lo cual incide en la sensibilidad y apertura de miras de este hombre: premiar «lo otro».

Hubo otro premio para el cine español, aunque recayó en el guionista británico Paul Laverti y su trabajo en «Yuli», la película de Icíar Bollain. Y así, se le pudo escuchar desde el escenario todo su ideario político sobre Cuba y los perversos yanquis e israelitas. También se podría hacer un bonito guion con lo que vino a decir. Este premio lo compartió Laverty con Louis Garrel, guionista y director de «El hombre fiel», que no era gran cosa, pero visto lo que vino después (se proyectó al principio del Festival) igual se han quedado algo cortos con ella.

No ganó Sorogoyen, no ganó Vermut, no ganaron ni Darín ni Mercedes Morán… , lástima, pero al menos tampoco ganaron ni Peter Strickland con la bullabesa «In Fabric» ni Claire Dennis con la desvencijada «High Life». Bien por Alexander Payne.

[Isaki Lacuesta vuelve gitano, trágico y documental con «Entre dos aguas»]