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Sin noticia de la Concha de Oro para un inminente Palmarés

«Gigantes», la serie de Urbizu y Dorado, y «Petra», de Jaime Rosales, rescatan el buen cine fuera de concurso

José Coronado en San Sebastián
José Coronado en San Sebastián - EFE
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Definitivamente, la sección competitiva de este año no ha encontrado ese título inapelable al que colgarle la Concha de Oro. El último en salir, el noruego “Blind Spot”, era un completo “truño” aunque camuflado detrás de una historia muy emocional que se hubiera merecido un mejor empaquetado. La directora, Tuva Novotny, cuenta en planos secuencias infinitos y sin el menor interés un suceso trágico en una familia y su hija adolescente. La primera media hora es un largo paseo del cole a casa en conversación inane con una amiga; y tras el golpe de tragedia, sólo hay gritos, llantos, histeria y tres o cuatro detalles sobre la personalidad y pasado de los personajes. Dos horas de cámara cansina y de interpretaciones extremas para contar lo que un guionista y director (pongamos Billy Wilder) diría mucho mejor en cinco minutos y otras tantas frases y planos. Aquí, entre el tiempo muerto y el tiempo moribundo, uno pierde el suyo.

Este título, junto al “High Life” de Claire Dennis y junto a “In fabric” de Peter Strickland, forman una trilogía de cine irritante que muy bien podría acaparar todos los premios del Palmarés, porque no hay que descartar que el presidente del Jurado, Alexander Payne, además de un director excelente sea un espectador y juez que disfrute con el cine irritante y tedioso. De las películas españolas en competición, el jurado puede elegir entre la corrosiva foto de ambiente de “El reino”, entre el sudor de melodrama y estilo de “Quién te cantará” o entre ese jarro de cine fresquito y “real” de “Entre dos aguas”. Las mejores interpretaciones son, a varias millas de distancia, la de la pareja argentina de “El amor menos pensado”, Ricardo Darín y Mercedes Morán, pero se puede apostar doble contra sencillo a que encuentran algo más “cool” para premiar. No puede haber un buen Palmarés, y ya liberamos a Alexander Payne de improvisarlo.

No ha sido la de esta edición del apartado oficial la mejor de los últimos años, pero sí ha tenido fuera de ellas las mejores Perlas y ese cine que compensa un día repleto de películas de autores por descubrir cualquier década de estas. Cualquiera que haya visto “Cold War”, la película polaca de Pawlikowski, o “Roma” de Alfonso Cuarón, puede volverse a casa bien contento, pues habrá visto lo mejor del año. O la de Jaime Rosales, “Petra”, un mayúsculo melodrama que también se ha exhibido en la Sección de Perlas. Hay tanta tragedia, tanta sorpresa, intriga emocional y vocación de lenguaje en esta película de Rosales, una historia que serpentea con elegancia como el mejor “culebrón” y que tiene dentro, entre otros varios hallazgos, al más puro villano visto en décadas, un tipo (que interpreta magistralmente Joan Botey) que se maneja en el mal, en la amoralidad, con espeluznante frescura, y consigue llevar la maldad a tal grado de pureza que linda, por espontánea y auténtica, con ese punto extremo de la comedia.

Fuera de la competición se ha proyectado también “Gigantes”, o en realidad los dos primeros capítulos de lo que será una serie de éxito. Los dirige Enrique Urbizu, tan dotado para hacer ese cine negro y sucio que requiere la historia. De nuevo es José Coronado el fulano que da miedo, un patriarca sin el menor rasgo de humanidad, tan duro, cruel e insano, que deja a aquel miserable Santos Trinidad (el poli de “No habrá paz para los malvados”) en un seguidor de la Madre Teresa de Calcuta. Uno se traga los dos primeros capítulos como un canapé de anchoa, de un bocado, aunque la tensión, la adrenalina, la malicia y la violencia pidan agua para pasarlo. Una especie de familia a lo “Padrino”, pero en el rastro madrileño, y con tres hijos “corleones”, Daniel Grao, Isak Ferriz y Carlos Librado, que uno no querría encontrárselos ni en el desayuno del hotel.