Cristina Cifuentes y Esperanza Aguirre
Cristina Cifuentes y Esperanza Aguirre - Ignacio Gil
EDITORIAL ABC

La Púnica, otra arma para la izquierda

Pase lo que pase con Aguirre y Cifuentes, la izquierda y Cs reciben una munición política que servirá como coartada para señalar a Casado por las irregularidades de otras etapas del PP

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El juez de la Audiencia Nacional Manuel García Castellón comunicó ayer oficialmente la imputación de Aguirre y Cifuentes por su presunta vinculación con el caso Púnica, en el que se investiga la supuesta financiación irregular del PP en la Comunidad de Madrid. La Audiencia indaga a instancias de la Fiscalía Anticorrupción si se produjo un desvío de fondos públicos para el pago del gastos del PP madrileño durante las campañas de 2007 y 2011, y para ello el magistrado ha citado a Aguirre y a Cifuentes como investigadas. La corrupción debe ser incompatible con cualquier sistema democrático que aspire a ser ejemplar. Por eso, la labor de la Justicia merece respeto y poder realizar su labor desde el rigor y la independencia, sea quien sea el objeto de unas pesquisas judiciales y perjudique al partido que perjudique. Ya son varios los procedimientos que retratan una época del PP de Madrid como un lodazal de corrupción, y este partido está pagando las consecuencias de haber visto a cargos relevantes de Aguirre procesados por integrar auténticas organizaciones dedicadas al tráfico de comisiones para su enriquecimiento ilícito. En aquella etapa de mayorías absolutas no funcionó la supervisión de diversos cargos que ya emitían señales de que lo suyo no era precisamente el servicio público, sino llenarse los bolsillos. No es el caso de Aguirre ni de Cifuentes, y desde luego no es el momento procesal de insinuar siquiera esa acusación. Sin embargo, tendrán que responder por la imputación de supuestos delitos de falsedad y por infracciones electorales, y por eso el mismo respeto debe merecer la actuación judicial -pese a tantas y tantas incriminaciones fallidas de Anticorrupción- como su derecho a la presunción de inocencia.

No obstante, dada la deriva actual de la política va a resultar irrelevante si este procedimiento llega o no a juicio. Habrá pasado demasiado tiempo y el daño estará hecho. La estigmatización quedará, y también los efectos políticos para el PP de Casado, aunque no tenga nada que ver con hechos ocurridos hace ya más de diez años. La operación Púnica, como tantos otros procedimientos judiciales, son una losa política, jurídica y emocional que el PP nunca podrá sacudirse de encima. Y menos aún, gracias a ese fervor de populismo patrio que exige juicios paralelos y condenas preventivas ejemplarizantes antes de que quede probada cualquier mínima sospecha. También en materia de corrupción prevalece la pretendida superioridad moral de la izquierda, y por eso no es extraño que siempre haya echado tierra encima del caso ERE, del escándalo de los cursos de formación o de los abusos sindicales. Ocurra lo que ocurra con Aguirre y Cifuentes, la izquierda recibe una munición política que servirá también a Ciudadanos como coartada para señalar a Casado por las irregularidades de otras etapas del PP.