Vox, orgullo de pertenencia

Agustín Pery
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Lo que deberían temer los afectados por la irrupción de Vox no es retratarse con ellos sin renunciar, claro, a gobernar gracias a sus diputados. Eso es de político cínico y menor, más pendiente de las redes sociales que de apuntalar un programa político inmune a los graznidos tuiteros. Los temidos fascistas -bautizados precisamente por los que no se nominan pero ejercen como tales- no se ocultan ni renuncian a celebrar públicamente que ellos sí votan, y votarán, a Vox. Desprecian los ataques que reciben y los responden con actitud flamenca, con orgullo de pertenencia. «Me acabo de afiliar. Votaré a Vox» es una frase que se repite en cenas, bares y reuniones familiares. Parece pues que este país se

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