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Maldito verano

El verano del presidente Trump no ha sido bueno, por muchas jornadas de golf y soliloquios tuiteros que haya incluido

José María de Areilza Carvajal
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El verano del presidente Trump no ha sido bueno, por muchas jornadas de golf y soliloquios tuiteros que haya incluido. Desde su club de Nueva Jersey ha visto con indignación cómo se lo estropeaba uno de sus colaboradores más estrechos, Michael Cohen, quien reconocía haber cometido en su nombre dos delitos federales sobre financiación electoral. Durante la campaña presidencial este abogado de confianza compró el silencio de dos mujeres con las que Trump supuestamente tuvo relaciones extramaritales. Al igual que Trump no tiene fácil clasificación entre los presidentes anteriores, Cohen es un abogado singular, más cercano al mundo descrito en El Padrino o los Soprano que a los valores de la rica jurisprudencia norteamericana. Al comienzo del nuevo curso el presidente maldice a su consejero, recrimina al fiscal general por no manipular el sistema judicial, despide a su asesor jurídico en la Casa Blanca y avisa que los mercados se hundirían si fuese sometido a un juicio político por el legislativo. También proclama que la violencia se desataría si los demócratas ganan terreno en las elecciones de noviembre.

Al margen de estas consignas apocalípticas, el trabajo minucioso del fiscal especial Robert Mueller progresa, en busca de aclarar la relación del entonces candidato presidencial con los intereses rusos. Mueller aprovechará que Cohen quiere reducir su tiempo en prisión contando más detalles de su larga asociación con Trump. El otro giro que podría hacer mella en esta presidencia convulsa no es el difícil impeachment o destitución sino la pelea interna en el partido republicano. Los herederos de Lincoln atraviesan unos días de tregua en los que despiden a McCain. La figura de Trump empequeñece al compararlo con este representante señero de una identidad respetable y conservadora, en las antípodas de la oleada populista y revolucionaria encarnada por el presidente. Si en las elecciones legislativas de noviembre los demócratas consiguen avances sustantivos, Trump se enrocaría aún más y los republicanos moderados resurgirían como contrapeso a su agitación ultranacionalista. La pregunta entonces sería si son capaces de unirse en una candidatura alternativa a la de Trump en la elección presidencial de 2020.

José María de Areilza CarvajalJosé María de Areilza CarvajalArticulista de OpiniónJosé María de Areilza Carvajal