Cuidado con los giros

POR JOSÉ MARÍA CARRASCAL
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QUIENES en Europa celebran la victoria de Barack Obama como un «giro a la izquierda» de los Estados Unidos, mejor que atemperen su entusiasmo, no vayan a llevarse la desilusión de su vida. En su primera conferencia de prensa como presidente electo, Obama se mostró moderado, prudente, centrista, sin el menor indicio de agenda de izquierdas. Sus primeros nombramientos están también en esa línea de gente sólida, práctica, con experiencia, más interesada en resultados que en ideología.

Menos aún parece que los norteamericanos deseen ese giro. Todo lo contrario. Entre las muchas cosas a decidir el pasado martes junto al nuevo presidente, figuraba la prohibición del matrimonio homosexual en California, Arizona y Florida. Pasó en los tres estados. Sorprende sobre todo en California, con San Francisco como capital del mundo gay norteamericano y una sentencia de su Tribunal Supremo autorizando el matrimonio de personas del mismo sexo. Pero por encima de los tribunales están los ciudadanos, y los californianos lo han rechazado por un rotundo 62 por ciento. En Arizona y Florida, el porcentaje fue aún mayor. Uniones civiles, contratos legales, lo que quieran, pero matrimonios, sólo los de hombre y mujer. Curioso que quienes más respaldaron la prohibición fueron los negros, un 70 por ciento, con los hispanos -un 20 por ciento de aquel censo- decidiendo la batalla, ya que los blancos se inclinaron por continuar permitiendo esos matrimonios. Pero los blancos tienen cada vez menos que decir en los Estados Unidos, mientras negros e hispanos tienen cada vez más.

¿Qué va a pasar con los 17.000 matrimonios homosexuales celebrados hasta la fecha en California al amparo de la sentencia de su Tribunal Supremo? Nadie lo sabe, pues el lío legal es de campeonato, así que, de momento, se quedan en el limbo. Lo que no se queda en el limbo es la actitud del país respecto a una cuestión tan significativa. Con esos tres estados, son ya cuarenta los que han tomado medidas para impedir los matrimonios entre personas del mismo sexo, aunque buena parte de ellos autoriza su «unión domestica», con los mismos derechos que los matrimonios. Es su consideración como tales lo que se debate y lo que, de forma creciente, se rechaza. De hecho, sólo Massachussets y Connecticut lo autorizan. Una autorización que puede cancelarse si el movimiento a favor de una enmienda constitucional que los prohiba sin posibilidad de recurso alcanza su destino, como posiblemente ocurra.

O sea, mucho cuidado con excederse en celebrar «el giro a la izquierda de los Estados Unidos», que muy posiblemente resultará a un giro al centro, tras los excesos de Bush. Pudiendo ya afirmarse que los norteamericanos, gente práctica, no han elegido a Barack Obama para que traiga el socialismo a su país. Le han elegido para que resuelva sus problemas, algo en lo que el socialismo no ha tenido demasiado éxito.

¡Ah!, me olvidaba: Obama también se opone a los matrimonios homosexuales.