El auge de nuestro totalitarismo

El pueblo ha perdido el derecho a cuestionar la ejecutoria pública del presidente del Gobierno

Ramón Pérez-Maura
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Habituados como estamos a la doble moral imperante en la España de nuestros días, a nadie sorprende que de repente haya tenido tanto eco la irrupción de Vox en la Plaza de Toros de Vistalegre. Pero sí debería sorprender. Se atribuye a esa formación actitudes de ultraderecha. Y ya se sabe que el elemento compositivo «ultra» implica una descalificación. Pero ninguno de los que define a ese partido como de «ultraderecha» calificaba a Podemos como partido de «ultraizquierda» cuando llenaba el mismo coso taurino. Y tan extremista es un partido como otro. Exactamente igual. Mas vivimos tiempos en que el extremismo de izquierdas está legitimado desde la mayoría de los medios de comunicación y las posturas conservadoras y liberales son automáticamente descalificadas como fascistas o de extremaderecha.

Para mí, el principal valor que aporta el auge de Vox a las fuerzas no socialistas es el de que, a partir de ahora, los socialistas y sus medios afines tendrán que dejar de definir al PP de Pablo Casado como partido de «ultraderecha». Porque si Casado es ultraderecha, ¿cómo van a definir a Abascal? Y mientras tiene que temblar la democracia española porque Vox ha reunido a unos 10.000 seguidores –compárese con la Hermandad de la Macarena de Sevilla, que acaba de registrar a su hermano número 14.000, como bien precisa mi colega Manuel Marín– las verdaderas amenazas a la democracia llegan del otro lado del espectro político.

El presidente Sánchez ya ha dicho que no va a acudir al Senado el día 23 a someterse al control de la Cámara para responder por el plagio de su tesis. Para este presidente el Parlamento es un incordio. Y lo es porque nos gobierna un presidente que no ha ganado una elección en su vida y que, como Nicolás Maduro, quiere minar el Senado porque el pueblo español dio allí, en una elección de limpieza nunca cuestionada, la mayoría absoluta a una opción que no es la que Gobierna. Y el pueblo ha perdido el derecho a cuestionar su ejecutoria pública. Lo que según Sánchez, lo enaltece.

No contentos con eso, ABC desvela hoy cómo la toma de control de todas las instituciones del Estado a costa de los profesionales que ocupaban esos puestos se ha extendido ahora hasta la compañía de Correos. Su nuevo presidente, Juan Manuel Serrano, cuya principal experiencia laboral ha sido la de ser jefe de gabinete del doctor Sánchez (es decir, ser su secretario) ha hecho una purga de altos cargos muy cualificados en la compañía y se dispone ahora a emplear los recursos de la misma a beneficio político del presidente del Gobierno. Es el chavismo en estado puro. ¿Cuál era la compañía más rentable de Venezuela? Pedevesa. Se dedicaba a la extracción de petróleo y a su comercialización internacional. Desde que llegó Chávez se empezó a emplear los recursos de esa petrolera en acciones políticas. Hasta el punto de arruinar la firma, que hoy es un cadáver empresarial. No son empresas comparables, pero a nuestra escala, el que se emplee el dinero destinado al marketing de una compañía estatal –es decir, de usted y mía, querido lector– para la propaganda política del presidente del Gobierno es un ejemplo calcado de la Venezuela de Hugo Chávez, la que tanto admiran Juan Carlos Monedero y el doctor Sánchez.

En España hoy hay usos totalitarios, gestos totalitarios y síntomas totalitarios. Y eso sólo puede llevar al puro totalitarismo.

Ramón Pérez-MauraRamón Pérez-MauraArticulista de OpiniónRamón Pérez-Maura