Varias personas circulan en bici por el anillo verde a la altura del barrio de San Blas
Varias personas circulan en bici por el anillo verde a la altura del barrio de San Blas - ignacio gil
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La «pájara» del Anillo Verde ciclista

Los usuarios de la vía de 64 kilómetros que rodea la capital denuncian errores en la señalización, el desgaste del pavimento y la falta de mantenimiento de las barandillas

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Muchos lo han recorrido en bicicleta, otros a pie o en patines y alguno hasta se ha atrevido a pintar cada palmo del Anillo Verde de Madrid, una infraestructura de 64 kilómetros que rodea la capital y que, a tenor de los testimonios de sus usuarios, atraviesa –como los ciclistas– una «pájara».

«Hay zonas que están bastante mal», explica Ramón Arjona, miembro de la «Comunidad del Anillo Verde», un grupo de amantes de la bicicleta que conocen como nadie el día a día de esta particular vía, cuyas obras comenzaron en el año 2003 y finalizaron en 2007. Arjona relata a Efe –con memoria fotográfica– todas las deficiencias que, como buen ciclista aficionado, se va encontrando conforme da pedales en sus habituales rutas en bici por el trazado.

Errores en la señalización, fallos estructurales a la hora de confeccionar el recorrido, desgaste del pavimento o falta de mantenimiento de la vegetación de los aledaños representan a día de hoy las principales carencias del Anillo Verde para Arjona.

«La zona de la Depuradora de la China es crítica», subraya el cicloaficionado, quien explica que en ese punto los ciclistas tienen que compartir la acera con los peatones algo que, además de ser peligroso, de ocurrir en el centro de la capital es motivo de una minuta administrativa, como muchos han sufrido en primera persona.

Peligrosas barandillas

«Aquí tenemos que ir por la acera, porque por ahí transcurre el carril, que tendrá como dos metros de ancho y que tenemos que compartir peatones y ciclistas», lamenta Arjona. Del mismo modo, y por si esto fuera poco, este tramo de acera está en un puente elevado en el que unas barandillas resguardan a los usuarios pero que, debido a su estrechez, «si rozas el manillar con la barandilla te vas al suelo».

Pese a todo ello, Arjona sostiene que «está muy contento» con la existencia del Anillo, donde habitualmente organizan «anilladas», como denominan a las marchas cicloturistas por esta vía, que fue retratada por Juan Calderón, un pintor que publicó un libro con sus dibujos del recorrido.

Se llama « Madrid en bici, el Anillo Verde ciclista en 64 ilustraciones» y para ello, el autor invirtió dos años en salir con su bici y parar kilómetro a kilómetro para retratar sus diferentes partes. Por ello, pocos como él conocen este carril bici. «Si quieres darle la vuelta entera puedes hacerlo al 95 %», confirma, pero también reconoce que hay sectores que no están en óptimas condiciones actualmente.

Coincide mayoritariamente con Arjona a la hora de elaborar el diagnóstico y reconoce que hay algunas zonas «demasiado estrechas», otras en las que «hay demasiados cruces con carreteras» y también que hay partes del trazado mejorables, como los aledaños a La Peineta. «El problema en el Estadio Olímpico es una chapuza», resuelve Arjona al respecto, quien explica que los ciclistas han de pasar por un parque «que no está muy bien mantenido» y que también tienen que alterar su recorrido en este punto para continuar con la ruta.

Pavimento agrietado

Además, el aficionado identifica que un problema recurrente al Anillo Verde es el de las juntas de dilatación, «que en su día se configuraron mal» y que actualmente, junto con el pavimento agrietado, han dado lugar a juntas de cinco centímetros, lo que aumenta el riesgo de accidente al circular en bicicleta.

Pese a todo ello, y en tiempos de expansión de la bicicleta urbana en Madrid gracias a BiciMad, Arjona confía en que la situación del Anillo Verde ciclista mejore: «Somos optimistas, seguro que en los próximos años se van haciendo cosas», vaticina.

Y más vale que sus predicciones se cumplan, porque el Anillo Verde ciclista representa un servicio que no todas las grandes ciudades pueden ofrecer a sus ciudadanos, como es una infraestructura deportiva de 64 kilómetros en pleno núcleo urbano, que actualmente corre el riesgo de descolgarse del pelotón.