La paradoja del marqués de Salamanca
El Palacio del marqués de Salamanca, en Madrid - abc

La paradoja del marqués de Salamanca

Nadie imaginaba en 1883 que el barrio bautizado con el nombre de este pionero empresario y magnate del ferrocarril se convertiría en una de las millas doradas del urbanismo europeo

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¿Imaginaba alguien en 1883, cuando dejó este mundo prácticamente en la ruina José de Salamanca y Mayol, marqués de Salamanca, pionero empresario y magnate del ferrocarril, que uno de sus grandes legados, el barrio de Salamanca de Madrid, se convertiría en una de las millas doradas del urbanismo europeo?

Porque el barrio de los 4.967 euros por metro cuadrado, el de los precios un 190 % superiores al resto de España, nació a mitad del siglo XIX en plena crisis europea y en un Madrid «muy aldeano» que vació los bolsillos de su impulsor, explica Juan González Solano, autor de ' El camino de hierro', el retrato de ficción de un hombre adelantado a su tiempo, melómano y megalómano.

Cuenta Juan González Solano, que centra su libro en las andanzas políticas, empresariales y culturales de este hombre excepcional, que Salamanca, ciudadano del mundo, concibió el barrio bautizado con su nombre a imagen y semejanza del bulevar del 'faubourg' Saint-Germain de París impulsado por el barón Haussmann.

Salamanca, que creó un banco -el Banco Isabel II, germen del futuro Banco de España- cuando no había bancos, primer gran inversor de Bolsa de España, adelantado del ferrocarril «cuando no se sabía lo que era» y mecenas de la ópera era, en resumen, un tipo de «obras gigantescas», explica González Solano.

Y entregó «con alma entera» al nuevo barrio la última parte de su vida para ensanchar la ciudad de Madrid, que entonces se acababa en Cibeles, hacia el norte y hacia el este, con un diseño «condicionado», apunta el autor, por el plan del urbanista Castro.

Salamanca edificó primero su palacio, en la zona de Recoletos -hoy sede de la Fundación BBVA- y con una huerta detrás, y compró «una barbaridad de terrenos».

Un barrio «de élite, elegante, fastuoso»

El marqués pensó siempre en un barrio «de élite, elegante, fastuoso» y la recta final de su vida fue una contrarreloj contra un mapa de damero, el que marcó el crecimiento de la que es hoy la zona más exclusiva de Madrid.

En la recta final de su vida echaron a andar las construcciones al este de Recoletos: en primer lugar, la calle Serrano, que nació como Bulevar Narváez -nombre del mandamás de la época ordenado por el Ayuntamiento- y que con el cambio de régimen posterior a la caída de Isabel II, con Narváez ya en la tumba, tomó su actual denominación.

Otro hito del barrio naciente fue el levantamiento, en 1874, de una plaza de toros precedente y de estilo similar a Las Ventas ubicada en la zona que hoy ocupa el Palacio de los Deportes.

A su muerte, en 1883, el barrio constaba de diez calles transversales y no había pegado el estirón hacia el norte del que alardea hoy porque Salamanca se encontró con una época muy mala en la que nadie compraba porque la crisis se llevó todo por delante e importaba más el hambre.

De este modo, el marqués «se empeñó, vendió todo lo que tenía y murió sin nada», expone González Solano, enamorado del carácter novelesco de un hombre que además fue ministro, jefe de gobierno en funciones y conocido de todo el mundo por su estilo de vida de 'bon vivant', pero del que «quedaron muchas cosas».

«¡Hombre si quedó...!», exclama el escritor antes de recordar que en el estado de Nueva York pervive la City of Salamanca -condado de Cattaraugus- en honor al marqués que le dio el ferrocarril.

Pero esa es ya otra historia.