Rutas ocultas en el Parque Nacional del Guadarrama
Un grupo de escolares, ante un monumental bloque de granito en La Pedriza - isabel permuy

Rutas ocultas en el Parque Nacional del Guadarrama

El Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama y, en especial La Pedriza, ofrecen 10 rutas a pie que «enganchan»

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En el bosque siempre encuentras amigos. Es el espíritu de la Naturaleza. Que se cumple en cualquiera de las 10 sendas del Parque Nacional del Parque de Guadarrama. Aquí, entre las impresionantes moles de granito de La Pedriza, dentro del parque y su zona de protección, es verdad que uno nunca se siente solo. Con todo el que te cruzas, hacia arriba o hacia abajo, te saluda. Es proverbial. No hace falta que os conozcáis. Es que la belleza y la tranquilidad lo ponen muy fácil.

Recorremos una senda en La Pedriza. La mañana no puede estar más a nuestro favor. Sol y un frío de narices. Por eso las llevamos tapadas. Pero nada más empezar el camino, en el Mirador de la Quebrantaherradura, ya gritas: «¡Vaya vistas!». «¡Señorita, pues espere a seguir ascendiendo. No se lo imagina!», me dice un simpático montañero, que remata la senda.

Perdonen por la licencia. Pero es que a esta servidora La Pedriza le devuelve a sus años mozos, aquellos en los que con su bávaros, sus botas Camet mixtas y sus medias especiales que no dejaban pasar la humedad, se anduvo estos parajes y, además, escaló el Yelmo y el Pájaro. Luego hizo sus correspondientes rápeles, para descender. Porque en la montaña, ya se sabe: «todo lo que se trepa, se “destrepa”». Tuve buenos maestros del Club de Alpinismo Peñalara y del de Cumbres.

Pablo Sanjuanbenito, responsable de Áreas Forestales, es nuestro «guía» es este recorrido. Un placer, oiga. Se lo sabe todo y lo cuenta con entusiasmo. No quiere que se pase nada pero, solo con sus datos, podríamos escribir un desplegable. Venga, ánimo.

Clase de medio ambiente

En el Mirador de Quebrantaherradura Pablo nos explica que, cerca, está el nacimiento del río Manzanares, en el Ventisquero de la Condesa, junto a La Bola. Y que por ahí anda el Yelmo (1.717 metros de altura), el Barranco de las Honces, la Gran Cañada, el Cancho de los Muertos o Las Torres, con sus 2.015 metros hacia arriba.

Así, según vamos hablando (sin perder de vista al pedrusco de granito que tendremos que sortear esta vez), nos cruzamos con profesores y alumnos del Colegio Casvi. Una de las estudiantes de segundo de ESO, lo tiene clarísimo: «Estar fuera es mejor que estar en el aula. Si encima es para que nos explique todo lo que hay en la Naturaleza, mejor. Esto es precioso y con muchos secretos». Su profesora, Ana Avendaño, asiente. Desde el fondo, la educadora ambiental del parque nacional, Cristina Urrea, coincide en que la Naturaleza hay que verla, tocarla, respirarla o disfrutarla».

De las 10 sendas que ofrece el Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama, el primero de la categoría de máxima protección en Madrid, hay cinco más frecuentadas y otras cinco más desconocidas pero más bonitas.

En todo el parque y su zona de influencia protectora, se ofrecen 800 kilómetros de sendas. Las hay para todos los públicos. Tanto si se trata de familias como si son alpinistas o montañeros experimentados. Aquí se mezclan naturaleza, arte, cultura e historia. Todo tiene su sitio.

Vamos con las sendas, las más populares. La primera es la Senda de los Miradores. Naturaleza y cultura se dan la mano en este sencillo y fácil recorrido circular de 9,3 kilómetros y unas tres horas de duración. Arranca desde el fondo del Valle de la Fuenfría, en Cercedilla, junto a una antigua calzada borbónica. Este es el camino utilizado, hace más de un siglo, por los primeros guadarramistas. La segunda es el Camino Schmid. Posiblemente, la más conocida. No es circular pero que sube durante 7,8 kilómetros desde el aparcamiento de Majavilán (Cercedilla), hasta el Puerto de Navacerrada a través de pinares y praderas. Ahí están las cimas de los Siete Picos. Una gloria.

Vistas espectaculares

La tercera es la del Cancho de los Muertos. Según los datos de la Consejería de Medio Ambiente, desde el aparcamiento de Canto Cochino, en La Pedriza, estamos en una senda circular de unos 5,5 kilómetros. En el recorrido admiramos cantuesos y tomillos, pero también una espléndida panorámica de El Tolmo, bloque de granito de enormes dimensiones. Ya en el Cancho, aparecen ante nuestros ojos las mejores «estrellas» de La Pedriza: ese Tolmo ya citado, el Pájaro, el Fantasma, La Maza y el Camello.

Nos vamos a Cuerda Larga, la cuarta ruta. De las populares, es la de mayor dificultad. Son 18,2 kilómetros entre el Puerto de Navacerrada y el Puerto de la Morcuera, una ascensión de los 1.800 metros a los 2.360. Pero, a cambio, vistas espectaculares, incluido el Valle del Lozoya.

La quinta senda es la Subida a Peñalara, la «joya de la corona» del parque nacional. Son 5 kilómetros. Tiene un origen glacial y un agua que la precede en fama, merecida. Se puede llegar hasta el mismo Pico de Peñalara.

Ahora nos vamos a esas otras cinco sedas, que dicen menos conocidas, pero que resultan espectaculares. La primera es El Bosque de Mojonavalle, circular y de 4,5 kilómetros. Además, tiene premio: chorrera con caída de agua de 20 metros frente a la que hay un gran álamo temblón y un espacio para sentarse y descansar. Nos recuerda a algunas películas de princesas de Disney. Vamos, clavadito.

Nos trasladamos a la De Navafría al Reventón. Una ruta lineal que va por Montes Carpetanos. Ofrece unas inmejorables vistas del Valle del Lozoya y de la llanura castellano-leonesa, hasta La Granja, durante sus 27 kilómetros de ruta. Se puede disfrutar de los hoyos glaciales de Alameda y Pinilla, refugio de la cabra montés.

El sitio más bonito

Seguimos con el Itinerario Geológico por La Pedriza. Tan bonito como duro. Las rocas te van diciendo lo que ha hecho el tiempo con ellas. Granito, como siempre, pero aquí en grado superlativo. Y vemos, con la boca abierta, la majestuosidad de El Tolmo, El Yelmo, El Pájaro, Peña Sirio...

La senda del Paular al Mirador de los Robledos que, para muchos, es el sitio más bonito de la Comunidad de Madrid. La décima senda es Las Cascadas del Purgatorio. Bonita a rabiar, recorre en 15 kilómetros gran parte del Camino Viejo de Madrid.