En la Lotería de Navidad de 2008 una anciana se hizo famosa al aparecer llorando ante las cámaras con su décimo estropeado aunque todo resultó ser un montaje de «Salvados» - CHEMA BARROSO / Vídeo: Los mejores momentos de la Lotería de Navidad

Lotería de Navidad: los premiados con peor suerte de la historia

Algunos lo soñaron y no lo compraron, otros no adquirieron el número ganador por primera vez en muchos años, algunos lo metieron en la lavadora... no todo iban a ser historias felices

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MadridActualizado:

Escondida en la página 17 de la edición de ABC del 23 de diciembre de 1949, encontramos una de esas historias de la Lotería de Navidad difíciles de creer. La protagoniza un malagueño que días antes del sorteo soñó que el Gordo caería en el número 55.666 y el final no es precisamente feliz.

Cuando se acercaba la fecha, este malagueño hizo los bártulos y se trasladó a Madrid para buscar el décimo de Lotería de Navidad que debía cambiarle la vida. Fue en la Asociación donde se enteró de que su viaje había sido en balde: «Los billetes de las cinco series adquiridas en la Administración de Loterías número 65, de la calle de Espoz y Mina, por el presidente de la Asociación Benéfica del Cuerpo de Correos, habían sido enviados a varias estafetas de provincias», contaba ABC. El señor Tudela, en efecto, había mandado los décimos en participaciones de 5 y 10 pesetas a las localidades de Toro y Benavente (Zamora), Alagón (Zaragoza) y Dos Caminos (Bilbao).

«Hace dos días se presentó en las oficinas de la Asociación un señor solicitando con insistencia alguna participación del 55.666. Según afirmó tenía la corazonada de que resultaría premiado con el gordo, y había venido desde Málaga expresamente para adquirirlo. No logró su propósito, porque dicho número había sido ya remitido a las localidades mencionadas», podía leerse en la noticia. Y pesar de la incredulidad de todos los que allí escucharon su predicción, el número salió premiado con 15.000.000 de pesetas. Fue comprado en Madrid, pero que no favoreció a ningún madrileño, ni tampoco a nuestro malagueño soñador.

Décimos en la Lotería

La historia de la Lotería de Navidad está plagada de anécdotas como esta, donde la mala suerte es la protagonista. En 1949, el malagueño por lo menos no llegó a tener el décimo entre sus manos. Otros participantes, sí. Cada año no son pocos los premios que se reclaman sin el correspondiente boleto. La mayoría son porque lo han perdido, aunque también hay casos en los que el décimo se ha estropeado. Son unos 60 décimos por año los que sufren daños de este tipo. En el 90% de los casos, los décimos se han metido en lavadora con el consiguiente deterioro, aunque hasta la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre han llegado resguardos afectados por disolvente, acetona del pintauñas o destrozados entre la basura.

Rodrigo Zavaleta no perdió su décimo ni lo rompió. La mala suerte (o despiste) de este ganador se debió a que fue a cobrarlo después de la fecha límite establecida oficialmente. Encontró el décimo de Lotería de Navidad un día después. El anciano, de 85 años, sabía que le había tocado, pero no recordaba dónde lo había guardado. Y cuando dio con él, ya era tarde.

Otro ganador, de apellido Urroz, fue de los que metió el boleto en la lavadora junto a los pantalones. No es el único. En el Sorteo de Navidad de 2011, por ejemplo, se restauraron y peritaron 29 décimos de la Lotería de Navidad ganadores, otros 17 de la de El Niño y 16 más de otros sorteos que había sufrido daños y estaban irreconocibles. En algunos de estos casos, si se demuestra que el supuesto ganador ha comprado y perdido el décimo y nadie lo ha cobrado, recibirá el premio.

Por primera vez en muchos años

En la mala suerte de José Fernández en 2015 no intervinieron los sueños. Ocurría en la administración número 4 de Leganés, donde se agolpaban los ganadores con botellas de champán en las manos y sonrisas que no les cabían en la cara. En el momento de mayor alegría frente a la administración, ABC se percató de que uno de los loteros se apartaba de la algarabía general hacia una esquina, para consolar a un amigo íntimo, lejos de la atención de los focos.

Era Fernández, un pintor de 37 años que llevaba veinte años comprándole a su amigo el «décimo de los vecinos». Todos y cada uno... hasta éste, que no pudo. «He tenido una semana infernal con turnos de noche en el curro, saliendo muy cansado a las siete de la mañana, pensando todos los días que tenía que ir a por el número», explicaba. Durante la última semana, José se repetía cada mañana lo mismo: «Mañana me pasó». «Justo la noche del 5 de enero se me acabó el contrato y me quedé en paro. Terminé mi último turno ayer (por el lunes) por la mañana, como siempre, y no tenía el cuerpo como para esperar dos horas a que Gustavo abriera. Así que me fui a dormir, pensando de nuevo "por la tarde voy a pillarlo", pero esta vez no lo hice, por primera vez todos este tiempo». Su amigo el lotero no podía hacer nada, no se había quedado tampoco ningún décimo para él. «Muchos de mis amigos sí que lo compraron, claro, pero yo no. Me joroba mucho, porque me hacía mucha falta», lamentaba, antes de perderse, cabizbajo, entre la multitud pletórica... sin que nadie se fije en él.